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VI. Grandeza del Califato de los Abasíes
 
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Figura 1
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Figura 2
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Figura 3
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Figura 4
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LAS DOS GRANDES MEZQUITAS DE SAMARRA

 
     Es en la creación de las mezquitas donde culmina el gigantismo de las construcciones abasíes de Samarra. La Gran Mezquita que levanta el califa al-Motawakkil, entre el 848 y el 852 [FIG. 1], se presenta, desde el exterior, como un recinto fortificado, jalonado por 44 torres semicirculares. Este muro alto, que mide 240 x 156 metros, delimita, por tanto, una superficie de 4 hectáreas. Está rodeado por dos cercados —el exterior mide 440 x 376 metros— que forman la ziyada, zona de silencio destinada a aislar el lugar de oración del ruido de la ciudad [FIG. 2]. En el interior del recinto, en el que se abren catorce puertas un patio de 160 x 110 metros estaba rodeado de pórticos en sus cuatro lados. Había tres filas de soportes al norte, cuatro al este y al oeste, y nueve al sur, que formaban el haram. La sala de oración por tanto estaba formada por veinticinco naves de nueve intercolumnios, es decir, doscientos dieciséis soportes que generaban un inmenso espacio cubierto de casi 10.000 m2. Los lados totalizaban ciento sesenta y ocho columnas, y el pórtico norte 72, o sea, en total 456 columnas octogonales aisladas por cuatro pequeñas columnas esquinadas. Sobre estos soportes descansaba directamente, sin recurrir a arcadas, un techo de madera de teca.
     Como se ve, se trata de un sistema arquitectónico relativamente sencillo, pero que compensa su llaneza con unas dimensiones grandiosas. La construcción de ladrillo cocido representa demasiado lujo respecto a los edificios de ladrillo secado al sol que ofrecen, por ejemplo, los palacios. Además, las columnas-pilares estaban estucadas. La zona del mihrab presumiblemente estaba adornada por un revestimiento suntuoso, en el que intervenían unos materiales preciosos, como por ejemplo pequeños ladrillos de loza, incrustaciones de nácar y marfil, etc.
     En cuanto al minarete [FIG. 3] [FIG. 4], probablemente sea la obra más espectacular de la arquitectura abasí. Situado axialmente, al norte del recinto, se eleva en sentido opuesto al muro de la kibla. Este minarete, de 55 m de altura, tiene la forma de una torre redonda, escalonada por una rampa helicoidal. Evoca la imagen de la «torre de Babel» y de los zigurats babilónicos, con su acceso por planos inclinados [FIG. 5]. Esta similitud ilustra la continuidad de soluciones que impone, en Mesopotamia, el recurso al ladrillo como material de construcción. En la zona noroeste de Samarra, al-Motawakkil decidió edificar, en el 847, un nuevo barrio llamado Abu Dolaf. Hizo construir en él otra mezquita gigante [FIG. 6] [FIG. 7] que posee también un minarete helicoidal, pero menos colosal [FIG. 8]. Inaugurado en el 861, este edificio presenta una sala de oración rodeada por una muralla, jalonada de torres, que es casi tan grande como la de la Gran Mezquita: mide 213 x 135 metros. Pero en Abu Dolaf, el haram está hecho por medio de grandes arcadas de barro cocido que reposan sobre unos pilares rectangulares, lo que constituye un verdadero progreso desde el punto de vista arquitectónico. La sala de oración cuenta con diecisiete naves y cinco intercolumnios a los que se añaden otros dos, a partir del mihrab, que son más anchos y que soportan unos pilares transversales. Este sistema, realzado por la nave principal, constituye una organización espacial en forma de «T» que caracteriza numerosas mezquitas hipóstilas, tanto en Egipto como en Kairuán y en el Magreb.
Figura 5
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Figura 6
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Figura 7
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Figura 8
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