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FIGURA 1
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FIGURA 2
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La vasta y llana península de Yucatán se extiende hacia el norte entre el mar Caribe y el golfo de México. Se la conoce sobre todo por sus hermosos emplazamientos arqueológicos, salpicados de monumentos de estilo Puuc. La arquitectura que surge en Uxmal, Kabah, Labná, Sayil, Klapak o Chacmultún representa el apogeo de las ciudades mayas, en el aspecto monumental, en los siglos VIII y IX de nuestra era. En esta región, el poder destructor de la vegetación nunca es tan terrible como en Petén; por eso los edificios encontrados en el bosque no han sufrido los mismos estragos que los monumentos de la selva tropical guatemalteca o de Quintana Roo. |
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Los primeros monumentos que aparecen en el área yucateca se remontan a una época muy antigua. En efecto, hay vestigios preclásicos que datan del siglo V a.C. Respecto a la época clásica, los arqueólogos descubrieron en el emplazamiento de Acanceh una pirámide adornada con máscaras de estuco, actualmente desaparecidas. Este templo, que parece datar del siglo IV de nuestra eral es análogo a los de Cerros y Uaxactún. Al igual que en este último, la plataforma de Acanceh tiene planta cuadrada con cuatro escalinatas axiales que conducen al nivel superior , rematado por una cella de adobe cubierta de paja.
La fórmula arquitectónica consistente en construir una pirámide con una escalinata en cada cara también se aplicó en Dzibilchaltún, donde los arqueólogos pusieron al descubierto un santuario muy particular; yacía bajo las ruinas de un edificio más moderno, construido encima a finales de la época clásica. Llamada Templo de las Siete Muñecas [FIGURA 1], esta antigua pirámide podría datar del 450 de nuestra era (hay controversias respecto a la fecha). Tiene una construcción superior hecha de fábrica, provista en cada cara de una puerta axial, y rematada por un friso decorativo. En las esquinas, unos «armazones» de piedra en relieve son los vestigios de unos mascarones de estuco con la efigie de Chac, dios de la lluvia [FIGURA 2], particularmente venerado en el norte de Yucatán, donde las precipitaciones son escasas. En el centro de la cubierta plana, hecha en mampostería, se alza una especie de torre con base cuadrada que hace la función de crestería tridimensional. Su forma maciza sigue la doble simetría axial del santuario [FIGURA 3].
En el interior de este templo elevado, una galería con bóveda abocinada rodea el núcleo central [FIGURA 4]. Además de las cuatro puertas de acceso hay dos ventanas que dan al exterior, dejando que la luz penetre en la galería. La fórmula, con sus vanos que no llegan hasta el suelo, es original del país maya. Sin embargo, sólo raramente se aplicará a los edificios de estilo Puuc.
Notablemente restaurado, el Templo de las Siete Muñecas de Dzibilchaltún demuestra, hacia la mitad de la época clásica, la existencia de una arquitectura muy evolucionada en el norte de Yucatán. Vemos, por tanto, cómo, entre los primeros balbuceos que se remontan al primer milenio antes de nuestra era y los primeros edificios de Acanceh y Dzibilchaltún, se desarrolla una arquitectura de fábrica que se va perfeccionando cada vez más hasta el siglo VIII de nuestra era. |