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Las religiones del Irán antiguo |
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... viene de la página anterior Hay que mencionar que la reconstrucción de la religión mazdeísta y de su evolución no está exenta de fuertes divergencias que dividen a los especialistas. Este estudio expresa un punto de vista autorizado, pero no el único defendido en el debate actual. En este breve resumen mantenemos que la primera fase del zoroastrismo, representada por la literatura gática y, en general, por la literatura avéstica antigua, puede definirse como una religión monoteísta con una ética dual. Zaratustra adopta a Ahura Mazda como único dios creador y ordenador del mundo [FIG. 4], lo que establece una base monoteísta. Este dios funda la realidad según el principio cosmológico del orden cósmico y divino (asha- en avéstico), diametralmente opuesto al concepto del caos, la mentira y el engaño (druj- en avéstico). Estos conceptos no deben entenderse tan sólo en clave moral, sino cosmológica y ética sobre todo. Las antiguas divinidades de la tradición politeísta, los «daiva», que se corresponden con los devas del Rigveda, son expulsados de la esfera del asha—, es decir, de lo divino y se les niega el honor de las ofrendas. Rebajados al rango de «falsos dioses», son considerados una distorsión del pensamiento y, por tanto, privados de un verdadero estatus ontológico ya que no pertenecen a la dimensión de la «vida», como se verá más adelante, sino de la «fantasía». Tales seres siguen existiendo en el horizonte mazdeísta como una especie de residuos de la tradición politeísta, pero no como «divinidades» sino como los «dioses» de los otros y, sobre todo, como una aberración de la consciencia y fruto de una elección equivocada. De este modo entramos en el tema de la libertad de elección y el libre albedrío que, según la opinión de algunos intérpretes de la religión zoroástrica, es la piedra angular del pensamiento de Zaratustra. Según el Yasna 30, 3-5, los dos espíritus primigenios, Spenta Mainyu —el espíritu del engrandecimiento y el bien— y Angra Mainyu —el espíritu antagonista—, que pueden considerarse como la manifestación de la facultad de libre pensamiento, eligen libremente entre dos principios opuestos entre sí: entre asha- y druj—, orden y caos, vida y no-vida. Cabe destacar que el zoroastrismo inicial no recurre a ningún tipo de construcciones mitológicas, al contrario, muestra una tendencia claramente antimitológica, fruto de un pensamiento fuertemente abstracto y simbólico, pensamiento que, por ejemplo, se manifiesta en la elaboración de toda una serie de entidades o figuras —en número aún indeterminado y con diferentes grados de personificación en el Avesta antiguo— que representan diferentes aspectos del Ahura Mazda único. Se trata de los llamados Amesha Spentas, los «espíritus inmortales», seis de los cuales se verán canonizados en el Avesta reciente. El zoroastrismo no parece ser una doctrina de creatio ex nihilo, pues esto es algo que parece hallarse muy alejado del pensamiento indoiranio; sin embargo, tampoco se encuentra ningún mito de la creación propiamente dicho que justifique el acto de creación de Ahura Mazda. La creación es dada como algo a priori, que debe contemplarse a la luz de un antagonismo radical entre los dos principios opuestos asha- y druj- y, sobre todo, como consecuencia derivada de la elección primigenia tomada por los dos espíritus gemelos, Spenta Mainyu y Angra Mainyu. El punto de vista profundamente humano que emana de los escritos gáticos no entra en absoluto en el campo de una definición teológica del status quo ante deum (en caso de proponerse realmente un concepto de este tipo). La existencia de Ahura Mazda se presenta más bien como un «hecho» en sí y por sí mismo, sustancialmente intangible e indefinible desde el punto de vista humano en cuanto que se circunscribe a la autonomía de la divinidad única y suprema. Muy interesante resulta también la teoría de los dos estados del ser que ya encontramos en la literatura en avéstico antiguo, pero que va evolucionando a lo largo de toda la tradición
zoroástrica hasta los textos medievales. La obra creadora de Ahura Mazda se despliega tanto en un plano «mental» (mainyava- en avéstico; menog en pahlevi) como «vital» (gaeithya-
en avéstico; getig en pahlevi), pero esta distinción no se traduce en un antagonismo dual y radical entre «espíritu» y «materia», como ocurre en el maniqueísmo: sólo Ahura Mazda posee el
poder de generar y dar vida y con ello también la corporeidad física de lo creado. Por el contrario, Angra Mainyu y los daivas son completamente incapaces de crear algo vivo, pues su finalidad
intrínseca es la negación absoluta de la vida mediante la no-vida, la muerte y la destrucción del orden cósmico. Bajo este punto de vista, Angra Mainyu provoca únicamente contracreaciones subordinadas
a la obra creadora y vital de Ahura Mazda. Por tanto, la superioridad ontológica de Ahura Mazda y de su creación sobre la negatividad nihilista y mortífera del tenebroso Angra Mainyu se manifiesta
en la realidad corpórea, en la dimensión de la existencia plena, encarnada principalmente por los hombres. |
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