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| CASTILLO DE LOARRE |
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FIGURA 1
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FIGURA 2
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En España, la construcción
militar estuvo vinculada durante el románico a la Reconquista y la repoblación.
Desde finales del siglo X hasta finales del XI —e incluso principios del
XII— se produjo en Aragón y Cataluña una colonización agrícola y militar.
En una primera fase de la conquista aparecieron construcciones defensivas
en las tierras ocupadas, erigidas para albergar núcleos que potenciaran
la agricultura. Este aspecto defensivo se haría más presente a finales del
siglo X y principios del XI, tras las expediciones del visir Almanzor.
El modelo más común presentaba una torre que en algunos
casos se hallaba adosada a una capilla y a las murallas. Cataluña se distinguió
del resto de Europa por su predilección por la torre redonda, aunque se
mantuvo la planta cuadrada. En la torre y la capilla se utilizaba mortero
y en las dependencias, piedra en seco. El donjón residencial se extendió
desde finales del siglo XI en los edificios del rey de Aragón y en los del
vizconde Arnau Mir de Tost en Llordá.
En Aragón se erigió una serie de castillos a lo largo de
la zona fronteriza. Constaban, en su mayor parte, de una sola torre rectangular,
pentagonal o hexagonal, rodeada por un somero muro. Estas estructuras albergaban
diversos edificios, pequeñas capillas, depósitos y pozos. El más famoso
de estos castillos continúa siendo el de Loarre
[FIGURAS 1 y 2], conocido por su iglesia
y emplazado a más de 1.000 m de altitud. Una parte importante de esta construcción
es contemporánea del primer arte románico meridional. El conjunto de los
diversos edificios se halla rodeado por una muralla ante la cual se eleva
el imponente donjón rectangular de más de 22 m de altura, formado por seis
plantas, con la puerta situada en la quinta. Es probable que se edificara
durante la construcción de la iglesia, a finales del siglo XII, tras la
fundación de un monasterio fortificado en 1072. Este último constituye,
junto con el pueblo que lo rodea, un buen ejemplo de la arquitectura militar
románica.
Las fortalezas de Castellar y Montearagón se transformaron,
tras la unificación de Aragón y Castilla, en verdaderos campos fortificados
destinados a contener las armas mientras se organizaba la reconquista de
las ciudades de Huesca y Zaragoza.
En Castilla existen, asimismo, donjones románicos idénticos
a los franceses. La torre de Doña Urraca en Covarrubias
[FIGURA 3], quizá date del siglo X en sus
partes más antiguas. Mide 15 m de longitud, con una amplitud de 8 m y una
altura de 18 m, y su distribución interna se asemeja a algunos donjones
del norte. Al igual que en Francia, ilustra la importancia de las viviendas
palatinas.
De todos modos, el recinto amurallado de la ciudad de Ávila
sigue siendo la obra maestra de la fortificación castellana del siglo XII.
Construido tras la reconquista de la zona, presenta planta rectangular irregular
y descansa sobre el mismo suelo, sin foso alrededor. La cortina alcanza
los 12 m de altura y se halla jalonada y reforzada cada 20 m por torres
semicirculares macizas por las que transcurre el camino de ronda. La ciudad
se transformó en una auténtica fortaleza colectiva. La catedral se integra
en la muralla adoptando su forma, al igual que las casas de los notables,
para así garantizar la defensa. |
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