|
|
![]() |
|
|
LOS GRANDES PALACIOS DE MSHATTA Y KHIRBET AL-MAFDJAR |
||||||||||||||||
|
Situado también en los alrededores de Amman, el
gran palacio omeya de Mshatta es una construcción que retoma la típica
planta cuadrada de las fortificaciones romano-bizantina. Pero empieza por
adoptar una escala mucho mayor que Kasr Kharana. En Mshatta, la muralla
jalonada por veinticinco torres semicirculares que flanquean un camino de
ronda artificial —todo carácter defensivo estaba ya obsoleto— encierra unas
construcciones de gran interés, a pesar de que el conjunto ha quedado
inacabado hacia el 750, a causa de la caída de la dinastía de los Omeyas [FIG.
1]. Este palacio está concebido, evidentemente, para responder a los imperativos de un ceremonial áulico que está ya totalmente desarrollado. El espacio cuadrado de 130 m de lado (1,7 hectáreas) está dividido en el sentido norte/sur en tres partes, de las cuales la parte central está reservada para uso exclusivo del califa. Detrás de una entrada axial, flanqueada al este por una mezquita, una primera sala abovedada en sentido longitudinal tiene un segundo espacio oblongo de 23 metros de profundidad, desembocando en un gran patio cuadrado de 57 metros de lado. Es al final de este patio donde se alzan las construcciones palatinas propiamente dichas [FIG. 2]. La zona del califa se dividía, a su vez, en tres partes, a semejanza del conjunto del palacio: en el centro, un espacio basilical de tres naves, separadas por dos pórticos, conducía a una sala del trono en forma triconque, según el modelo bizantino. En realidad, la sala de tres exedras, que caracteriza el presbiterio de las iglesias en la arquitectura copta de Egipto del siglo V, deriva de los esquemas similares que había impuesto la Antigüedad tardía, por ejemplo en el palacio de Piazza Armerina, en Sicilia. De una parte y de otra, unas viviendas simétricas enmarcan este cuerpo central de la construcción, cuyos espacios trebolados, que acaban en unos ábsides, están cubiertos de bóvedas de plena cimbra hechas con ladrillo cocido. Los elementos portantes —pilares o columnas— están tratados con un hermoso aparejo de piedra tallada. Tanto los capiteles como los frisos que bordean el portal de entrada muestran una técnica muy elaborada del follaje y de los pámpanos entrelazados que procede más de la Baja Antigüedad que del arte árabe [FIG. 3] [FIG. 4] [FIG. 5]. Al igual que en las mezquitas, la decoración de la arquitectura civil parece directamente salida de las técnicas romano-bizantinas. El triconque de Mshatta evoca el de los grandes palacios de Constantinopla. Era allí donde tenía que desarrollarse el ceremonial —tomado en gran parte de las costumbres bizantinas— que culminaba con la aparición del soberano en toda su majestad, durante la apertura de las cortinas que unos sirvientes sujetaban mientras los embajadores se acercaban a hacer la «proskynesis» (o prosternación). El gran palacio de Khirbet al-Mafdjar [FIG. 6], en el rico valle de Jericó, es posiblemente la obra más original e interesante que nos haya legado la arquitectura civil de los Omeyas. El edificio se compone de tres partes, la más antigua de las cuales es el palacio propiamente dicho, de forma cuadrada (44 metros de lado). Como en Kasr Kharana, está formado por torres redondas esquinadas y un patio central con pórticos. Al norte se sitúa una explanada flanqueada por una mezquita. Detrás de estos dos elementos, hay un edificio —hoy casi en ruinas— que tenía que ser impresionante: cubriendo un cuadrado de casi 30 metros de lado, sostenido por tres exedras en forma de hemiciclos sobre cada una de sus caras, esta sala de audiencias se elevaba sobre dieciséis pilares (cuatro hileras de cuatro) formando cinco naves y cinco intercolumnios. Estos poderosos soportes cruciformes, separados por pequeñas columnas esquinadas, descansaban sobre un suntuoso patio de mosaicos geométricos que no totalizaban menos de treinta y un motivos diferentes de inspiración grecorromana. Esta sala hipóstila tenía que ser enteramente abovedada. Al norte tenía unas instalaciones termales, con salas templadas y calientes, estufa de hipocausto, así como un pequeño local privado, donde se ha descubierto el más extraordinario mosaico figurativo de animales del arte islámico clásico. Esta obra suntuosa formaba la sala de audiencias en la que tenía lugar el ritual áulico de los Omeyas, heredado de los modelos helenísticos y romanos, a través del mundo bizantino [FIG. 7]. Finalmente, en el lado este del palacio de Khirbert al-Mafdjar se hallaba una plaza de 130 metros de largo, en cuyo centro se alzaba una fuente emblemática. Ésta desarrollaba un sistema de arcadas y de surtidores dentro de un cuadrado de 12 metros de lado, en el que se inscribían un octógono y otro cuadrado mediano. Esta configuración respondía seguramente a un aspecto simbólico asociado al poder del soberano sobre las aguas, expresado por medio de una técnica hidráulica avanzada. |
|||||||||||||||||
|
|||||||||||||||||
|
|