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VII.- Diversidad del Egipto musulmán
 
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Nilómetro
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Figura 2
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UNA OBRA DE EDILICIA: EL NILÓMETRO DE RODAS

 
     El reinado de los Grandes Abasíes está marcado por considerables progresos técnicos. Cuando los califas gobernaron en Egipto, se preocuparon por el rendimiento agrícola. Este afán de promover las instalaciones necesarias para la explotación de las tierras irrigadas era característico de los soberanos iraquíes, cuya riqueza dependía en gran parte de las instalaciones hidráulicas de la llanura mesopotámica.
     En Egipto, donde ocurría lo mismo, al-Motawakkil mandó hacer un Nilómetro, concebido con el espíritu de las construcciones faraónicas. Edificado en el 861, ocupa la extremidad meridional de la isla de Rodas, frente a El Cairo antiguo. Este edificio subterráneo demuestra un nivel científico avanzado: se presenta como un pozo cuadrado, en piedra tallada, de una estereotomía muy elaborada, que recurre a unos arcos apuntados de una extraordinaria elegancia. Unas hornacinas abovedadas contribuyen a estirar la estructura, resistiendo a la fuerza lateral ejercida sobre las paredes. Porque esta construcción penetra en el suelo a unos doce metros de profundidad. En tres secciones, que se van estrechando, desciende hasta el nivel más bajo que alcanza el curso del Nilo. Una escalera permite acceder a la base del pozo, donde dos túneles comunican con el agua. En el centro se alza una hermosa columna octogonal que, por estar graduada, permite averiguar el nivel máximo alcanzado por la crecida del río. Tomando como base la cifra indicada sobre el fuste se calculaba la cantidad anual de agua que el califa sacaba en los territorios rurales. Según los autores árabes, el Nilómetro de Rodas, cuya técnica se basa en el principio de los vasos comunicantes, sería el producto de la colaboración entre el arquitecto Ahmed ibn Mohammed al-Hasib y el célebre matemático al-Farghani. No se excluye que haya que atribuir el acabamiento de la obra al sultán Ahmed ibn Tulun que se hace con el poder en Egipto en el 868.
     A partir del reinado del califa al-Motazz (866-869) de Samarra, los movimientos revolucionarios se multiplicaron en el imperio de los Abasíes: vamos a citar el de los Zandj, esclavos negros de las plantaciones de caña de azúcar al sureste de Irak, dirigido por un supuesto Alí; el de los Karmates de Siria y de Arabia oriental, de inspiración chiíta ismaelita; el de los Safawíes en Seistan, y posteriormente en Khorasan, revoluciones que son aniquiladas por los Samani en los albores del siglo X, etc. En este turbulento contexto se produce la secesión del general Ahmed ibn Tulun: hijo de un esclavo de Bukhara, nacido en Samarra, este soldado de origen turco había sido nombrado gobernador de Egipto y de Siria por el califa al-Motazz.
     Cuando proclama su independencia y no reconoce el poder central abasí, su revolución ya no suscita reacciones: Bagdad se limita a aceptar la secesión de una de las provincias más ricas.
Nilómetro
Figura 3
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Nilómetro
Figura 4
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