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Si las características de la planta de esta primera
mezquita-patio, sala oblonga, pórticos, etc. eran indispensables para la
arquitectura clásica del mundo árabe, se debe a que correspondían a unos
conceptos espaciales pertenecientes a las culturas árabosemíticas. ¿Cuáles
eran los arquetipos a los que se sujetaba esta obra de Mahoma, en su casa de
Medina? Empezaremos por citar, en la época preislámica, un ejemplo
elocuente: el antiguo templo de Huqqa en el Sur de Arabia [FIG.
1], que data del
siglo II a. C. Ya tiene forma de patio cuadrado, con pórticos de columnas y
sala de oración oblonga.
Pero existe otro «prototipo» más notable todavía: la
segunda sinagoga de Dura Europos, que data del siglo III de nuestra era [FIG
2]. Al
fondo de un pequeño patio bordeado en tres de sus lados por un pórtico con
columnas de mampostería se abre una sala oblonga. En el santuario, hay un
banco de piedra a lo largo de la base de los muros. La pared que ocupa el
fondo de la sinagoga de Dura Europos ofrece una disposición análoga a la
kibla de la mezquita de Medina, con un púlpito en mampostería. Desde lo
alto de los peldaños, el oficiante se dirigía a los fieles presentes en la
sala. De modo que este púlpito anuncia el minbar de la mezquita del
Profeta. Además, la sinagoga de Doura Europos tiene, a la izquierda del
púlpito, una hornacina de medio punto destinada a la Torá, el libro sagrado.
Esta hornacina evoca el mihrab de las mezquitas. Paradójicamente, la
primera sala de oración de Medina no estaba provista de este elemento
fundamental que caracterizará a todas las futuras mezquitas.
¿Por qué no está el mihrab en la casa del
Profeta? ¿Cuándo aparece este elemento arquitectónico esencial en el mundo
islámico? Éstas son las preguntas que surgen del estudio de estos
antecedentes históricos.
La aparición del mihrab
Es muy probable que el mihrab [FIG.
3] proceda, en un
principio, del «prototipo» que representaba la hornacina para la Torá de la
sinagoga. Pero se inspira también en el ábside de las iglesias cristianas,
fórmula cuya presencia anticipada se encuentra en particular en las capillas
coptas de Bauît, en Egipto. La hornacina, como el ábside, proceden del
antiguo baldaquín que dominaba tanto la estatua del dios como el trono del
soberano divinizado. Se trata de un símbolo divino. En el caso de la
hornacina de la Torá, esta construcción demuestra el respeto que los judíos
tienen por la Sagrada Escritura. Entre los cristianos, el símbolo del ábside
se combina con el arco triunfal que domina el altar, y encuentra su máxima
expresión en el ciborium del sagrario donde se manifiesta la
presencia de Dios.
¿Cuál es el significado semiológico del mihrab entre los musulmanes? La interpretación de este elemento arquitectónico
divide a los especialistas del Islam. Para algunos (Papadopoulo, Sauvaget,
etc.), procede de la antigua hornacina con estatua, y representa la «forma
que simboliza la presencia física de Mahoma en su casa». Esta
interpretación, demasiado influenciada por la Antigüedad clásica, no parece
aplicarse al contexto de un pueblo árabo-semítico que ha condenado el «culto
a las imágenes», y en el que la prohibición de toda escultura exenta se
remonta al Decálogo. Porque el mihrab de la mezquita no es el signo
de un culto rendido a Mahoma, quien no puede de ninguna manera ser igualado
a Dios; la función del lugar de oración consiste, por el contrario, en
ofrecer un marco para la prosternación ante Alá. Según esta explicación, la
función del mihrab es esencialmente la de indicar la dirección en la
que hay que hacer estas manifestaciones de veneración. Por tanto es
preferible ver en el mihrab una especie de puerta simbólica que
conduce a un más allá hacia el que ascienden las plegarias. Abriéndose sobre
el universo divino, este vano es una representación concreta de las
aspiraciones humanas hacia la divinidad; invita a la meditación; inicia en
la espiritualidad. Ofrezco como prueba el ejemplo de un pequeño mihrab
del siglo XII procedente de Mosul (en el Museo de Bagdad) que presenta
la imagen, al fondo de la hornacina, de una pequeña puerta ligeramente
entornada. Una interpretación así es bien distinta al deseo de «señalar el
sitio donde se encontraba el Profeta». Hacía del mihrab un símbolo de
lo absoluto, una afirmación de lo divino dentro de este mundo. Y como
polarizados hacia la kaaba, todos los mihrabs convergen hacia un
mismo objeto inmaterial, situado en la eternidad de Dios.
Respecto a saber por qué la primera mezquita, adaptada
por el Profeta en su casa de Medina, no tenía aún —al parecer— esta
hornacina como connotación altamente espiritual, la pregunta sigue en pie.
Las dudas entre la orientación hacia Jerusalén o hacia La Meca puede que no
sean ajenas a ello.
A comienzos del siglo VIII, en el lugar donde estaba la
casa de Mahoma, los Omeyas elevarán en Medina una gran Mezquita. Duplicarán
las dimensiones de la construcción inicial, pero conservando sus primeras
disposiciones, con su patio y sus pórticos hipóstilos, donde se colocarán
las tumbas del Profeta y de sus dos sucesores. Es con la kibla de
esta venerable sala de oración cuando aparece el primer mihrab, «la
mayor innovación de esta mezquita de Medina», según Papadopoulo. Pero esta
hornacina sagrada que se inscribe dentro del muro sur del edificio de los
Omeyas sólo es inédita en el contexto musulmán, porque este símbolo
arquitectónico, como ya hemos dicho, estaba presente tanto en las sinagogas
como en las iglesias cristianas. Su significado, asociado a las nociones de
veneración y divinidad, lo único que hacía era adaptarse al contenido
específico de cada una de las religiones con Escritura.
A partir de ahora, la mezquita posee sus elementos
principales, con su patio, su sala oblonga, su kibla, su minbar y su mihrab que indica la orientación hacia la kaaba, a los que
vendrá a añadirse el minarete destinado a la llamada a la oración que
salmodió, por primera vez, el etíope Bilal. La arquitectura islámica árabe
puede empezar su desarrollo y crear sus primeras obras maestras. |