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GENESIS DEL EDIFICIO |
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Por tanto hay que buscar el origen de donde procede
la impresión tan «bizantina» de esta obra damascena. Esto implica una breve
exposición histórica. Hemos recordado el antiguo temenos: en el siglo
I, Damasco albergaba un célebre templo consagrado a Júpiter. Fue durante la
construcción de este santuario romano cuando se edifica la explanada sobre
la que iba a levantarse el edificio. En el siglo IV, bajo el reinado de
Teodosio (379-395), tras la cristianización del Imperio y la oficialidad de
la Iglesia, el templo de Júpiter Damasceno fue reemplazado por una gran
basílica consagrada a san Juan Bautista. A raíz de la conquista islámica, en
el 635, el temenos habría sido compartido entre cristianos y
musulmanes: según los cronistas árabes, cada uno practicaba allí sus propios
ritos. Parece ser que era frecuente, en los comienzos del Islam, que las
iglesias fueran utilizadas alternativamente por ambas comunidades. Hacia el 664, los Árabes, después de convertir Damasco en la capital del imperio de los Omeyas, exigen disponer de todo el espacio que incluye el temenos. Dejan de utilizar la iglesia, al lado de la cual tal vez hayan edificado un primer kibla de modestas proporciones, donde se hallaba el mihrab llamado «de los Compañeros del Profeta». Los autores árabes que evocan el reinado de al-Walid son unánimes en afirmar que el califa hizo demoler la basílica de San Juan Bautista a fin de construir su Gran Mezquita. Ante informaciones tan concordantes, se puede admitir que la mezquita de los Omeyas que vemos hoy es la antigua iglesia de San Juan Bautista, que habría sido adaptada a la oración musulmana. Además, Creswell tiene razón: ninguna basílica bizantina presenta las proporciones ni la situación excéntrica de la pretendida iglesia que al-Walid habría transformado en mezquita. ¿Cómo conciliar estos hechos con la impresión profundamente bizantina que se tiene en esta sala de oración? |
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