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FIGURA 1: AVILA
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En la Península Ibérica,
en cambio, aparecieron numerosos tipos de núcleos urbanos, diversidad que
se explica por la coexistencia de las civilizaciones cristiana y musulmana.
Tras la Reconquista (siglos VIII-XV), surgió un nuevo tipo de ciudad que
transformó y adaptó las antiguas ciudades islámicas a los nuevos ocupantes.
A partir del siglo XI y durante todo el siglo XII, las creaciones urbanas
se multiplicaron en los reinos cristianos del norte de la península, a menudo
gracias a concesiones y libertades otorgadas por el rey. La ciudad podía
nacer de la unión de varias aldeas, como fue el caso de Salamanca a partir
de 1147. Parece que, a mediados del siglo XII, Segovia y Ávila eran también
un conjunto de pueblos más que ciudades propiamente dichas.
La creación de una ciudad fortificada en Ávila obedeció
a razones militares, como lo prueba su muralla
[FIGURAS 1, 2 Y 3]. Soria se fundó tras la ubicación de un puesto
fronterizo en 1119 entre Castilla y Aragón. El rey Alfonso I favoreció la
llegada de campesinos, gracias a numerosos privilegios concedidos a esta
nueva ciudad, con el fin de defender su emplazamiento estratégico. Asimismo
se crearon otras ciudades en lugares clave del Camino de Santiago, como
Sahagún en 1085 y Logroño en 1095, adaptadas a la ruta de peregrinación;
las ciudades más antiguas del «camino», por su parte, modificaron su estructura
debido a la gran concentración de nuevos establecimientos; fue el caso de
Burgos, Lorca, Burguete, Castrojeriz o Estella.
Las nuevas ciudades de nueva planta cuadriculada, con dos
ejes y plaza central en la intersección, aparecieron enseguida por la península:
Sangüesa y Puente la Reina en Navarra, Briviesca en Castilla, Castellón
y Villarreal en Levante. Muchas todavía conservan en la actualidad elementos
de estas ciudades medievales: las parroquias, cuyos nombres designan también
al barrio, la calle principal porticada, la plaza mayor y los núcleos suburbanos.
En la costa catalana, las ciudades medievales conservaron
su trazado romano. En Barcelona, por ejemplo, la «ciudad antigua» se estructura
en dos ejes perpendiculares con una gran plaza rectangular en la intersección,
cuya función social se asemejaba a la del foro de la Antigüedad. Tarragona
y Gerona son el ejemplo de dos ciudades en las que apareció en torno de
la catedral, emplazada en un alto, un barrio eclesiástico semejante a una
segunda ciudad dentro de la población. |
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