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FIGURA 2:
Nôtre-Dam-du-Hant
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FIG. 3: ASIMETRIA
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FIG. 4: CASA TASSEL
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- Las arquitecturas no clásicas construyen a partir de un
catálogo. Es decir, toman en consideración todas y cada una de
las soluciones posibles para cada elemento (ventanas, soportes,
cubiertas...) y eligen en cada ocasión la más idónea. Tratan los
elementos arquitectónicos como accidentes individuales sin
preocuparse por la igualdad ni por la simetría entre ellos,
remitiéndose únicamente a sus necesidades específicas. A título de
ejemplo, véase —a la izquierda— la iglesia de Nôtre-Dam-du-Hant.
FIGURA 2)
- A lo largo de la historia los lenguajes no clásicos han mostrado
una clara tendencia a la asimetría (Torre Einstein, de Erichi
Mendelson, de 1920, en Postdam,) frente a la rígida simetría del
lenguaje clásico (Palacio de Versalles, siglo XVII, Vresalles).
[FIGURA 3]
- Frente a la «bidimensionalidad» de los edificios del lenguaje
clásico, que por influencia de la perspectiva «quattrocentista»
parecen construidos para ser contemplados desde un exclusivo punto
de vista frontal, los edificios no clásicos apuestan
decididamente por la tridimensionalidad. Estos edificios buscan
los escorzos, las inclinaciones, se rechaza el culto al ángulo de
noventa grados (Casa Tasel, Bruselas, 1892-1893, de Victor Horta).
[FIGURA 4]
- Si los volúmenes del lenguaje clásico son bloques macizos,
rotundos, recordemos por ejemplo Santa María Novella
[FIGURA 5], los volúmenes en los edificios que no
utilizan el vocabulario clásico tienden a «descomponerse». Cada
parte del edificio, definido por su función, puede cobrar una cierta
independencia volumétrica, que se articula a posterior con las
demás. Es el caso del edificio de la Bauhaus, en Dessau, construido
por Walter Gropius en 1925, en el que los volúmenes correspondientes
a habitaciones, estudios, bibliotecas, etc. se articulan siguiendo
una directriz quebrada [FIGURA 6].
La descomposición puede referirse asimismo a la planimetría del
edificio, como ocurre en el Pabellón Alemán de la Exposición
Universal de Barcelona de 1929, obra de Mies van der Rohe
[FIGURA 7].
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