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FIGURA 1
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FIGURA 2
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Situada en un meandro del Usumacinta, la ciudad de Yaxchilán [FIGURA 1] se extiende a lo largo de la orilla
y las primeras estribaciones montañosas que dominan inmediatamente el río. Durante la civilización clásica, el Usumacinta fue la «autopista» de comunicación y de intercambios comerciales entre
las ciudades de Petén y las de Chiapas. También Yaxchilán ocupa una posición importante —igual que su vecina Piedras Negras, a unos 40 Km. río abajo, en la orilla guatemalteca— en las relaciones
que las distintas tribus de la comunidad maya entablan entre sí: bodas que entroncan dinastías de soberanos, fiestas celebradas en común, intercambio de productos difíciles de encontrar y trabajos
de artesanía, etc.
La ciudad de Yaxchilán tuvo que ser muy grande. Su centro ocupa más de 1 Km. por 600 m y tiene decenas de construcciones: pirámides, palacios y juegos de pelota. Los edificios
se distribuyen sobre una serie de acrópolis, algunas de las cuales están a 50 m sobre el curso del río. Lamentablemente, las dificultades de acceso no han permitido todavía emprender las operaciones
de recuperación y restauración que merece este conjunto ceremonial. Por tanto, la mayoría de los edificios están todavía sepultados bajo una capa de vegetación.
En cambio, respecto a la escultura arquitectónica Yaxchilán es uno de los emplazamientos mejor documentados sobre su pasado: por ejemplo, la cara inferior de los dinteles que
dominan las puertas de los santuarios está decorada con relieves de una gran finura, acompañados por largas inscripciones jeroglíficas [FIGURA 2]. La dinastía
real que empieza en el 320 de nuestra era, se hizo ilustre en particular bajo los soberanos llamados «Escudo-Jaguar» [FIGURA 3] y «Pájaro-Jaguar»
[FIGURA 4], cuyos reinados se sitúan entre el 681 y el 771.
Sin embargo, la brillante situación de Yaxchilán, que por aquel entonces contaba con numerosos monumentos, se vio momentáneamente oscurecida por la victoria que Pacal, el señor
de Palenque, obtuvo sobre las fuerzas de «Escudo-Jaguar». Este acontecimiento —que sólo en Palenque se menciona y que, por el contrario, las inscripciones de Yaxchilán callan por pudor— subraya,
una vez más, la situación de constante guerra que había en el país maya: para poder disponer de víctimas destinadas al sacrificio, los jefes de tribu tenían que enfrentarse con sus vecinos y hacer
prisioneros, a los que daban muerte en medio de ceremonias triunfales. Ésta es la «incursión» que parecen describir las pinturas de Bonampak [FIGURA 5].
Aunque el soberano sea un jefe guerrero, eso no impide que en Yaxchilán una mujer pueda tener verdadera importancia política: Xok, esposa de «Escudo-Jaguar», desempeña el papel
de verdadera reina. En los bajorrelieves se la ve presidir ceremonias y participar en grandes rituales, llegando incluso a dar al rey su casco de guerra cuando tiene que partir hacia una campaña
destinada a proporcionar los cautivos que habrá que sacrificar a los dioses [FIGURA 6]. |
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