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SANT PONÇ
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FIG. 1: CABECERA
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FIG. 2: MUROS
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POMPOSA
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FIG. 3: FACHADA
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FIG. 4: DECORACION
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CARDONA
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FIGURA 5: INTERIOR
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FIGURA 6: PLANTA
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FIGURA 7: CABECERA
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La primera etapa del
románico corresponde a una realidad arquitectónica meridional. Desde el
norte de Italia hasta Cataluña, pasando por el sur de Francia, se difundió
con rapidez un tipo de edificio religioso muy característico: sillería más
bien pequeña, con piedras obtenidas simplemente a golpe de martillo y dispuestas
en hileras bastantes regulares para imitar un aparejo de ladrillos
[FIGURA 1 y 2]. A menudo,
los edificios adoptaron una planta basilical clásica de una o varias naves
(Ripoll, Cardona, Tournus), pero también nos han llegado edificios de planta
central inspirados en la Antigüedad clásica tardía. En ocasiones se añade
un transepto, aunque de dimensiones reducidas, tanto por su altura como
por su longitud. La principal innovación de este período fue la utilización
de bóvedas de piedra en todas las partes de la construcción. Las primeras
naves abovedadas presentan una bóveda de cañón continua, sin arcos fajones
e inspirada en los modelos romanos. Con el tiempo, la nave central adoptó
una bóveda de cañón de arcos fajones, y en las laterales se recurrió a la
bóveda de arista.
La iglesia de San Martín del Canigó, consagrada en 1909,
constituye uno de los primeros edificios cubiertos completamente por bóvedas.
Cuenta con una iglesia inferior y otra superior, que se superponen, y adoptan
la misma planta: tres naves con bóvedas de cañón prolongadas en los ábsides.
Los problemas de equilibrio que supone esta superposición de dos construcciones
abovedadas obligaron a modificar el proyecto inicial: los tres tramos orientales
de ambos niveles presentan pequeñas columnas monolíticas de granito; las
columnas de la plataforma se incluyen en macizos de mampostería y los arcos
están reforzados. En los tramos occidentales de la iglesia inferior aparecen
poderosos pilares cruciformes y las tres bóvedas de cañón quedan reforzadas
por arcos fajones; en cambio, se mantienen las columnas monolíticas y las
bóvedas de cañón continuas de la iglesia superior.
En los inicios del románico, estas primeras experimentaciones
con la técnica de la bóveda se limitaron a naves de pequeñas dimensiones.
Con la aparición del arco fajón, el pilar adoptó forma de cruz y se vio
reforzado gracias a los resaltes y las columnas adosadas: además, servía
de soporte a las grandes arcadas de los tramos que imprimían ritmo al espacio
interno. En efecto, los tramos dieron lugar a una arquitectura articulada
que caracterizaría toda la Edad Media. Los muros presentaban un gran espesor
y las escasas ventanas eran estrechas. El ábside quedaba elevado por la
presencia de la cripta, la cual disponía de una sala columnada, baja y abovedada,
poco profunda, con la misma forma y dimensiones que la cabecera del edificio.
Las criptas de los primeros tiempos del románico meridional resultaban muy
apropiadas para el culto de las reliquias, que no cesaba de aumentar. En
contadas ocasiones, las criptas se extendían bajo la superficie del transepto.
Así pues, el ejemplo de la cripta de la iglesia de San Martín del Canigó,
del mismo tamaño que la iglesia superior, resulta excepcional.
Otro aspecto característico de este estilo lo constituye
la torre octogonal que se eleva sobre el crucero, encima de una cúpula construida
sobre trompas; sin olvidarnos de los campanarios que completan estas composiciones
arquitectónicas: situados junto a la cabecera o la fachada, suelen ser de
planta cuadrangular y presentan registros superpuestos. Este procedimiento
se encuentra con frecuencia en Italia. Por ejemplo, la fachada occidental
de la iglesia de Santa María de Pomposa, en Emilia, presenta un pórtico
y un campanil de mediados del siglo XI, con no menos de nueve niveles delimitados
por una decoración de lesenas. En los dos últimos de ambos elementos se
abren sucesivamente de uno a cuatro vanos. [FIGURAS 3-4]
En estos edificios de la primera mitad
del siglo XI, desprovistos de decoración esculpida, los arquitectos crearon
una ornamentación arquitectónica original que anima el aparejo mural. Por
ejemplo, los muros interiores presentan grandes hornacinas, empleadas antaño
en los mausoleos y las salas termales de Roma, así como en las rotondas
de los baptisterios o los martyria de la época cristiana. Más adelante
se adaptarían también a las criptas y a los ábsides de las basílicas.
El exterior de los edificios del primer arte románico se
caracterizó por una ornamentación de arcaturas y molduras llamadas «lombardas».
Este último motivo se compone de molduras verticales colocadas bajo las
cornisas de arquillos encuadrados por finas pilastras llamadas lesenas.
Entre dos lesenas, el número de arcos varía: dos, tres, cuatro o incluso
más. Esta decoración se halla en los ábsides, muros laterales de la nave
o paredes de los campanarios para señalar los diferentes niveles, y en las
fachadas para marcar su estructura.
Las diferentes características de este primer románico
meridional alcanzan una enorme perfección técnica y artística en la colegiata
de San Vicente de Cardona [FIGURAS
5-6-7], en Cataluña, consagrada en 1040: una nave amplia y elevada,
con bóveda de cañón y arcos fajones que descargan en los almohadones de
macizos pilares, se encuentra dividida en tres tramos cuadrados de la misma
dimensión que el crucero, que sirve de módulo. Sobre el crucero se alza,
por medio de trompas, una cúpula bastante baja y repleta de estrechas aberturas.
En el exterior constituye un verdadero centro en torno al cual se disponen
las estructuras de la cabecera y los brazos del transepto. El edificio,
sobrio en extremo, presenta una decoración limitada en el exterior por bandas
lombardas y hornacinas ciegas que señalan las cornisas del coro; éstas se
hallan a mayor altura en los muros de la cabecera y el ábside.
Otra construcción de Cataluña, el monasterio de San Pedro
de Roda, consagrado en 1022, se caracteriza por su planta ambiciosa e innovadora,
cuya peculiaridad es la presencia de un deambulatorio, todavía muy arcaico
en su trazado y desprovisto de capillas radiales pero que aspiraba, al igual
que la cripta acondicionada bajo la cabecera, a facilitar el culto a las
reliquias, uno de los aspectos fundamentales de la vida religiosa de la
época. Pese a las importantes dimensiones de la iglesia, que incluye un
alzado de dos niveles, el edificio utiliza la bóveda en su totalidad.
[FIGURAS 8-9-10] |
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