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II.- La Cúpula de la Roca en Jerusalén
 
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Figura 1
Cúpula de la Roca
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Figura 2
Deambulatorio
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Figura 3
Pórtico interno
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Figura 4
Cúpula
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Figura 5
Mandala
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UNA MARAVILLA GEOMETRICA

 
     La Cúpula de la Roca, o Qoubbat al-Sakhra, domina desde su mole la explanada del Templo, o Haram al-Sharif. Este edificio de planta central [FIG. 1], de forma octogonal, mide 54 m de diámetro y su cúpula culmina a los 36 m de altura. Las caras del octógono, que están frente a los puntos cardinales, están provistas de puertas en proyección. La más importante, situada al sur, está precedida por una marquesina soportada por ocho columnas pareadas dispuestas en dos filas a cada lado de la entrada. Dominando la roca sagrada, la cúpula sobre tambor alza su elevada silueta a modo de arco de herradura.
     En el interior, se descubre un doble deambulatorio destinado al ritual de la circunvalación [FIG. 2]. Estos espacios anulares están bordeados de pórticos concéntricos: el más grande es octogonal y corre paralelo a los muros del edificio. Está formado por veinticuatro arcos. Sobre cada cara del octógono se alternan dos columnas entre los pilares esquinados. Este pórtico totaliza por tanto ocho pilares y dieciséis columnas.
     Respecto al pórtico interno [FIG. 3], que es circular, sólo cuenta con cuatro pilares entre los que tres columnas soportan cuatro arcos por cada lado. Cuenta por tanto con doce fustes que, junto con los pilares, sostienen dieciséis arcos dispuestos alrededor de la roca sagrada. Por encima de esta arcada se eleva el alto tambor cilíndrico sobre el que descansa la cúpula [FIG. 4].
     Numerosos autores han estudiado esta extraordinaria estructura hecha de elementos circulares y octogonales, de espacios redondos y anulares, de alternancias entre pilares y columnas. Entre ellos, Creswell y Michel Écochard han analizado las fórmulas geométricas que forman parte de la composición de esta planta central exquisitamente elaborada. Han constatado que la disposición de las arcadas concéntricas procedía de un trazado basado en un círculo externo de 26,87 m de radio, o sea, 53,74 m de diámetro, dentro del cual se inscriben dos cuadrados puestos en ángulos de 45º el uno del otro. Los puntos de intersección de estos dos cuadrados determinan un círculo interior de 20,56 m de radio, o sea, 41,12 m de diámetro, que delimita la arcada octogonal. Juntándose entre sí —vertical y horizontalmente— los ocho puntos de intersección de los dos cuadrados entrelazados obtienen nuevas intersecciones describiendo un círculo que se confunde con el trazado de la arcada interior que tiene un radio de 11,13 m, o sea un diámetro de 22,26 m. Del círculo fundamental externo se desprenden por tanto, lógicamente, dos círculos más pequeños que dominan toda la construcción.
     Dichas estructuras geométricas, cuya planta se deduce naturalmente de un tema único, son usuales en el mundo antiguo así como en Bizancio: Écochard ha demostrado que se encuentra la misma composición y un círculo externo del mismo diámetro en San Vital de Rávena (540), y que la iglesia de la Ascensión en Jerusalén (378) descansaba sobre un octógono idéntico al de la Cúpula de la Roca. Parece ser que un esquema análogo ha producido el octógono de Qalat Siman (476), martyrium de San Simeón el Estilita al Norte de Siria. Se reconocía por tanto la concepción romano-bizantina en este recurso a la geometría que ilustra aquí la primera gran construcción del Islam.
     Los autores antiguos y modernos aprecian unánimemente la armonía, el equilibrio y la perfección del espacio y de los volúmenes de la Cúpula de la Roca. Su trazado, verdadero receptáculo del esoterismo matemático antiguo, responde a la idea de los filósofos griegos según la cual los números y los cuerpos geométricos simples constituyen una forma de conocimiento de la realidad. Según las teorías de los platónicos y de los pitagóricos, estos conceptos matemáticos son representaciones simbólicas del mundo ideal —inmutable y perfecto— del más allá. El microcosmos de la arquitectura es llamado así a interpretar las leyes del macrocosmos. El edificio permite por tanto expresar el misterio del mundo. Esta concepción gnóstica que la Antigüedad lega al Islam abre la puerta a toda una semiología que justifica una «lectura» en profundidad de la arquitectura.
     En la Cúpula de la Roca, la simbología reside en el paso del cuadrado al círculo, es decir, de la tierra al cielo, mediante el octógono: estamos ante una especie de mandala [FIG. 5]. El peregrino hace aquí la experiencia, mediante la circunvalación, de la cuadratura del círculo, de la unión del cuerpo y del alma.
     Sobre un tambor cilíndrico que emerge del octógono se alza la altiva cúpula recubierta de cobre, con la plancha enteramente dorada. Esta cúpula se hizo mediante dos estructuras de madera encajadas la una dentro de la otra. El cascarón externo, casi a modo de arco de herradura realzado, contiene otro cascarón interno rigurosamente hemisférico. Hay que señalar que la utilización de una cúpula de madera, en lugar de una construcción de piedra, procede de la tradición de los constructores sirios. En efecto, probablemente hubo una cubierta de madera tanto en Qalat Siman como en la catedral de Bosra (515). Estas soluciones permiten crear estructuras de una gran ligereza para cubrir espacios relativamente grandes.
   
 
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