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I. Introducción: los orígenes del Islam
 
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I. Introducción
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Mahoma
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Mahoma
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Gabriel
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EL MENSAJE DE MAHOMA

 
     Para captar los resortes que animan la arquitectura musulmana árabe, hay que estudiar el propósito de Mahoma y su obra profética que funda la tercera religión monoteísta procedente de Abrahán, «el amigo de Dios». Mahoma nace en La Meca, rica ciudad de caravanas del Hedjaz, cerca del mar Rojo y del puerto de Gidda, en el 570 de nuestra era. Tuvo una infancia desdichada: pierde a su padre a los dos años y a su madre a los ocho. El pequeño huérfano es criado, según la tradición árabe, por su tío. Durante años, se dedica a conducir caravanas de La Meca a través de los desiertos llegando hasta Siria. Es aquí donde encuentra a un monje cristiano que al parecer le inicia en los Evangelios. Se une también a unos judíos, con quienes comparte la herencia semítica del Pentateuco.
     A la edad de veinticinco años, Mahoma se casa con una rica viuda, quince años mayor que él, de la que tendrá varios hijos, de los cuáles sólo una hija, llamada Fátima, sobrevivirá, y se casará con Ali, primo hermano de Mahoma. Hacia el 610, Mahoma, con cuarenta años, siente por primera vez que el arcángel Gabriel se dirige a él y le transmite la llamada de Dios, mandándole «recitar en el nombre de Alá»; de ahí el término Corán (quran) que significa «recitación». Su predicación empieza en La Meca, donde se prolonga a lo largo de una docena de años, y suele ser acogida con burlas por los ricos mercaderes que se niegan a creer en la revelación profética de aquel cuya obra se sitúa en la línea de los escritos de la Torá y del Nuevo Testamento. Porque Mahoma menciona explícitamente en el Corán los personajes de Abrahán y de Ismael, pero también de Adán, de Noé, de Moisés, de Lot, así como de José, de Jesús y de María. No excluye por tanto en absoluto la herencia cristiana, así como no rechaza la de los judíos.
     Ante la amenaza de los comerciantes de la Meca que se inquietan al ver que Mahoma hace adeptos, el Profeta decide alejarse de su ciudad natal. Emigra con un pequeño grupo de creyentes hacia el oasis de Yathrib, que se llamará a partir de entonces Médinat al Nebi (la «ciudad del Profeta»), o más sencillamente Medina. La fecha de esta huida, calificada de «expatriación», se sitúa en el 622 d. C.: es la que marca el comienzo de la hégira (hidyra o «emigración»), que funda la era islámica.
     A la cabeza de su pequeña comunidad, Mahoma dirige el oasis que forma el primer «Estado» musulmán. Como jefe político y religioso, pasa diez años en Medina, profundizando en sus revelaciones que se expresan en una lengua de un elevado lirismo. Así es como perpetúa la cultura árabe preislámica cuya herencia literaria constituía una original aportación. Y Mahoma, en los suras (capítulos) del Corán, confiere a la lengua árabe una verdadera perfección clásica.
     El «gobierno» del Profeta, sea cual fuere la importancia de la misión de su jefe, no descuida las realidades de la vida diaria. Mahoma da pruebas de energía y diplomacia en el manejo de los negocios. Organiza incluso el djihad o guerra santa con habilidad, llevando a cabo razias y cortando el tráfico de las caravanas hacia La Meca, su patria, a la que está decidido a volver como vencedor.
     La estancia en Medina permite a Mahoma sentar las bases de la religión que predica y conferirle su organización específica. Construye así la primera mezquita en su propia casa. En un principio la oración se hace mirando hacia Jerusalén. Mahoma demuestra con esto que no ha venido a romper con el símbolo que para judíos y cristianos representa la Ciudad Santa. La solución que adopta, en el aspecto arquitectónico, se inspira en las sinagogas, en particular, en la de Dura-Europos, cerca del Éufrates.
     Pero la ruptura con el judaísmo se produce en el 624, cuando los representantes de la diáspora, que eran numerosos en Hedjaz, constatan muchas incompatibilidades entre los escritos de la Tora y la revelación del Profeta, al que a partir de ese momento niegan el papel de enviado de Dios. El antagonismo es tan fuerte que Mahoma expulsa a los judíos de Medina, llegando incluso a ordenar la matanza de algunos miembros de su comunidad. En consecuencia, el Profeta decide en el 630 que durante la plegaria ya no mirarán hacia Jerusalén, sino hacia el santuario de la Kaaba, en La Meca.
     Mahoma quiso inscribir ciertamente su religión dentro de la continuidad del mensaje de Cristo. Pero consideraba a Jesús como un profeta igual que él, no le reconocía como Hijo de Dios. A partir de entonces, se encuentra con el rechazo de los cristianos. Por tanto se ve obligado a afirmar claramente la originalidad del camino que él instaura.
     Seis años después de la hégira, en el 628, Mahoma decide iniciar una peregrinación a La Meca. Mediante el rito de circunvalación alrededor de la Kaaba, espera poner fin a la oposición guerrera que le hacen los mercaderes de La Meca. Las tropas que defienden la ciudad se oponen a su entrada. Tras algunas negociaciones, se establece un acuerdo por el cual, a partir del año siguiente, los musulmanes podrán hacer su peregrinación durante una tregua. Así pues, en el 629, Mahoma vuelve a La Meca y constata que muchas personas están ya de su lado. Un año después, más fuerte gracias a los apoyos con los que puede contar, entra como triunfador en la ciudad, a la que ocupa militarmente.
     Para afirmar su mensaje, hace pedazos los ídolos del templo, a excepción de la Piedra Negra, la Kaaba, de la que conserva el culto ancestral que se remontaba a Abrahán y a su hijo Ismael, ancestros comunes de los Judíos y los árabes. A partir de ahora, la Kaaba se convierte en el santuario sagrado hacia el que miran todas las mezquitas del Islam. Después Mahoma vuelve a Medina, donde muere en el 632, tras haber declarado solemnemente la conclusión de su predicación.
     Con el Corán, el Profeta aporta una ley completa —divina y humana— que está formada tanto por prescripciones rituales relativas a la oración y a la peregrinación como por disposiciones jurídicas, cosmológicas y escatológicas. Dotando a su pueblo de un sistema convincente que pone fin a los antagonismos entre tribus, Mahoma inspira a los árabes y les da un objetivo común: adherirse al djihad (guerra santa), concebida como una obligación colectiva y un camino hacia la salvación individual. Gracias a este ímpetu espiritual, los escuadrones surgidos del desierto llegarán a derribar los grandes imperios que conquistarán en nombre del Islam, término que en árabe significa «sumisión a Dios».
   
 
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