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UNOS COMIENZOS MODESTOS |
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Las primeras manifestaciones, todavía modestas, de
la construcción musulmana aparecieron ya en vida del Profeta. Se trata de
unas transformaciones que Mahoma hace en su propia vivienda para adaptarla a
las necesidades del culto por él instaurado. Ciertamente, hablar aquí de
«arquitectura» sería exagerado, ya que nos encontramos en una comunidad
árabe donde se mezclan los sedentarios y los seminómadas. Se recurre —para
personas y animales— a simples refugios hechos con argamasa de barro y paja,
formados por tierra batida y cubiertas de palmas. Sin embargo, estas
primeras construcciones van a marcar las opciones fundamentales que regirán
en la arquitectura árabe clásica. Tenemos que remitirnos a los trabajos de Sauvaget para imaginarnos esta primera casa-mezquita levantada por Mahoma en Medina. Los autores árabes comentan que la casa del Profeta [FIG. 1] estaba formada al este por una serie de habitaciones que daban a un patio cuadrado que medía unos 100 codos, es decir, 50 m de lado, con aproximadamente 2500 m2. La casa estaba cercada por una tapia. Estas grandes dimensiones proceden de la costumbre que tenían los camelleros de encerrar sus animales en un vallado durante la noche. Cuando fue adaptada como lugar de oración, para los primeros seguidores de Mahoma, a este patio se le añadió un cobertizo a lo largo de la parte norte de la tapia. Su techo de palmas estaba soportado por dos filas de troncos de palmeras que formaban una especie de pórtico primitivo. Esta zona cubierta ofrecía sombra a quienes iban a escuchar las palabras del Profeta en el haram o sala de oración de esta primera mezquita. La marquesina, ancha y tosca, flanqueaba el muro perpendicularmente orientado hacia Jerusalén, muro que marca la dirección de la plegaria y que lleva el nombre de kibla. Indica, en efecto a los fieles, el punto hacia el cual tienen que dirigir sus prosternaciones rituales. Tras la ruptura con las comunidades judías del Hedjaz y la entrada de Mahoma en La Meca, esta orientación hacia Jerusalén será sustituida, en el 630, como hemos dicho, por la prosternación en dirección a la Kaaba. Resulta que Medina está situada aproximadamente sobre la línea imaginaria que une Jerusalén con La Meca. Por tanto bastaba, para satisfacer la nueva orientación, construir, al lado sur del patio, un segundo pórtico con cubierta de palmas. Como la pequeña comunidad musulmana había aumentado considerablemente, este nuevo pórtico estaba formado por una marquesina más, soportada por tres filas de troncos de palmeras, que hacían de columnas. El edificio presentaba así, tanto al norte como al sur del patio, una estructura cubierta. Estos dos pórticos con techos de palmas tenían unas proporciones más anchas que largas, es decir, oblongas. De modo que la mezquita del Profeta, si bien rudimentaria, poseía desde el principio las características de un espacio islámico, en contraste con las alargadas naves de las iglesias bizantinas. Estos espacios hipóstilos, cuyas «fachadas» sobre el patio tienen grandes aberturas, prefiguran la forma que tendrán posteriormente las grandes mezquitas con columnas de la época de los Omeyas. Contra el muro de la kibla se encontraba, además, una especie de púlpito de madera, elevado sobre unos cuantos peldaños, en el que Mahoma se sentaba para dirigirse a sus fieles: es el primer minbar, cuya función será capital en todas las mezquitas. |
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