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CONSTRUCCION PALACIOS
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Ni la madera ni la piedra faltan nunca en las zonas ocupadas por los mayas. La gran selva pluvial proporciona la caoba y el zapote, empleadas
para fabricar los dinteles de las puertas y las esculturas que revisten el interior de los templos construidos en lo alto de las pirámides.
Respecto a la piedra, las estructuras cársticas de Yucatán ofrecen una hermosa caliza, blanca, rosa o gris, muy apropiada para el trabajo de tallado y escultura. En las regiones
que tienen relieve montañoso y volcánico, se recurre a la traquita, al basalto o a la toba para levantar muros con un aparejo uniforme.
Pero antes de edificar las construcciones, hay que hacer sus basamentos. Hemos dicho ya que estos «zócalos» podían alcanzar un tamaño considerable. Hay plataformas que miden 150-200
m de largo, por 100-150 m de ancho y 8-10 m de alto, lo cual representa un volumen de 200.000-250.000 m3. Una masa tan grande de materiales se acerca al medio millón de toneladas. Estamos
hablando del terraplén de un solo edificio construido en un país llano como Uxmal.
Sin embargo, los mayas fueron capaces de transportar volúmenes de material tan considerables como éste para construir terrazas y acrópolis, como ocurre en Copán. Para llevar a
cabo estas gigantescas obras de terraplenado se necesitaron centenares, incluso miles, de obreros. Los materiales eran transportados a hombros, para lo cual se utilizaban cuadrillas de peones
durante la estación seca, cuando no eran necesarias en la agricultura. Aunque los materiales se encontraban en el emplazamiento, las obras exigían una importante infraestructura, tanto para la
alimentación como para la organización del trabajo.
Respecto a la mampostería propiamente dicha, el problema era más complejo: al principio, los canteros mayas hacían muros de piedra tallada y con verdaderas bóvedas abocinadas
de piedra. Posteriormente, cuando empezó a imponerse el hormigón, las cubiertas se concibieron como estructuras «monolíticas» hechas vertiendo el hormigón sobre unos paramentos de bloques bien
tallados que formaban un encofrado fijo. En efecto, la genialidad de los mayas consistió en concebir un sistema gracias al cual los bloques de revestimiento, cuidadosamente aparejados en seco,
podían contener hormigón líquido mezclado con piedras: por tanto, no era necesario ningún encofrado de madera. Vertido en tongadas sucesivas, a medida que se levantaba el muro, se iba endureciendo,
constituyendo una especie de estratos superpuestos.
Ahora bien, para fabricar el hormigón maya había que tener un mortero de calidad. En la región yucateca, donde abunda la caliza, esta técnica alcanzó su apogeo. El mortero de
cal se conseguía colocando piedra machacada sobre un montón de madera seca a la que se hacía arder. La hoguera «cocía» la piedra. La cal viva que se obtenía era muy poca, en cambio la cantidad
de madera utilizada era mucha. Por lo demás, este método de trabajo tan costoso —que ignoraba el horno— es el causante de la casi total desaparición de la selva yucateca primitiva, progresivamente
reemplazada por un bosque espeso e inextricable.
Habría que mencionar también las técnicas de transporte de los monolitos destinados a la construcción de estelas esculpidas. Estos bloques pueden llegar a tener un tamaño impresionante
y pesar varias decenas de toneladas: en Quirigua hay una estela que supera los 10,60 m de alto y pesa más de 65 toneladas. El desplazamiento se llevaba a cabo, como en el Egipto faraónico, con
la ayuda de cuerdas y de rodillos o trineos, que cuadrillas de peones hacían deslizarse por un camino arcilloso. |
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