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KAIRUÁN Y SU GRAN MEZQUITA |
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La construcción de la mezquita de Kairuán [FIG.
1] se
desarrolla en varias fases, a saber: en el 836, en el 862 y en el 875. El
edificio, que cubre una superficie de 130 x 80 metros, es decir, 1 hectárea,
está cercado por un muro alto en el que se abrían ocho puertas. Está formado
por un patio de 65 metros de largo por 50 metros de ancho, rodeado de
pórticos dobles. El conjunto está dominado por un minarete alto y cuadrado,
de tres niveles, que van empequeñeciéndose progresivamente. Este tipo de
minarete —que parece derivar del esquema de los antiguos faros, y que hace
pensar en el aspecto que las monedas dan al Faro de Alejandría— se extenderá
en todo el Magreb y en España, tanto en la Kutubiya de Marrakech como en la
Giralda de Sevilla [FIG. 2]. En cuanto a la sala de oración oblonga, está formada por diecisiete naves con arcadas perpendiculares a la kibla [FIG. 3]. La nave central, más ancha, conduce al mihrab, según un esquema que retomará al-Azhar, en El Cairo. De los ocho intercolumnios, el último, a lo largo de la kibla, destaca especialmente. Presenta en su centro una cúpula [FIG. 4] que domina la hornacina que indica la dirección de la plegaria, de manera que estamos ante la típica planta de la mezquita en forma de «T» [FIG. 5]. Se trata de un edificio hipóstilo construido en gran parte con la ayuda de antiguos elementos, tanto para los fustes como para los capiteles. El haram, con su nave central bordeada de columnas pareadas, totaliza ciento sesenta soportes. Las arcadas, como en la mezquita de Amr, en El Cairo, están unidas mediante tirantes a nivel de impostas. Sostienen un techo plano de madera. La decoración del mihrab [FIG. 6] es de gran interés: está formada por 130 pequeños cuadrados de mayólica con reflejos metálicos, importados de Bagdad. La hornacina propiamente dicha está formada por tablas de mármol, algunas de ellas caladas. Finalmente, el minbar de madera, que presenta los mismos motivos de claustra delicadamente trabajados, data del reinado de Ibrahim ibn al-Aghlad, a comienzos del siglo XI [FIG. 7]. Una cúpula con nervaduras domina el mihrab: descansa sobre un octógono sostenido por cuatro pechinas esquinadas que alternan con arcos del mismo tamaño, que constituyen la transición de la planta cuadrada al círculo. Otra cúpula, en mitad del pórtico sureste del patio, marca la entrada axial de la sala de oración. Al exterior de las murallas de Kairuán, unos grandes estanques circulares llamados «de los Aglabíes» destinados al abastecimiento de agua de la ciudad, se utilizan como depósitos [FIG. 8]. El más importante es el de Abu Ibrahim Ahmed, del 860, y mide 128 metros de diámetro. Estas obras son el resultado de un sistema hidráulico colosal. Hechas mediante muros de mampostería, están reforzadas por estructuras semicirculares en proyección, a fin de resistir mejor a la presión. Un acueducto de 36 kilómetros, que llevaba el agua desde el oasis Marguelil, las abastece. El estanque principal, precedido por un aljibe de 37 metros de diámetro, está formado en su centro por un islote, sobre el cual dicen que «el emir iba a descansar». Si el hecho fuera cierto, se trataría de la recreación del islote situado en medio de un estanque anular que cita Varrón a propósito de su «pajarera» y que reproduce el «Teatro marítimo» de Adriano en Tívoli: dos construcciones a las que hay que relacionar con el ritual áulico y las costumbres relativas a las predicciones practicadas en la corte de los soberanos helenístico-romanos, costumbres en las que sabemos que los soberanos musulmanes se han inspirado. De ese modo la dinastía de los Aglabíes de Kairuán perpetuaba —al igual que las de Córdoba, Bagdad o El Cairo— el ceremonial palatino de la Antigüedad. |
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