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La gran mayoría de los edificios de los siglos VIII y IX que se alzan en las ciudades mayas de Yucatán forman parte de la arquitectura Puuc. Estas ciudades, que se llaman Kabah, Sayil, Labná, Xlapak o Chacmultún [FIGURA 1-2], constituyen una verdadera constelación de monumentos de gran interés al sur de Uxmal, que probablemente era la capital de los soberanos yucatecas. Uno de los centros que más nos pueden enseñar es precisamente Kabah, cuyos palacios han sido objeto de recientes excavaciones y restauraciones. El Codz Poop, o Palacio de las Máscaras —el edificio más notable del emplazamiento— presenta una fachada enteramente cubierta de máscaras del dios Chac [FIGURA 3-4]. Estas máscaras de piedra son todas idénticas: se superponen desde la base hasta la cornisa y se yuxtaponen a lo largo de todo el edificio; de ellas sobresalen los ganchos de piedra que forman la nariz de la divinidad. Este palacio no tendría menos de 260 efigies del dios de la lluvia. Tanta acumulación forma una letanía obsesiva, basada en una repetición invariable, que es la que da fuerza a su hechizo. La impresión que producen estos motivos estereotipados provoca una especie de embriaguez, una verdadera hipnosis. También aquí —como en la Casa del Gobernador de Uxmal— las leyes de la producción en serie y del reparto de trabajo saltan a la vista. Estas fórmulas son las únicas que han permitido llevar a cabo, con la suficiente precisión, una construcción de este tipo. Puede que el número de máscaras de la divinidad (260) tuviera algo que ver con el número de días del calendario sagrado de los mayas. En todo caso, la edificación, de 45 m de largo, con sus cinco puertas orientadas hacia poniente, que dan a dos hileras de cámaras y sobre las que antiguamente se alzaba una crestería horadada por grecas en sucesión, tiene un aspecto imponente. Domina una explanada artificial por la que asciende una escalinata axial muy ancha, que conduce a un altar, y descansa sobre un zócalo atravesado en toda su anchura por una última escalinata. En el interior del edificio en forma de paralelepípedo [FIGURA 5], la sala que ocupa el centro de la fachada presenta una decoración original: para penetrar en la segunda cámara, hay que franquear un umbral subiendo tres peldaños; estos escalones forman una nueva máscara de Chac apoyada en el suelo a modo de grada [FIGURA 6]. La nariz en forma de «trompa» ha sido ensanchada para facilitar su función de escabel solemne. Se presenta como una «estera enroscada», término que corresponde al apelativo maya de Codz Poop. En cierto sentido, este motivo, situado en el vano de la puerta, evoca el ritual del tránsito a la otra vida, que estaba en relación con las bocas de serpiente abiertas de par en par de las construcciones de estilo Chenes. Al este, la fachada de otro palacio de Kabah, mirando a Levante, ha sido objeto de excavaciones y restauraciones que sacaron a la luz en 1992 notables ejemplos de estatuas de grandes dimensiones [FIGURA 7]. Estas efigies en relieve muestran a personajes erguidos, con una curiosa estilización de la figura humana, que es lo más parecido a un robot. Rigidez, esquematización de las manos en forma de ganchos, rostro inexpresivo cubierto de cicatrices, y un tocado en forma de corona, caracterizan a estas esculturas talladas en caliza. Al parecer, representan el culto consagrado a los soberanos mayas en las postrimerías de la época clásica. Un fragmento de una de estas estatuas, expuesto en el Museo de México, ha sido bautizado con el nombre de «Rey de Kabah» [FIGURA 8]. Una estatua de este tipo, situada a cierta altura, contra la fachada del palacio, evoca —salvando las distancias— la ornamentación de los frontones de los templos de la antigüedad clásica: colocada sobre un soporte que tiene la función de modillón o de ménsula, y rematada por una máscara de Chac que forma una especie de dosel, la obra está flanqueada por efigies análogas. Más que de una galería de antepasados míticos, se trataría de soberanos «divinizados». Respecto a las puertas de este edificio, sus jambas están adornadas con hermosas escenas en bajorrelieve que muestran figuras lujosamente engalanadas con plumas y complicados sombreros, hechos de armas y flechas [FIGURA 9]. También aquí, la iconografía parece remitirse a acontecimientos históricos concretos, más que a una mitología, tal y como se ha podido observar al descifrar la escritura jeroglífica. Como en la mayoría de los emplazamientos mayas aludidos anteriormente, los palacios de Kabah están situados alrededor de explanadas elevadas. Rodean una" serie de terrazas artificiales a las que se accede a través de anchas escalinatas que articulan el plan urbanístico. |
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| EL GRAN PALACIO DE SAYIL | |||||||||||||||||||||||||||
| No lejos de Kabah, el emplazamiento de Sayil es célebre sobre todo por su gran palacio escalonado de tres niveles
[FIGURA 10]. Este edificio se inscribe dentro de una planta de 85 x 40 m. [FIGURA 11] Tiene, como en Edzná, una imponente escalinata
axial que, con sus tres rampas, permite alcanzar las habitaciones situadas en el piso superior, con siete puertas. La abertura central da a dos salas situadas una detrás de otra, mientras que
las seis habitaciones laterales —tres a la izquierda y tres a la derecha— sólo tienen un espacio abovedado. En la planta intermedia —una especie de piano nobile [FIGURA 12]— están las viviendas más interesantes del palacio de Sayil. En efecto, en lugar de una simple puerta cuadrada, cada una de estas viviendas está provista, en la fachada, de un gran vano que un par de columnas subdivide en tres aberturas que forman un pórtico [FIGURA 13]. Estas columnas redondas, monolíticas o en dos trozos (tambores), están rematadas por un ábaco. Sostienen el friso jalonado por divinidades (en particular las efigies del «dios tutelar» y de Chac, dios de la lluvia, así como de las serpientes cósmicas representadas de perfil, con la boca abierta de par en par). Hay que señalar que el dios tutelar —que aparece aquí y al que volveremos a encontrar en Tulum— es una extraña representación de un personaje mítico, colocado boca abajo y de espaldas, con las piernas en el aire, dobladas a la manera de un sapo. Este ser que parece sumergirse en el mar sería la imagen del sol que baja hacia el horizonte. Por cierto, adorna una fachada acariciada por los rayos del sol poniente. A nivel de las aberturas, entre los pórticos, unas hileras de balaustres anillados, estrechamente yuxtapuestos en entrepaños decorativos, se van sucediendo en la fachada, reproduciendo en piedra la arquitectura realizada originariamente con materiales perecederos. Asimismo, los cilindros de piedra contribuyen a resaltar los frisos, introduciendo un ritmo vertical que contrasta con las formas horizontales de la deidades. Finalmente, unos pequeños cilindros, situados entre dos molduras salientes, forman unas cornisas que rodean toda la fachada. Por lo tanto, excepto las esculturas, que son muy estilizadas, siempre hay cornisas modeladas, con un estilo que recuerda los orígenes en madera de la construcción, que son la verdadera inspiración de la ornamentación arquitectónica. EL ARCO TRIUNFAL DE LABNÁ |
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