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Los Mayas: palacios y pirámides
VII. Diversidad de las ciudades yucatecas: el Chichén Itzá maya
         
 
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  VII. CIUDADES YUCATAN  
Palacios y arcos
El Chichén Itzá maya
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  TABLA CRONOLOGICA  
  GLOSARIO  

 

FIGURA 1: CENOTE

Figura 1

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LA CASA DE LAS MONJAS Y LA IGLESIA

FIGURA 2

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FIGURA 3

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FIGURA 4

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FIGURA 5

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FIGURA 6

Figura 6

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       Se distinguen, como vamos a ver en el capítulo siguiente, dos períodos de actividad arquitectónica en la ciudad de Chichén Itzá, que, bajo la influencia de unas corrientes culturales traídas por conquistadores procedentes de los altiplanos mexicanos, se convertirá, en el siglo X, en la capital de Yucatán.
     La primera de estas fases es puramente maya. Sus monumentos se sitúan en continuidad directa con el estilo Puuc. Encontramos aquí —como en los edificios de Uxmal, Kabah, Labná o Sayil— los frisos de balaustres, las máscaras de Chac, las celosías, etc. Respecto a la segunda, estará marcada por la intrusión de formas toltecas, que transformarán radicalmente la arquitectura.
     Chichén-ltzá, situada en el centro de la parte septentrional de Yucatán, está provista de dos cenotes. El uno, inaccesible, estará reservado a las ceremonias religiosas, y en particular a los sacrificios humanos de jóvenes que serán arrojados a él, como enviados a las divinidades del más allá [FIGURA 1]. El otro, llamado cenote de Xolotl, asegura la vida diaria de los habitantes del emplazamiento. En efecto, la presencia de estos «agujeros de agua» en la superficie cárstica es una verdadera suerte, porque permite aprovisionar a las poblaciones que vienen a sacar agua directamente de la capa freática.

La Casa de las Monjas y la Iglesia
     Los nombres que se han dado a ciertos edificios mayas proceden, como los de Uxmal, de las denominaciones adoptadas por los primeros conquistadores españoles. La Casa de las Monjas y la Iglesia son los nombres de dos construcciones de la vieja Chichén Itzá, que datan de la época maya y ocupan la parte meridional del emplazamiento.
     El primero es un edificio enorme que fue construido en varias fases. La construcción principal es una estructura rectangular alta, de muros casi verticales sin ornamentación y cuyos ángulos son redondos [FIGURA 2]. Una gran escalinata sube con una sola rampa por la cara norte. Sobre la plataforma superior, hay un palacio que presenta a lo largo de toda su fachada hermosos motivos formados por cuatro grecas en sucesión opuestas entre sí, que se despliegan sobre un fondo de balaustres o de cilindros. Las fachadas laterales están cubiertas de mosaicos con motivos de celosía. La cubierta, en lugar de sostener un friso, se inclina al modo de los tejados tipo mansarda de Palenque. Una nueva escalinata permitía acceder, sobre la plataforma superior de este edificio, a una tercera planta actualmente en ruinas.
     Al este de la construcción principal, y formando un «anexo» de estilo muy diferente, se alza la parte más interesante [FIGURA 3]. Las formas que aquí se expresan son una combinación de los estilos Puuc y Chenes: encontramos la boca abierta de par en par de la Serpiente Cósmica, con sus dientes en voladizo por encima de la puerta axial, así como un friso de máscaras de Chac que ocupa los entrepaños y las esquinas de la edificación [FIGURA 4]. En medio de la abundante ornamentación que cubre toda la fachada [FIGURA 5], desde la base hasta la cornisa, la ubicación central del friso está reservada a una escultura que probablemente simboliza —como la del medio de la fachada de la Casa del Gobernador en Uxmal— al rey, al soberano divinizado, tocado con plumas y entronizado en una especie de «aureola en forma de almendra», símbolo de su esplendor sagrado [FIGURA 6].
     Junto a esta construcción, la Iglesia es un pequeño edificio de una sola cámara, parecida a una capilla rectangular. Sobre una planta muy sencilla, presenta un alzado de una notable transparencia: el nivel inferior, en el que se abre la única puerta de acceso, no tiene ninguna ornamentación. Es liso. En su origen, debió estar escondido, ya que su superficie estaba estucada y blanqueada con una lechada de cal.
     A nivel del friso, aparece una franja de grecas rematada por grandes mascarones de Chac, uno sobre la puerta, los otros en las esquinas. Encima de una cornisa saliente se alza el tercer elemento de la construcción: se trata de una importante crestería ornamental, que repite —pero esta vez calados— los distintos motivos del friso como para afirmar mejor el sistema ornamental de la construcción.
     El análisis del acabado de los elementos decorativos de la Iglesia revela —como ocurre con la fachada del anexo de la Casa de las Monjas— que tanto el friso como la crestería estaban abundantemente estucados y pintados. Da la impresión de que en Chichén Itzá se recurrió a un yeso más espeso que el de las construcciones de Uxmal y de los otros emplazamientos Puuc. Probablemente, los arquitectos de Chichén Itzá intentaban de ese modo tapar las manchas negras que afectan a la piedra local.

 
      El Caracol, u observatorio de Chichén Itzá  
 

EL CARACOL

FIGURA 7

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FIGURA 8

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FIGURA 9

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FIGURA 10

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FIGURA 11

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FIGURA 12

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       No lejos de la Casa de las Monjas, hay un gran edificio que sorprende al visitante por la presencia incongruente de su elevada estructura cilíndrica, forma inusitada en la arquitectura maya [FIGURA 7]. Esta construcción, en la que se ha reconocido un observatorio astronómico, ha sido bautizada con el nombre de Caracol debido a su curiosa organización interna, basada en un sistema de círculos concéntricos y espirales.
     El edificio se levanta sobre una plataforma de 75 x 57 m, coronada a su vez por una terraza de 26 x 30 m. Dos rampas de escalinatas conducen a una estructura cilíndrica de una extraordinaria complejidad. Sobre una base redonda de 18 m de diámetro, la torre, que ofrece los tradicionales frisos de estilo Puuc, con sus cornisas salientes, no supera los 14 m de diámetro por 11 m de alto. Está rematada, a su vez, por una cámara elevada desde donde se observaban los astros. Esta «atalaya» se alza 28 m sobre el nivel del suelo [FIGURA 8].
     La construcción de la torre del Caracol merece un examen detallado, ya que presenta una serie de innovaciones técnicas y arquitectónicas interesantes [FIGURA 9]. La planta corresponde a tres cilindros concéntricos separados por bóvedas anulares. El cilindro externo es horadado por cuatro puertas orientadas hacia los puntos cardinales. Un «pasillo» anular lo separa de un cilindro mediano de 8 m de diámetro. Este segundo aro está provisto de cuatro puertas situadas al tresbolillo con respecto a las puertas externas. También ofrece una cubierta abovedada y contiene un cuerpo central de mampostería, macizo, en el que un estrecho pasaje en espiral (que da su nombre al edificio) permite acceder a la cámara superior, que está provista de troneras para la observación de los astros.
     Este monumento de carácter funcional está tan bien hecho que los arqueólogos de la primera mitad de este siglo han conseguido interpretarlo, a pesar de que una parte de la cámara para la observación astronómica se haya desplomado. En efecto, las tres «troneras» que se han conservado ofrecen la suficiente información como para que sea posible comprender la utilidad de este observatorio, que sin duda puede considerarse como una de las obras más importantes de la civilización maya [FIGURA 10-11].
     El principio de las observaciones astronómicas [FIGURA 12] se basa en la coincidencia entre dos ángulos de paredes en el interior de una abertura en forma de tronera: por ejemplo, a la izquierda el ángulo externo, y a la derecha el ángulo interno de la abertura. Este método permite efectuar observaciones de una gran precisión. Estudiando los resultados proporcionados por la cámara superior del Caracol, constatamos que el primer vano de observación nos da la dirección exacta del sur, el segundo la puesta de la luna el 21 de marzo, el tercero la dirección del oeste, así como la puesta del sol en los equinoccios —el 21 de marzo y el 21 de septiembre—, y finalmente una segunda observación por la misma tronera corresponde a la puesta del sol en el solsticio de verano, el 21 de junio. Estos datos son los fundamentos del sistema: de alguna manera son la abscisa y la ordenada sobre las que se sitúan las observaciones particulares de la astronomía maya. Es una orientación general, indispensable para los cómputos que se harán después. A partir de este instrumento, sencillo y a la vez muy sofisticado para una civilización agrícola que acababa de salir del neolítico, los mayas obtuvieran resultados de una precisión asombrosa.
 

 

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