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LA DECORACION CON MOSAICOS |
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Respecto a la suntuosa decoración de la Cúpula de
la Roca, evoca el lenguaje ornamental bizantino. Si el exterior del octógono
ha sido enteramente renovado en la época otomana mediante azulejos
policromados en los que predomina el azul, el alto plinto de mármol con
motivos geométricos que subsiste en la base de los muros deriva de las
fórmulas en uso para los antiguos revestimientos y losas [FIG.
1]. En el interior,
todo expresa la fastuosidad bizantina: las columnas de mármol policromado
dispuestas sobre bases cúbicas, los capiteles corintios dorados, cubiertos
de dados, la moldura de los arquitrabes con reminiscencias de la antigüedad
y sobre todo los suntuosos mosaicos con pámpanos y ramajes sobre fondo de
oro, que cubren paredes y arcadas. Sin embargo, no hay más que composiciones
florales, con sus fuentes de inmortalidad de las que brotan follajes
entrelazados [FIG. 2] [FIG. 3] [FIG. 4]. Este revestimiento de teselas evoca la magnificencia de las iglesias de Constantinopla o de Rávena. Pero en la Cúpula de la Roca, se limita a los motivos vegetales, excluyendo toda figura humana. Ibn Battuta, evocando este monumento, se reconoce «incapaz de describir un trabajo tan hermoso». Paradójicamente, la primera obra maestra de la arquitectura de los califas no es una mezquita, sino una especie de martyrium, un edificio conmemorativo que exalta la roca consagrada por el sacrificio de Abrahán y por el «viaje nocturno» de Mahoma. La construcción no está orientada, sino que, por el contrario, constituye el centro del espacio consagrado, con sus cuatro puertas correspondientes a los cuatro puntos cardinales. Sólo remite a sí misma: su estructura es rigurosamente centrípeta. No olvidemos que, en el espíritu de su creador, el califa Abd al-Malik, la Cúpula de la Roca tenía que convertirse en el verdadero centro del mundo islámico. Su función era la de arrebatar a la Kaaba su papel preeminente. Tenía además la insigne misión de subrayar la convergencia entre las tres religiones basadas en el Pentateuco [FIG. 5] A este respecto, observaremos que la Cúpula de la Roca evoca el primer Santo Sepulcro de Jerusalén (335), del que no está lejos. Existe una analogía intencionada entre estos dos edificios: tanto el uno como el otro obedecen a una planta central con doble deambulatorio, dominada por una cúpula que mide, tanto aquí como allí, 20,40 m de diámetro interno. Ambos albergan una roca sagrada bajo la cual se abre una gruta. Tanto en la una como en la otra, se observa la marca de un pie —el de Jesús que resucita, y el del «enviado de Alá durante su elevación a los cielos»—. Esta convergencia de formas y funciones no puede ser casual. Se basa en una clara voluntad por parte del califa Abd al-Malik de asumir la sucesión de la religión cristiana en los lugares santificados por Abrahán. |
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