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FIGURA 1:
San Gimignano
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FIGURA 2: VENECIA
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ITALIA
En Italia se puede hablar de continuidad urbana a partir
del siglo XI, y las grandes ciudades se encuentran en su mayor parte en
el norte. Algunas murallas no se construyeron hasta el siglo XIII, forzadas
por la inestabilidad militar pero también para simbolizar el poder de las
ciudades y sus prerrogativas. De todas formas, la mayoría de las ciudades
conservaron los recintos de la Antigüedad tardía. Caserta Vecchia en Campania
y San Gimignano en Toscana [FIGURA 1]
constituyen ejemplos de ciudades medievales de importancia intermedia.
La ciudad medieval conservó, en general, la planta rectangular
o cuadrada del último período de la Edad Antigua, aunque en ocasiones se
inscribía en una planta concéntrica. Al igual que en Tréveris, la catedral,
el conjunto episcopal y los monasterios constituían núcleos autónomos dentro
de la población. En el siglo XIII, la ciudad adoptó forma circular, con
una estructura central en forma de octógono. Se conservó la idea del foro
clásico, por lo que en la ciudad encontramos una plaza central con edificios
religiosos y administrativos a su alrededor. Los habitantes de los grandes
núcleos preferían organizarse en barrios según su oficio o etnia.
En Italia, Venecia constituye la única creación medieval
importante [FIGURA 2], pues todas las
otras ciudades ya existían en la Antigüedad. Las de tamaño medio presentan,
en cambio, todas las posibilidades urbanas y suelen datar del siglo XIII.
Unas se desarrollaron en las colinas, otras en las llanuras; entre estas
últimas, algunas crecieron radialmente como Aversa, cerca de Nápoles. Otras
seguían un esquema lineal (Castel San Pietro, en Emilia) o presentaban dos
ejes que se entrecruzaban (Massa Lombarda).
En Roma, la densidad y la nueva importancia que tomaba
la ciudad se superponían a la tradición y a los monumentos antiguos. El
peso del papado y las órdenes monásticas, así como el prestigio ligado a
su reputación de caput mundi, llevaron a su transformación, pero
también a conservaciones no desprovistas de interés. El siglo XII fue un
período de renacimiento en el que Roma ocupó un papel mítico para el occidente
de la cristiandad, en una época de construcciones y desarrollo urbano. Se
erigieron nuevos barrios e iglesias entre San Pedro de Roma y el castillo
de Sant'Angelo. El Capitolio volvió a ser un lugar habitado desde el que
se dominaba el Foro. Por último, la estructura de la ciudad quedó prácticamente
intacta y, con ella, el recinto romano que la rodeaba.
Conocemos el plano de Roma del primer cuarto de siglo XIII
a través de dos versiones. La ciudad, orientada hacia el este, se hallaba
rodeada por una muralla elíptica jalonada por torres. En el interior se
encontraba el Tíber, la isla, las siete colinas en la orilla izquierda y
el Janículo a la derecha. Los monumentos y las calles aparecen marcados
con claridad, entre los que destacan el castillo de Sant'Aneglo, el Panteón
y el Coliseo. Una calle recta flanqueada de arcadas unía San Juan de Letrán
con el Coliseo. Las casa solían contar con pórticos abiertos a la calle,
con arquitrabes y capiteles que se estilaban mucho en el siglo XII. Por
último, cabe destacar la importancia del aprovechamiento de material antiguo
en la plástica urbana, como ilustra a la perfección la casa llamada «Casa
di Crescenzio», de principios del siglo XII, emplazada entre el Capitolio
y el Tíber. |
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INGLATERRA
El urbanismo se desarrolló en Inglaterra a partir de 1066,
con numerosas anexiones al abrigo de monasterios y castillos. Las ciudades
también adoptaron mayoritariamente un plano lineal o radial, pero este último
tipo (como en Sarum) se halla, en proporción, menos extendido que el primero.
En Oxford, la plaza del mercado está unida a la calle, por lo que tuvo que
alargarse. Las ciudades monásticas de Peterborough y Bury Saint Edmuns (Suffolk)
ilustran la yuxtaposición del monasterio y la ciudad. La localidad feudal
de Ludlow presenta un trazado longitudinal en cuyos extremos se sitúan,
en un lado, el castillo y en el otro, la iglesia, unidos por una calle que
se alargó para incluir el mercado. Bristol y Durham se instalaron en el
meandro de un río. En las pequeñas ciudades inglesas construidas en una
encrucijada de caminos, el mercado ostentaba un lugar destacado. El trazado
radial permitía la edificación de fachadas en los caminos que conducían
a él, así como a la plaza del mercado, lo que explica en gran medida el
éxito de este tipo de trazado. |
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