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LA OBRA DE ABD ER-RAHMAN |
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Cuando los Árabo-Bereberes se establecieron en la
península ibérica, la rivalidad entre Tariq y Muza se exacerbó. Como habían
desobedecido las órdenes del califa al-Walid, que residía en Damasco, éste
convocó a los dos para que le informaran de su conducta. A partir del 714,
Muza tuvo que entregar el gobierno de España a su hijo Abd el-Aziz, que
llevo a cabo la pacificación del país, antes de ser asesinado por orden del
califa Solimán (715-717). Con la llegada de Abd er-Rahman, que toma el poder en Córdoba en el 755, España se convierte en un emirato independiente. Pero el trono del último descendiente de los Omeyas de Damasco sigue estando amenazado: el soberano ahoga en sangre numerosos intentos de golpes de Estado fomentados por sus correligionarios. Tiene que hacer frente a las intenciones de Carlomagno que lanza una expedición contra Zaragoza y devasta Pamplona. Pero esta operación militar, que conduce al futuro emperador cristiano hasta los límites de España, se salda finalmente, en el 778, con la derrota de los Francos en Roncesvalles, ante los insurrectos vascos, siempre dispuestos a sublevarse. Durante los treinta y dos años de su reinado, Abd er-Rahman hizo de Córdoba una capital. En el 785, inició las obras de la Gran Mezquita [FIG. 1] que, dos siglos más tarde, después de muchas ampliaciones, será una de las obras maestras de la arquitectura musulmana clásica. En su primera disposición, este edificio de planta cuadrada de 70 metros de lado (que cubre alrededor de 5000 m2) está formado por una sala oblonga —según la tradición islámica— precedida por un patio, también dispuesto en el sentido de la anchura. La sala hipóstila está formada por once naves con arcadas perpendiculares al muro de la kibla. El espacio está dividido en doce intercolumnios que descansan sobre ciento diez columnas hechas con materiales antiguos o visigóticos. Como en Damasco, el empleo de materiales antiguos es por tanto determinante en la construcción de esta mezquita que utiliza fustes de mármol y capiteles extraídos de las ruinas de las ciudades antiguas, devastadas en la época de las grandes invasiones. Respecto a la fachada sobre el patio, soportada por unos pilares macizos, deja ampliamente abiertos unos vanos que dan luz a la sala de oración cubierta por un techo de madera. Bajo los reinados de Hisham I (788-796), y posteriormente de al-Hakam I (796-822), la mezquita de Córdoba no se modifica apenas. Hay que esperar la llegada del emir Abd er-Rahman II (822-852) para que una primera ampliación eleve el número de las columnas de la sala hipóstila a doscientas. Con esta reforma —que tiene lugar entre el 832 y el 848— el espacio se ha duplicado, y la kibla ha sido desplazada hacia el sureste, porque el edificio normalmente está orientado hacia la Kaaba. Pero el número de naves no ha variado. Unos sesenta años más tarde, se inicia una segunda campaña de ampliación bajo Abd er-Rahman III (912-961), que se proclama califa en el 929. Él ensancha aún más la sala hacia el sureste, y añade, al borde del patio, un minarete cuadrado de 34 m de alto. Poco después, los trabajos se reanudan bajo al-Hakam II (961-976). Este califa le da al monumento su aspecto casi definitivo [FIG. 2]. La sala de oración es ya un espacio que se ha transformado de oblongo en longitudinal: sigue midiendo 70 m de ancho, pero ahora llega a 115 de largo y tiene nada menos que trescientas veinte columnas [FIG. 3]. En el interior, sus treinta y dos intercolumnios y su mihrab en forma de cámara octogonal precedida por tres cúpulas de nervaduras entrecruzadas, bordeadas a su vez por arcadas polilobuladas, confieren a la Gran Mezquita de Córdoba su carácter inconfundible. Volveremos sobre estos elementos cuando hablemos de la decoración propia del estilo omeya en España. Pero hay que añadir una última y considerable ampliación de la sala de oración, emprendida en el 987, en tiempos de al-Mansur, gran cadi (alcalde del Palacio) del sultán al-Haman II, posteriormente ministro plenipotenciario de Hisham II. El edificio, que hasta entonces se había desarrollado empujando siempre la kibla hacia el sureste, para respetar una planta simétrica, ahora está provisto, en el lado izquierdo (al nordeste) de una añadidura formada por ocho naves sobre toda la longitud de la sala de oración, lo que supone un total de doscientas veinticuatro columnas suplementarias. La mezquita de Córdoba totaliza ya quinientas cuarenta y cuatro columnas y dieciocho pilares de fachada sobre el patio, así como cuarenta y cuatro pilares internos. Llega a tener por tanto seiscientos seis soportes. El espacio interior cubre ahora 130 metros de ancho por 115 metros de profundidad, restableciendo un aspecto oblongo, de acuerdo con la tradición espacial islámica [Ver gráfico con las sucesivas ampliaciones]. Un espacio interno tan amplio formando el haram no se concibe sin una altura proporcional. Ahora bien, las columnas antiguas o visigóticas, recuperadas por los arquitectos musulmanes en toda España y hasta en Provenza, no son tan altas como las que han sido utilizadas en la mezquita de los Omeyas de Damasco. Para paliar este inconveniente, el arquitecto ha tenido que recurrir a un esquema original: la innovación que aporta el espacio hipóstilo de Córdoba reside en la utilización de un sistema formado por dos arcadas superpuestas, que soportan el techo plano cubierto por maderas a dos aguas longitudinales y paralelas. En estos elementos portantes complejos —cuyo esquema está inspirado en los acueductos romanos (Mérida, Segovia)—, el arco superior es de plena cimbra, mientras que el inferior excede ligeramente [FIG. 4]. Esta solución da origen a una serie de arcadas aéreas. Los capiteles, así como las columnas, son por lo general materiales antiguos, excepto a partir de las ampliaciones de al-Hakam y sobre todo de al-Mansur, donde se trata a menudo de copias. Los elementos portantes están sobrealzados por unos pilares que soportan la arcada alta. Las claves de los arcos, hechas con piedras alternativamente blancas y rojas, obedecen a una usanza bizantina que confiere una gran ligereza visual a todo este sistema de soportes a dos niveles. La alternancia de los materiales claros y oscuros se llama, en árabe, decoración ablak. |
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