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Románico: ciudades, catedrales y monasterios

II. Nuevas formas: el primer arte románico septentrional

         
 
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  II. NUEVAS FORMAS  
Prerrománico
Meridional
Septentrional
Románico
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  GLOSARIO  
 

San Jorge

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FIGURA 1: San Ciriaco

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       Al mismo tiempo que en el sur se desarrollaba ese primer románico, en las regiones del norte apareció una arquitectura muy diferente, tanto en la técnica como en la decoración y la concepción del espacio arquitectónico. El estilo otoniano se caracterizó, en efecto, por edificios particularmente amplios de tradición paleocristiana. Esta monumentalidad del espacio interior de las iglesias se explica por la conservación de la cubierta con estructura de madera en la nave central. A mediados del siglo XI, sólo las laterales presentaban estructura abovedada. Los primeros edificios del románico meridional eran, en cambio, bajos y estrechos, pues los arquitectos no debieron disponer las técnicas suficientes para construir bóvedas de piedra en edificios de grandes dimensiones. Estas pruebas iniciales con las bóvedas impusieron la división del espacio interior y la adaptación de los soportes que las sostenían.
     Estas características del tratamiento dividido del espacio se hallan ausentes de los edificios otonianos, que conservan una gran continuidad mural en las paredes de las naves, así como soportes que dan preferencia a la columna y al pilar cuadrangular. Sin embargo, en numerosas ocasiones se crea un ritmo por la alternancia de los soportes. La mayoría de las veces se trata de una columna entre dos pilares cuadrados. Esta disposición aparece sobre todo en la zona del Rin; Sajonia, en cambio, presenta un ritmo triple o ternario en el que se intercalan dos columnas entre dos pilares cuadrangulares. Es un modelo visible en la iglesia otoniana de San Ciriaco, en Gernode, fundada en en el año 961 [FIGURAS 1-2-3-4]. El edificio presenta tres naves abiertas a un transepto continuo concebido en la más pura tradición carolingia. No obstante, la presencia de tribunas y los soportes alternados resulta innovadora. Los muros laterales de la nave central muestran, entre dos pilares rectangulares, dos arcos de medio punto sustentados por una columna intermedia. En el nivel superior, a la altura de las tribunas, encontramos los mismos pilares rectangulares —superpuestos a los de la planta inferior— entre los que se insertan una serie de arcadas sustentadas por pequeñas columnas. El ritmo que se introduce con tales técnicas rompe de forma radical con la tradición de la superficie alta y desnuda de los muros utilizados hasta ese momento.
     El alzado de dos niveles de los edificios, con las grandes arcadas y los ventanales de la nave central, presenta elementos salientes que facilitan la división del espacio en tramos: las columnas, adosadas a los pilares, y los almohadones reciben, a través de capiteles cúbicos, las arcadas que encuadran los ventanales. El conjunto está tratado con gran vigor. La proyección de los arcos fajones transversales y de la bóveda sobre la nave llevó a la utilización de la estructura de tramos románica.
 
     
 

San Ciriaco

 
 

FIGURA 2

 

FIGURA 3

 

FIGURA 4

 
 
San Ciriaco
 
San Ciriaco
 
San Ciriaco
 
 

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FIG. 5: SAN JORGE

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       Por otra parte, la ornamentación se inspira en el arte antiguo, transmitido de manera directa o indirecta a través del arte carolingio. A diferencia del la decoración homogénea del primer románico del sur, la otoniana del siglo XI es muy variada, prevalece en el exterior e interior de las construcciones y perduraría a pesar de la llegada de las influencias meridionales entre los años 1025 y 1035 [FIGURA 5]. Éstas afectaron, en primer lugar, a las obras del curso medio y alto del Rin (Limburgo, Spira, Ottmarsheim, Santa María y San Marcos de Reichenau), donde se iniciaron ya varias innovaciones arquitectónicas que permitieron la transición del arte otoniano al románico.  
 

FIG. 6: SAN PANTALEON

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       La estructura exterior de los edificios también se modificó. La arquitectura otoniana había heredado uno de los modelos arquitectónicos carolingios que desarrollaba los dos extremos de las iglesias. La cabecera oriental se adaptó al culto a las reliquias. En la parte encarada al oeste, la iglesia se amplió de manera considerable bajo la forma de un cuerpo occidental o westwerk (formado por un pórtico y varias plantas, a veces con tribunas), o por medio de un contracoro con un ábside, más o menos opuesto al coro oriental [FIGURA 6].
     La ilustración perfecta de esta bipolaridad de los edificios, en su estado más elaborado, lo constituye la iglesia de San Miguel de Hildesheim [FIGURAS 7-8], fundada en 996 por San Bernardo, preceptor de Otón III y obispo de la ciudad de 993 a 1022. El edificio presenta dos polos análogos con un transepto y un cimborrio sobre el crucero. Éste es regular y uno de los más antiguos ejemplos que se conservan de este tipo de crucero, que tendría un papel destacado en la arquitectura románica, al igual que el cimborrio. Este remate se eleva en el crucero encima de una cúpula sobre trompas, como muestran la catedral de Spira o la iglesia abacial de Limburgo, en el Hardt, terminada en 1045. Adquirió planta octogonal como las torres del transepto de los primeros edificios del primer románico del sur. De todas formas, la fuerza que de ellas emana en los edificios meridionales queda aquí compensada por las torres del coro o las altas torrecillas con escaleras de caracol.
 
     
 

San Miguel de Hildesheim

 
 

FIGURA 7

 

FIGURA 8

 
   
San Miguel de Hildesheim
 
 

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