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EVOLUCION HACIA LA FASTUOSIDAD |
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Antes de tomar en consideración las obras mayores,
hay que subrayar lo improvisadas que fueron las primeras obras del Islam;
porque los Árabes del siglo VII no son todavía constructores. Las mezquitas
de campaña, destinadas a las tropas victoriosas y a los nuevos adeptos,
fueron unas construcciones rudimentarias edificadas en los territorios
sometidos. A menudo la dirección de la prosternación es indicada simplemente
por una lanza clavada en el suelo. Se trata, en general, de un recinto de
tierra batida o apisonada, o bien de un foso en lugar de un muro, para
evitar que los animales domésticos pisen el espacio consagrado. Es el caso,
en particular, de la primera mezquita de Kufa, que data del 638, y de la que
nos han llegado algunas descripciones gracias a los historiadores árabes
al-Baladhouri (m. en el 892) y al-Tabari (839-923). Las salas hipóstilas
sólo están hechas con columnas y vigas tomadas de los monumentos antiguos:
templos, iglesias o edificios de los emires gasánidas y lamidas. A pesar del aspecto «chapucero» y provisional que tienen las mezquitas introducidas por los ejércitos árabes, la difusión de las construcciones de culto es rápida y eficaz: cada ciudad, cada barrio posee su lugar de recogimiento (djami), donde la comunidad musulmana se reúne para la oración del viernes. Es allí donde el imam, jefe político, militar y religioso, se dirige a las muchedumbres desde lo alto del minbar. A los ojos de las poblaciones conquistadas, el aspecto desgastado de estas mezquitas es con frecuencia motivo de burlas. Comparadas con las grandes construcciones de los basileïs y la fastuosa de la Iglesia bizantina, estos lugares de culto islámico parecen ridículos a los no-musulmanes. Por ejemplo, el obispo galo Arculf que visita Jerusalén en el 670 —menos de cincuenta años después de la hégira— comenta que los Árabes han levantado en la explanada del Templo «un edificio construido de manera tosca con la ayuda de grandes maderos puestos sobre unas ruinas». Ahora bien, está hablando aquí de la primera mezquita levantada en uno de los lugares más prestigiosos del Islam, puesto que el Corán hace de él el punto de partida del célebre «viaje nocturno» del Profeta [FIG. 1]. |
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