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EL PALACIO DE LOS CALIFAS FATIMÍES DE EL CAIRO |
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El período fatimí corresponde, para Egipto, a un
notable progreso de las artes y las ciencias. Los califas favorecen la
expresión artística, disponen de astrónomos y astrólogos, de matemáticos y
sabios que trabajan en la corte, así como de numerosos copistas e
ilustradores que hacen miniaturas; porque la prohibición de imágenes sólo se
aplica a la religión; no afecta a las obras científicas o literarias. A lo largo de la calle principal de El Cairo, el soberano dispone de dos grandes palacios y de una plaza (meïdan), en la que se practicaba el juego del polo, importado de los confines orientales de Irán. Como escribe Oleg Grabar, «la capital se había convertido en uno de los centros urbanos más cosmopolitas y más grandes de la época medieval». Conocemos el Gran Palacio oriental por los textos de los historiadores contemporáneos que describen la perspectiva de las salas que conducen al aula regia. Podemos, por otra parte, imaginarnos la fastuosidad que los Fatimíes habían acumulado en esas construcciones; en efecto, bajo la influencia del ritual áulico persa, la supremacía del soberano se hace considerable, hasta el punto de que al-Hakim quiso que se le reconociera como dios. A pesar del carácter igualitario de la doctrina musulmana, la divinización de los Príncipes, a la manera romana, estaba en fase de reaparición bajo la influencia de la corriente chiíta. |
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