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EL FIN DE LOS OMEYAS DE DAMASCO |
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| La dinastía de los Omeyas dura menos de un siglo (660-750 de nuestra era) y aporta al primer Islam unas obras maestras insignes. Bajo los reinados de los califas Abd al-Malik, y después al-Walid, preside la aparición de la gran arquitectura musulmana. Durante este período, la influencia romano-bizantina ha sido preponderante. Pero pronto las revueltas y los problemas que afectan la parte oriental del imperio anuncian unos desórdenes y un desplazamiento hacia el Este del centro de gravedad de la potencia islámica. El último califa omeya, Marwan II (744-750), traslada su residencia a Harran, en la alta Mesopotamia, para estar más cerca del centro de las revueltas que han estallado en el nordeste de Irán. En el 747, las guarniciones omeyas de Merv y de Herat son expulsadas de esas ciudades, donde las sublevaciones se han extendido. Finalmente, el califa es derrotado en Iraq, en el 750, y huye a Egipto. Será asesinado junto con los otros miembros de la familia omeya. Uno solo escapará, y será el que funde en España, en el extremo Occidente del imperio, el emirato de Córdoba, pronto transformado en califato, cuyo destino perpetuará brillantemente, durante dos siglos y medio, la elevada cultura islámica de Damasco. | |||||||||||||||||
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