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VIII.- La desintegración del Occidente Islámico
 
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Figura 1
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Figura 2
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Figura 3
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Figura 4
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Figura 5
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Figura 6
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ALMORÁVIDES Y ALMOHADES DE ESPAÑA Y DEL MAGREB

 
     La dinastía de los Almorávides había fundado, en 1061, su capital en Marrakech (Marruecos). Estos soberanos intervienen en España por expresa petición del emir de Sevilla. Llevan a cabo la segunda invasión islámica de la península, pronto seguida por la de los Almohades. Tanto el movimiento rigorista de los Almorávides —que se caracterizan por un rechazo absoluto de todo motivo que no sea abstracto y geométrico— como el de los Almohades (que les suceden entre 1147 y 1269) aspiran a una renovación del Islam. Los Almohades son también Bereberes salidos del Norte de África. Obedecen a la doctrina de Mohammed ibn Tumart, que se considera como el mahdi venido para purificar la religión y hacer que reinen la justicia y la fe verdadera. Su nombre (procedente del árabe al-Mowahhidun) indica el movimiento de los «Unitarios» que subraya la unidad de Alá. El compañero de Ibn Tumart, llamado Abd al-Mumin (1128-1163) se hace con el título de califa y reina en el Norte de África y Andalucía. Funda Rabat (al-Ribat) en 1150, ciudad que se convierte en la capital de su reino. Bajo los Almohades florece un arte depurado y sobrio, que demuestra la ascesis que desea promover el califa.
     Las formas de construcción y el estilo general de las obras de los siglos XI y XII caracterizan en particular unas mezquitas hipóstilas con sus arcos de herradura o polilobulados, sus pilares cuadrados o cruciformes y su planta muy sobria de arcadas perpendiculares a la kibla, con un recurso generalizado a una disposición en forma de «T». Estos elementos afectan ya a toda la arquitectura religiosa. Asimismo, basándose en el lejano modelo del minarete de Kairuán, las grandes mezquitas tienen altas torres cuadradas, a menudo sin elemento decorativo de cubierta, cuyos lados presentan una decoración formada por combinaciones de figuras geométricas, ritmadas por pequeños arcos entrelazados sobre columnas pequeñas que subrayan las ventanas de los pisos.
     Los arcos fuertemente apuntados a menudo con un perfil polilobulado o festoneado, el recurso al juego de estalactitas, o muqarnas, originarias de Oriente, el carácter de fortaleza de los lugares de oración debido a las perturbaciones políticas de la Edad Media, todo esto hace del arte hispano-morisco un sistema coherente que se extiende tanto al Magreb como al sur de España.
     Este tipo de mezquita que —en el plano arquitectónico— es muy clásica, y que demuestra que los Almorávides y los Almohades aspiran a enlazar con el pasado tradicional del Islam, encuentra su expresión, en 1097, en la Gran Mezquita de Argel, con sus once naves y su pequeño patio oblongo. Respecto a la Karauiyna de Fez, fundada en el 857 y reconstruida entre el 912 y el 933, más tarde en 1135, época en la que alcanza 6000 m2 y totaliza más de doscientos soportes, presenta diez intercolumnios con arcadas paralelas a la kibla [FIG. 1]. Este hecho puede sorprender, sobre todo sabiendo que Karauiyna significa «de Kairuán», en recuerdo de su fundadora, de nombre Fátima, que había huido a Túnez con un grupo de fieles hostiles a los Fatimíes. En efecto, la planta de esta mezquita [FIG. 2] no se parece en nada a la de la sala de oración de Kairuán, cuyas arcadas son perpendiculares a la kibla. Este edificio tiene, como al-Azhar, en El Cairo, un patio oblongo flanqueado lateralmente por intercolumnios unidos al hipóstilo. Además, este patio parece estar incluido en el haram [FIG. 3].
     Ésta es una particularidad frecuente en la arquitectura árabo-andaluza. Un hermoso estanque para las abluciones adorna el espacio abierto. A cada extremidad se alzan unos pabellones sobre pequeñas columnas coronadas por un techo piramidal: estas añadiduras datan de 1613 y están directamente inspiradas en el patio de los Leones, de la Alhambra de Granada.
     Un ejemplo de una gran sencillez caracteriza los comienzos de la arquitectura de los Almohades: la mezquita de Tinmal, en el Atlas marroquí [FIG. 4]. La construyó en 1153 al-Mumin, en ese lugar en el que ibn Tumart proclamaba su doctrina. Es aquí donde se alza un edificio original, que tiene la forma de un ribat fortificado, verdadero «Castillo de Dios». Es una planta cuadrada, de unos cincuenta metros de ancho: en la sala de oración, con nueve naves, destaca no solamente la nave central, sino también las dos naves laterales, instalando un intercolumnio más ancho ante el mihrab. El edificio, de ladrillo revestido de estuco, que acaba de ser objeto de una importante restauración, es un ejemplo del gran rigor de concepción de un trazado estrictamente simétrico.
     La Gran Mezquita de Sevilla, en gran parte desaparecida —reemplazada por la catedral gótica— sólo presenta su hermoso minarete que se remonta a 1171. A este minarete le ha sido añadida una nueva parte superior a la que debe su nombre de «Giralda»: los cristianos le han añadido dos niveles barrocos que culminan en un ángel de bronce en forma de veleta que indica la dirección del viento [FIG. 5]. La decoración de este minarete influirá en la de la Gran Mezquita de Hasan en Rabat.
     Edificado entre 1157 y 1195, uno de los más hermosos minaretes del Islam Occidental domina la Kutubiya, o «mezquita de los libreros», de Marrakech [FIG. 6]. Contemporáneo de la «Giralda», tiene 69 metros de altura. Su planta cuadrada y su perfil rectilíneo, a la manera de un torreón coronado por una linterna, presenta hermosas superficies a la decoración de arcos entrelazados que cubren la parte alta de sus muros. Respecto a la sala de oración de esta gran mezquita, que cuenta con diecisiete naves y siete intercolumnios, y tiene 80 metros de ancho, presenta el ancho crucero de la típica planta en forma de «T» propia de esta época.
     Toda esta arquitectura, intencionadamente sobria, no constituye, sin embargo, una aportación innovadora, como las construcciones omeyas. Aquí encontramos casi siempre las mismas plantas, las mismas cúpulas con nervaduras sobre el mihrab, el mismo tipo de ornamentación, siempre tratada con sobriedad. Es un arte que refleja fielmente la austeridad predicada por los teólogos, en la época de los soberanos almorávides y almohades.
   
 
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