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La arquitectura se define comúnmente
como el arte de proyectar y construir edificios o espacios para el
uso del hombre, siendo considerada «arte» desde el momento en que
conlleva una búsqueda estética. No obstante, las definiciones de
arquitectura son tantas como teóricos y arquitectos las han intentado.
Ya Vitruvio, en De Architectura (siglo I a.C.), señalaba
como características de la arquitectura la firmitas, o seguridad
a nivel técnico y constructivo, la utilitas, o función a que se destina,
y la venustas o belleza que posee. Por su parte, Leon Battista Alberti,
en De re aedificatoria (1450-1485), afirmaba que la arquitectura
consistía en la realización de una obra de manera que el movimiento de
los pesos o cargas y el conjunto de materiales elegidos, fuese útil al
servicio del hombre. En el siglo XIX, Eugène Viollet-le-Duc consideraba
que la arquitectura o arte de edificar constaba de dos partes igualmente
importantes: la teoría y la práctica. Mientras la teoría abarcaba el
arte, las reglas heredadas de la tradición y la ciencia que podía ser
demostrada por fórmulas invariables, la práctica era la perfecta
adecuación de la teoría a los materiales, al clima, a las necesidades
que se pretendía cubrir en cada caso. John Ruskin, el autor de Las siete
lámparas de la arquitectura (1849), especialmente preocupado por
cuestiones socioculturales y económicas, definía la arquitectura como el
arte de decorar y componer edificios cuya contemplación debía contribuir
a la salud, a la fuerza y al placer del espíritu humano. De una manera
más práctica y moderna, Sigfried Giedion definió la creación
arquitectónica como la correcta aplicación de los materiales y de los
principios económicos a la creación de espacios para el hombre. Dentro
de esta variedad de definiciones del hecho arquitectónico, sobre cuyas
interpretaciones más adelante nos extenderemos, no podemos dejar de
mencionar la existencia de otras basadas en el aspecto semántico de la
arquitectura. |
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BORROMINI
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Se deriva de estas definiciones que
la arquitectura presenta ciertas peculiaridades que la diferencian de
las demás artes. Un de ellas es la preponderancia de los aspectos
materiales y técnicos. técnica constructiva es aquella parte de
la arquitectura que se ocupa de la correcta utilización de los
materiales en función de sus cualidades y de su naturaleza, de modo que
cumplan satisfactoriamente las condiciones de solidez, aptitud y
belleza. Las tecnologías con que cuenta la arquitectura son diversas y
pueden darse solas o combinadas. Siguiendo a Alexandre Cirici, diremos
que existe la arquitectura de madera, así como la textil, la de tierra
cocida, la de piedra, la de ladrillo, la metálica, la del hormigón
armado y, finalmente, la que utiliza el plástico y la fibra de vidrio,
con las técnicas inherentes a cada una de ellas. a técnica constructiva
de una sociedad depende, entre otras cosas, del nivel tecnológico que
esa sociedad posea y de las necesidades que se pretendan cubrir en cada
caso y que son, obviamente, variables según las épocas y las culturas. |
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Teatro Olímpico
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Casa Feilner
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El aspecto funcional es otra de
las características diferenciadoras de la arquitectura. Que una
arquitectura debe servir para aquello para lo que ha sido creada es
evidente y será precisamente este aspecto funcional el que originará las
múltiples tipologías de edificios según su finalidad.
Sin embargo, la paradoja surge al comprobar que, a pesar de su
funcionalidad, que nos lleva a vivir en permanente contacto con ella, el
lenguaje de la arquitectura parece ser el más desconocido, el más lejano
para la mayoría de nosotros. La mayor dificultad radica en sus formas no
figurativas, en su abstracción. En este aspecto, el aprendizaje al que
nos ha sometido la pintura abstracta contemporánea resulta especialmente
importante, por cuanto nos ha hecho comprender el valor intrínseco de
las formas desnudas de significaciones figurativas. La arquitectura
posee pues un sentido comunicativo, en el que se mezclan factores
referenciales de todo tipo: religiosos, políticos, populares,
históricos, etc.
Pero aun conviniendo en que la arquitectura sea el arte de diseñar
y construir edificios, en que la preeminencia de los elementos
materiales y técnicos y los valores funcionales sean características
diferenciadoras, y en que posea un lenguaje formal abstracto susceptible
de ser interpretado, no es en estos rasgos donde se halla su esencia. El
elemento que verdaderamente caracteriza el fenómeno arquitectónico,
diferenciándolo de las demás artes, es el espacio. Espacio interior que,
definido por unos límites físicos —muros—, determina un volumen, al
tiempo que posibilita la función arquitectónica y el recorrido interior
del edificio. De es a posibilidad de un recorrido interior se desprende
un nuevo factor: el temporal, el del tiempo invertido en la realización
del mismo. |
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Sant'Ivo della Sapienza
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Centre Pompidou
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Escuela de Arte
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Estas características de la
arquitectura conllevan graves problemas de representación y esto
repercute, lógicamente, en el desconocimiento generalizado que se tiene
de ella. Si no puede decirse que se conoce un edificio hasta que se ha
experimentado su interior y analizado las relaciones de éste con el
exterior, es evidente que nuestra experiencia arquitectónica es
reducida. Las publicaciones sobre arquitectura utilizan planos de
plantas, cortes transversales y longitudinales, dibujos de fachadas,
perspectivas axonométricas, fotografías, etc., que, si bien constituyen
poderosos auxiliares y cada uno de ellos posee reconocidos valores,
resulta insuficientes para representar de manera satisfactoria el
espacio e intentar sustituir la múltiple experiencia personal del
edificio. Así, la planta de un edificio es una de las
informaciones más valiosas que podemos poseer para juzgarlo puesto que
además de permitirnos conocer su forma, nos comunica datos sobre el
sistema de cubrición utilizado, pero quedan muchas incógnitas. Los
cortes transversales y longitudinales nos proporcionan informaciones
parciales acerca de la distribución interior del edificio, pero siempre
de una manera fragmentaria, tal como ocurre con los dibujos de las
fachadas. Estas representaciones frontales únicamente pueden reproducir
dos magnitudes y no tienen posibilidad de representar de forma adecuada
las diferentes cualidades de los materiales, ni la diversa incidencia de
la luz sobre ellos, cualidades que fueron importantes para los
arquitectos que las construyeron y que la fotografía sí tiene la
potencionalidad de recoger.
Las perspectivas axonométricas, por su parte, enriquecen
nuestro conocimiento de la arquitectura sujeto de estudio al darnos una
visión volumétrica de la misma. Otros medios de representación
arquitectónica son las maquetas tridimensionales y el cine. Las maquetas
son útiles en cuanto que reflejan las relaciones volumétricas existentes
en el edificio, tanto en su interior como, en ocasiones, con el
exterior, pero engañosas respecto a la escala humana. El cine, por su
parte, puede suplir al ojo humano y sus recorridos, con múltiples puntos
de vista, en el interior del edificio. |
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