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LA MADRAZA DEL PARAISO EN ALEPO |
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Cuando Saladino pone final anticalifato de El Cairo, en 1171, y funda un
imperio que une Siria, Egipto y Arabia hasta el Yemen, consagra un regreso
triunfante del sunnismo, tras el eclipse provocado por los califas
fatimíes. Si los Selyúcidas eran los protectores de la ortodoxia, también
los Ayubíes muestran un considerable celo por la difusión de la doctrina
sunnita. Ésta es la razón por la cual emplean sus esfuerzos en la creación
de numerosas madrazas, o escuelas coránicas. Originaria de la Persia selyúcida, la fórmula de la madraza transmitía unas formas típicas de la arquitectura iraní: por una parte, el iwan —ese gran espacio cubierto y ampliamente abierto en la fachada— construido por lo general al borde de un patio y, por otra, las estalactitas, o mukarnas [FIG. 1], que cubren bóvedas y cúpulas. Las estalactitas sirven de motivo ornamental bordeando las cornisas, subrayando los frisos, decorando los capiteles [FIG. 2] y las caídas de los arcos, etc. Iwans y mukarnas caracterizan en Persia tanto las mezquitas y madrazas como las posadas para las caravanas y las construcciones palatinas o los mausoleos. Testimonio del celo de los Ayubíes por la enseñanza religiosa, la madraza Firdows, o madraza del Paraíso, al sur de la ciudad de Alepo, es levantada en 1223 por la viuda de al-Ghazi [FIG. 3]. Es un edificio macizo y rectangular [FIG. 4] que exteriormente altos muros desnudos. La construcción se inscribe dentro de un plano simétrico de 57 metros de largo por 45 metros de ancho. Está enteramente construida por un hermoso aparejo calcáreo, de hiladas regulares. Un portal lateral, coronado por una bóveda de estalactitas talladas en piedra, dan acceso a un pasillo esquinado por el cual se llega al patio central cuadrado de 22 metros de lado. En medio, hay una hermosa fuente destinada a las abluciones rituales [FIG. 5]. En tres de sus lados se desarrolla un pórtico de arcadas afiladas soportadas por columnas con capiteles decorados por mukarnas. El cuarto lado —al norte— está ocupado por un gran iwan cuadrado. Se abre mediante un gran arco, con grandes claves, de 9 metros de uno a otro lado. Es el lugar donde se enseña el Corán. Detrás de los pórticos laterales, dos salas largas con hileras de cúpulas estaban destinadas al estudio [FIG. 6]. El tercer lado, al sur, forma un espacio idéntico, pero oblongo, que sirve como lugar de oración. Esta pequeña mezquita muestra, en medio del muro de la kibla, un soberbio mihrab adornado con mármol policromado, con motivos geométricos y arcos entrelazados [FIG. 7]. En las esquinas meridionales del edificio se encuentran pequeños cuartos cuadrados. La cúpula que cubre cada uno de ellos está provista de pechinas cubiertas de estalactitas. Vista desde fuera, la madraza Firdows totaliza once cúpulas de idéntico diámetro que cubren las dos salas de estudio, la mezquita y los cuartos esquinados. Esta hermosa madraza ilustra perfectamente la fusión entre las formas iraníes —iwans y mukarnas— inspiradas en las construcciones de ladrillo, y la técnica de la piedra tallada, tratada según la tradición siria que se remonta a la época romano-bizantina. Respecto al tema, evocado por su nombre, del Paraíso prometido al creyente, enlaza con la corriente ilustrada por los mosaicos de la mezquita de los Omeyas de Damasco. |
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