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LA VICTORIA-RELAMPAGO DE LOS ARABES-BEREBERES SOBRE LOS VISIGODOS |
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Durante la masacre colectiva de la familia del
califa Marwan, en el 750 de nuestra era, un solo miembro de esta célebre
tribu de los Omeyas de Damasco consigue escapar. Se trata de Abd er-Rahman,
que se refugia en el Norte de África. Los califas de Damasco habían reinado
durante 90 años sobre el imperio árabe. El mundo islámico se extendía ya
desde el Atlántico hasta las puertas de China. Pero las revueltas causadas
por el asesinato de Marwan y las peripecias de la llegada de los Abasíes a
Mesopotamia permitieron al fugitivo no solamente salvar su vida, sino
incluso forjarse un reino en España, al otro lado del Mediterráneo, donde
iba a perpetuar la fastuosidad de la civilización omeya. Abd er-Rahman entra en contacto con sus familiares y aliados que viven en al-Andalus (Andalucía, Vandalucía, es decir, la península Ibérica a la que los Vándalos han dejado su nombre, tras la invasión de los bárbaros del norte). Muchos de ellos se unen a él. Con una tropa de fieles que ha reunido bajo su bandera, se apodera de Sevilla, después entra en Córdoba, tras una victoria que le permite adquirir el título de emir de España en el 755. Cuando sube al trono, Abd er-Rahman hace de España el primer territorio secesionista del imperio islámico, a pesar de que la península llevaba menos de cincuenta años en poder de los musulmanes. En efecto, fue en el 711 cuando la invasión de los jinetes del Islam fulminó literalmente el reino de los Godos (Visigodos). La España cristiana se vino abajo de golpe, casi sin oponer resistencia, ante las tropas que conducía Tariq. A la cabeza de doce mil Bereberes que venían del Norte de África, atravesó el estrecho de Gibraltar (Djébel al-Tariq). Los invasores probablemente sólo se proponían hacer una razia a lo largo de las ricas tierras españolas. La débil reacción de los Visigodos animó a su jefe a transformar un pillaje en una ocupación permanente. Un siglo después del inicio de la predicación del Profeta en La Meca, la conquista islámica sigue siendo rápida e inesperada. ¿Cómo pudo la secular organización de un reino unificado sucumbir a una tropa de unos cuantos miles de guerreros movidos por el deseo de rapiña? La victoria no se explica sin el formidable motor que constituye la nueva fe, que ha dado ya a los Árabes y a sus aliados la mitad del mundo antiguo. Además, los musulmanes se han beneficiado, aquí también, de unas circunstancias favorables. A finales del siglo VII, el país, que había sido víctima de golpes de Estado, está sumido en el caos. Pronto, la guerra civil desgarra la nación de los Godos entre partidarios de Rodrigo y de Akhila, hijo de Witiza. Akhila se refugia en Ceuta, en la orilla africana del estrecho. Allí, el gobernador de la ciudad le aconseja que enrole fuerzas musulmanas contra el rey Rodrigo que acababa de subir al trono en Toledo, en el 710. Por tanto es un visigodo cristiano el que llama a las tropas del Islam, y lo hace porque supone que le van a ayudar a llevar a cabo sus pretensiones de sucesión. Hay otro factor que ha podido jugar un papel determinante: los judíos, comunidad perseguida en España, rezaban porque acabara la monarquía toledana. Ellos estaban en contacto con sus correligionarios del norte de África, quienes empujaron a las tropas árabo-bereberes a embarcar. También Tariq, gobernador de Tánger y lugarteniente del árabe Muza, cruzó el estrecho y llegó a tierra en la provincia de Cádiz. Rodrigo —que se encontraba en el norte del país, ocupado en reprimir una revuelta vasca— regresa precipitadamente al sur. Reúne un poderoso ejército y se lanza contra Tariq. Creyendo que había llegado la hora de ponerse del lado de Akhila, una parte de las tropas cristianas abandonó. La victoria musulmana fue completa. Ante este triunfo, Tariq decidió seguir adelante: sometió Córdoba, subió hacia Toledo, la capital de los Godos, que se rindió, después se apoderó de Astorga, centro de las Asturias, así como de Lugo, en Galicia, bajando sobre Segovia y volviendo a entrar como triunfador en Toledo en el 712. Mientras tanto, Muza había tomado el relevo con dieciocho mil árabes. Conquistó Mérida y acabó de apoderarse de importantes ciudades de la península. En el 714, España entera se encontraba bajo la dominación musulmana. Para los Árabes, se llamará al-Andalus. El Islam permanecerá en ella durante casi ocho siglos. |
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