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DESDE LA ALJAFERÍA DE ZARAGOZA HASTA LA SINAGOGA DE TOLEDO |
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La conquista de los Almorávides no llega al Norte
de España hasta 1110. Antes, uno de los últimos Reyes de Taifas que reinan
en Zaragoza, Ahmad ibn Solimán al-Moktadir (1046-1081) edifica en su capital
una fortaleza-palacio [FIG. 1] [FIG.
2] donde florece —a pesar de su apariencia guerrera
debido a los tiempos revueltos por los que atraviesa el país— un arte
resplandeciente y barroco. Detrás de sus poderosas torres amuralladas y de
su foso atravesado por un puente levadizo, todo es refinamiento. El «Salón»
que da a un patio se caracteriza por un juego de arcadas polilobuladas cuyos
arabescos se entrelazan con virtuosismo y un fastuoso pórtico que bordea un
estanque interior [FIG. 3]. Soportados por pequeñas y delicadas columnas hechas con
material antiguo, estos pórticos son el testimonio del refinamiento que la
civilización musulmana alcanza en el siglo XI [FIG.
4] [FIG. 5]. Este arte de la mampostería y
del yeso delicadamente moldeado igual a a los más suntuosos movimientos del
arte califa de Córdoba. Su nacimiento constituye —con tres siglos de
adelanto— un prólogo al esplendor de la Alhambra de Granada... También es antes de la llegada de los Almorávides, que se apoderan de Toledo en 1085, cuando es edificada la sinagoga llamada «Santa María la Blanca» [FIG. 6]. Construida bajo el reinado del último muluk, Yahya ibn Ismaïl al-Kadir (1075-1085), este sorprendente símbolo de la armonía judío-árabe en la España medieval demuestra la atracción que ejercen las formas islámicas sobre las comunidades sefardíes. En efecto, es el lenguaje estético de las mezquitas hipóstilas el que adopta el edificio, con sus cinco naves separadas por cuatro filas de arcadas cuyos arcos de herradura descansan sobre unos pilares octogonales de mampostería, mediante unos capiteles decorados con piñas. |
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