|
|
![]() |
|
|
UNA HIPOTESIS MUY CONCRETA |
||||||||||||||||
|
A fin de eliminar estas contradicciones, propongo
una hipótesis muy concreta. Para reconstruir la génesis de la Gran Mezquita,
hay que considerar: primero, que el califa al-Walid hizo derribar el
edificio bizantino, y, segundo, que mandó edificar una nueva construcción.
Por otra parte, es evidente que no se puede negar la impresión que suscita
este edificio musulmán: evoca sin lugar a dudas una iglesia de «estilo»
bizantino. Estas suposiciones ya no se contradicen si admitimos la costumbre generalizada de utilizar materiales ya existentes. Me explicaré: la práctica corriente, entre los arquitectos de los primeros siglos del Islam, consistió en utilizar de forma masiva materiales ya existentes para edificar sus mezquitas. Hallamos esta particularidad en Kufa, en El Cairo con la mezquita Amr ibn el-Ass, en Kairuán, en Córdoba, etc.; en una palabra, allí donde las salas hipóstilas están construidas con la ayuda de columnas antiguas. En Damasco ocurrió lo mismo, pero en mayor escala. Según mi hipótesis, el califa al-Walid hizo derribar con mucho cuidado la iglesia bizantina de San Juan Bautista. Puso especial interés en las grandes columnatas, con sus arcadas a dos niveles, que decidió volver a utilizar —cambiándolas de posición— para colocarlas en el interior de la mezquita que deseaba edificar en el lado sur del temenos. Para admitir esta idea, hay que imaginar el aspecto de la iglesia bizantina que Teodosio construyó en la plaza del templo de Júpiter Damasceno. Esta basílica se elevaba en el centro del temenos romano. (Aunque este detalle no tenga incidencia en mi hipótesis, yo indicaría que el temenos estaba formado por dos entradas: la entrada principal al este, y un acceso secundario al oeste; obedeciendo a la tradición cristiana, la basílica, rodeada por un gran períbolo, estaba orientada al este; era por tanto el presbiterio de la iglesia el que daba a la entrada principal). Ahora bien, esta iglesia dedicada a San Juan Bautista, uno de los principales personajes contemporáneos de Cristo, se contaba entre las basílicas más grandes del mundo cristiano. Debía de tener —como San Pedro en Roma, como la Natividad en Belén, o como la iglesia de la Resurrección en Jerusalén— cinco naves. Sus proporciones de anchura/longitud no debían de ser más de uno por uno y medio, según una costumbre observada en todo tipo de edificios. Las cinco naves eran el resultado de cuatro grandes arcadas (con dos niveles de arcos) que soportaban un tejado a dos aguas con vigas visibles [FIG. 1]. Así concebido, el edificio, con su ábside, debía de medir 65 m de largo y entre 40 y 45 m de ancho (San Pedro en Roma alcanza una anchura de 65 m). Es probable que los cuatro pórticos de la basílica estuvieran formados cada uno (como hoy los pórticos internos de la mezquita) por diez columnas y once arcos grandes de un alcance de 4,8 m. A los ojos de los constructores de al-Walid, es evidente que estas cuarenta columnas monolíticas, con más de 6 m de altura, con sus soberbios capiteles corintios y sus arcos con claves, así como el segundo nivel de arcadas más pequeñas, que reposaban a su vez sobre veintiuna columnas pequeñas, representaban una estructura preciosa. También decidieron volver a utilizar este material. Se puede admitir por tanto que los arquitectos del califa procedieron a un desmontaje metódico y cuidadoso; tanto las columnas como los capiteles (¡que, por otro lado, procedían probablemente del templo de Júpiter Damasceno y habían sido ya utilizados de nuevo por los Bizantinos!) y los hermosos arcos, fueron objeto de una verdadera «anastilosis» anticipada. El trabajo consistió en levantar esos elementos arquitectónicos en la zona sur de la antigua explanada y asignarles una nueva función. Los constructores de la Gran Mezquita de Damasco por tanto se limitaron a darle otra distribución a ese material: al sur del temenos situaron, a cada lado de la nave central, un par de arcadas paralelas a la kibla. Sobre estas estructuras —donde las arcadas que habían determinado las naves de la iglesia separaban ahora los intercolumnios de la mezquita— retomaron la cubierta de madera con vigas visibles de los Bizantinos [FIG. 2]. Se comprende ahora por qué el interior de la mezquita de Damasco evoca el arte bizantino: los mismos elementos portantes son utilizados aquí como allí. Ciertamente, será difícil aportar una prueba arqueológica de esta operación por la cual se han vuelto a utilizar los materiales a gran escala, lo que explica la génesis de la Gran Mezquita de los Omeyas. Habría que hacer serias excavaciones debajo del patio. Además, no hay que olvidar que el terrible siniestro de 1893 obligó a reconstruir una gran parte de la sala de oración, incluidas las arcadas y la cúpula central... A propósito de esta cúpula, parece ser que, en su origen, fue construida según una tradición sólidamente confirmada en Siria, en madera, como la de al-Aksa o la de la cúpula de la Roca en Jerusalén. En Damasco ha habido, por tanto, demolición y reconstrucción. Pero hay que subrayar el respeto que los constructores del califa han tenido al desmontar la vieja iglesia bizantina piedra a piedra. Este cuidado se explica por un hecho que merece ser recordado: en efecto, la basílica poseía un precioso relicario que contenía la cabeza de san Juan Bautista. Mahoma menciona a este personaje profético: «Mientras que él (Zacarías) oraba de pie en el Templo, los ángeles le llamaron: Dios te anuncia la noticia del nacimiento de Juan (Yahya) que confirmará la verdad del Verbo de Dios. Será grande y casto, será un profeta entre los justos.» (Corán, 11 1, 40). La veneración que los musulmanes sienten por Yahya subsiste en la Gran Mezquita de Damasco: en el ala este del haram se alza un edículo donde fueron trasladados los restos del santo. Era lógico por tanto que la iglesia consagrada a este venerable personaje, honrado en el Corán, fuera objeto de toda la solicitud del califa que perpetuaba de ese modo, en su propia mezquita, la memoria de Yahya. La nueva utilización de los materiales del santuario no se limita a los elementos de la basílica. Se extiende al soberbio pórtico que bordea el patio. En efecto, el temenos estaba rodeado por una galería con arcadas. Ésta presentaba un ritmo constante de dos columnas por cada pilar [FIG. 3]. Este pórtico sólo ha subsistido, en su forma original, al este y al oeste [FIG. 4]. Al norte, posteriores restauraciones han sustituido todas las columnas por pilares [FIG. 5]. Como las grandes arcadas del haram, estas galerías que bordean el patio están formadas por un segundo nivel de arcos más pequeños. Se trata entonces de vanos parejos, de los cuales cada par descansa sobre una pequeña columna. El patio de la Gran Mezquita de los Omeyas está formado, en su centro, por una fuente para las abluciones, mientras que al oeste se alza un edículo octogonal sostenido por ocho columnas antiguas aprovechadas de nuevo. Su parte superior, en forma de píxide monumental, constituía el receptáculo del Tesoro, colocado de ese modo bajo la protección divina. Las ocho caras de esta pequeña torre llamada Baital-Mâl están cubiertas de suntuosos mosaicos con fondo de oro [FIG. 6]. Al este, simétricamente a esta construcción, se alzaba la llamada torre del Reloj. En las dos extremidades de la kibla, la mezquita está encerrada por minaretes que se elevan sobre antiguas torres esquinadas. Un tercer minarete se sitúa al norte [FIG. 7], sobre el eje mediano del patio, correspondiendo así a la cúpula que domina el mihrab principal. A la derecha de este minarete septentrional se encuentra la llamada puerta «del Paraíso». |
|||||||||||||||||
|
|||||||||||||||||
|
|