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Las Claves de la Arqui

V.- Síntesis y carazterización

         
 
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  IV. ESPACIO  
Síntesis, caracterización
Propuestas espaciales
A través del tiempo
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  GLOSARIO  

 

FIG. 1: SAN LORENZO DEL ESCORIAL

 

FIGURA 2: CASA RURAL IBICENCA

 

     Nos hemos referido anteriormente al concepto de espacio como elemento que caracteriza y diferencia la arquitectura de las demás artes plásticas. Este hecho es evidente desde el momento en que convenimos en que la arquitectura, al margen de consideraciones sobre sus valores estéticos o su significado, es ante todo un lugar en el que los humanos desarrollamos parte de nuestra de actividad. La función primera de un edificio, servir para aquello para lo que ha sido creado, depende de la existencia de un espacio interior que posibilite esa función. Para que el espacio pueda ser percibido, para que pueda manifestarse, necesita unos límites físicos que lo definan, que lo delimiten. Entraríamos en el campo de los elementos formales, a cuyas características materiales y estilísticas, que deberán ser consideradas en el análisis arquitectónico totalizador, ya nos hemos referido.
     El espacio interior conlleva dos hechos: por una parte su lógica repercusión en el espacio exterior, al que afecta al crear un volumen que lo ocupa, y, por otra, la posibilidad de un recorrido dentro del edificio, recorrido que implica un vacío y una dimensión temporal.
     El volumen, aun siendo siempre una manifestación externa de la existencia de un espacio interior, no siempre se ajusta a su forma real, a su verdadera dimensión. Diríamos que un volumen es sincero con relación al espacio que contiene cuando lo refleja fielmente. Fernando Chueca Goitia encontró la en la teoría de la sinceridad de volúmenes uno de los denominados invariantes castizos de la arquitectura española, arquitectura que hereda las tradiciones constructoras mediterráneas e islámicas caracterizadas por este mismo fenómeno [FIGURA 1].
     A lo largo de la historia de la arquitectura podemos rastrear la presencia de volúmenes sinceros e insinceros. La arquitectura popular es especialmente sensible en este aspecto: recordemos la arquitectura rural ibicenca, formada por cuerpos prismáticos o maclas, adosados o superpuestos, sincero reflejo de los espacios cúbicos que contienen [FIGURA 2]. Son asimismo particularmente sinceras las arquitecturas románica y renacentista, así como las arquitecturas del hierro, entre otras, mientras que las barrocas, las modernistas, etc. serían claros modelos de volúmenes arquitectónicos insinceros. A través de los espacios interiores de un edificio pueden transmitirse mensajes de contenido diverso: tal es el caso de las iglesias medievales en forma de cruz latina, símbolo de la pasión de Cristo, o de la sucesión interminable de salones en los palacios barrocos destinados a magnificar el poder de las monarquías absolutas europeas.
     El recorrido o experimentación directa del espacio interior de un edificio es una vivencia insustituible. Nos proporciona un perfecto conocimiento del espacio desde múltiples puntos de vista, que vienen dados por el movimiento. El recorrido conlleva una dimensión temporal, la del tiempo invertido en él. Ya vimos al comienzo de estas páginas cómo ningún medio de reproducción —dibujo, fotografía, cine, etc.— puede aportar la experiencia directa del espacio ni su temporalidad.
     Así pues, el espacio es el elemento que caracteriza la arquitectura, a la vez que sintetiza todos aquellos factores —materiales, formales y compositivos— que los definen y le dan entidad.

 

 

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