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FIGURA 1
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FIGURA 2
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Más al oeste, en el territorio de Campeche, el emplazamiento de Chicanna tiene una serie de construcciones muy originales
[FIGURA 1]. La palabra chicanna significa en lengua maya «casa de colmillos de serpiente». Esta denominación se refiere al edificio mejor conservado, al
que se ha asignado el nº II. Se trata de una construcción provista de una fachada típica del estilo Chenes: su parte central se transforma en una gigantesca boca de serpiente, a imagen del dios
creador Itzamna. La puerta reproduce las formidables fauces —rodeadas por unos enormes dientes en relieve— encima de la cual se abren los ojos del monstruo cósmico [FIGURA
2].
Esta arquitectura decorativa —destinada a algún ritual de iniciación—, propia de los pueblos que vivían en la época clásica tardía (entre el 550 y el 700 de nuestra era), se rige
por la esquematización y la simetría. Las formas de la divinidad celeste están representadas por medio de un verdadero puzzle de bloques de piedra tallados con esmero. Su trabazón en relieve confiere
al motivo general gran vigor y un ritmo obsesivo, realzado por la luz cenital de los trópicos.
Esta boca abierta, parecida a la mítica «cueva» representada por los olmecas en el altar de La Venta, donde un personaje sentado «al estilo indio» emerge de la boca del monstruo
cósmico, encontrará su transposición tardía en el período maya-tolteca, en el Quetzalcoatl-Kukulkán de Chichén Itzá.
¿Estamos ante una colosal escultura o ante una construcción decorativa? La genialidad de los mayas de la zona llamada Chenes —cuyo nombre está tomado de las colinas cercanas— consiste en haber hecho de sus templos unas «esculturas habitables», santuarios con fines litúrgicos donde el rito del tránsito a la otra vida podía experimentarse espacialmente.
La estructura II de Chicanna, con sus tres entradas que dan cada una a dos cámaras situadas paralelamente una detrás de otra, se parece a un palacio. Sin embargo, su función refleja
el aspecto de un lugar de culto. También aquí, el arte Chenes se desliza de forma imperceptible de una categoría a otra: se pasa de la vivienda al templo, y no siempre es posible delimitar el
papel que en realidad tenía el edificio.
Otras construcciones de Chicanna —como la estructura XX— muestran la boca de la serpiente cósmica asociada a una pirámide. La entrada retoma, simplificándolo, el motivo de la
puerta en forma de fauces de monstruo dispuesto a engullir al recién llegado. Detrás de este acceso espectacular se alza la torre sobre la cual dos templos adosados estaban rematados por una crestería
elevada [FIGURA 3].
La entrada por la que se accedía a unas cámaras en forma de cella de la planta superior vuelve a ser la boca del monstruo celeste, que los oficiantes tenían que atravesar
para celebrar los ritos.
En los ángulos de esta torre que recuerda la estructura XX de Chicanna había filas de mascarones del dios Chac [FIGURA 4], tratados de un modo
que se halla con frecuencia en el estilo Puuc de Yucatán: la esquematización se caracteriza por una nariz larga y sinuosa —que los primeros visitantes de las ruinas mayas confundieron con una
trompa— y presenta elementos simétricos (ojos, cejas, orejas, etc.) que curiosamente se parecen a la máscara t'ao t'ie de los bronces chinos de la época antigua. |
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