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II. Historia de Irán
II. Historia de Irán: de la prehistoria a la época meda
II. Historia de Irán: de los aqueménidas al Islam
El imperio aqueménida desde Ciro el Grande hasta Darío III (550-330 a.C.)
Persia en tiempos de Alejandro y los seléucidas (330-140 a.C.)
Los partos desde Arsaces I hasta Artabanos IV (247 a.C.-224 d.C.)
Los sasánidas desde Ardashir I hasta Yezdigerdes III (224-651 a.C.)
Irán durante los primeros siglos de dominación musulmana
Bibliografía
 
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  II. Historia de Irán: de los aqueménidas al Islam  

El imperio aqueménida desde Ciro el Grande hasta Darío III (550-330 a.C.)

             
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Desde la victoria de Ciro sobre Nabónido, los persas poseían una frontera común con los egipcios, la última gran potencia que quedaba en Oriente Próximo. Su rey Amasis, viéndose privado de todos sus aliados, para conjurar el peligro persa construye una poderosa fuerza naval con el apoyo del tirano Policrates de Samos —que representaba una amenaza para los persas al este del Egeo— y planea ocupar la isla de Chipre como base de su flota. La respuesta de Cambises, hijo de Ciro, es la construcción larga y costosa de una potente flota propia, tripulada por expertos marinos súbditos del reino y comandada por persas, y la ampliación de sus puertos. Se apodera de Chipre y se pone en contacto con tribus árabes que le ayuden a atravesar el Sinaí. La campaña de Egipto termina con la victoria de los persas en Pelusio (525 a.C.), la conquista de Menfis y la captura del rey Psamético III. Fue una rotunda victoria militar gracias a la sumisión voluntaria de los pueblos vecinos del Oeste, a las iniciativas diplomáticas destinadas a proteger la frontera sur y al control de los grandes oasis del Oeste.

Aplicando en Egipto el modelo político que su padre había mantenido en Babilonia, Cambises intentó ganarse la lealtad y el apoyo de la elite local orientando su política y representación soberana hacia modelos egipcios. La inscripción del funcionario Udjahorresnet nos demuestra que sus esfuerzos no fueron vanos. No obstante, la reducción que experimentan los ingresos de los templos egipcios en la era de Cambises y, sobre todo, las negativas experiencias sufridas posteriormente por los egipcios durante los fracasados levantamientos de los años 486-485 y 460-454 a.C. revocan la imagen positiva del conquistador. Herodoto describe al rey de los persas como un déspota brutal, casi maníaco, que no tiene misericordia ni consideración alguna por el modo de pensar y actuar egipcio.

Probablemente, las excesivas cargas financieras y militares impuestas a la población para costear el armamento dirigido contra los egipcios, las tensiones entre el Gran rey y la poderosa aristocracia persa, así como la lucha por el trono contra su hermano Bardiya fueron los motivos que precipitaron una profunda crisis política durante la estancia de Cambises en el Nilo, de la cual hay constancia en la inscripción de Behistún [FIG. 2] y también en Herodoto. El desenlace de esta crisis todavía sigue siendo hoy en día objeto de controversia. Según parece, un mago meda llamado Gaumata, a quien Cambises había permitido regresar a Persia como funcionario político, utiliza el descontento de los persas a propósito de su rey y del asesinato de Bardiya para hacerse pasar por hermano del rey, subir al trono y ganarse el apoyo de la población mediante una serie de medidas populares: moratoria de los impuestos y del servicio militar. No obstante, otros historiadores estiman que fue el propio Bardiya quien se alzó contra su hermano. No está claro si Darío I —a quien debemos la versión de Gaumata— fue quien, tras la muerte de Cambises a su regreso de Egipto, elimina en un golpe de mano a Gaumata/Bardiya con unos pocos fieles y debe ser considerado regicida —y embustero— o no, pero en todo caso fue un usurpador, ya que no poseía ningún derecho especial al trono. Buena prueba de ello es que él mismo ordenó establecer una relación genealógica entre la estirpe de Teispes y Ciro y su propia estirpe aqueménida, para legitimar así su derecho al trono, tal como aparece reflejado en Behistún y en Herodoto. El impacto del vacío político dejado por la muerte de Cambises queda constatado por numerosos y elocuentes testimonios, según los cuales, Darío sólo pudo llegar a ser rey con mucho esfuerzo y reprimiendo revueltas frecuentes (522-521 a.C.) con una brutalidad extraordinaria.

Pero Darío no hubiera logrado nunca sus fines si no hubiera contado con el apoyo de una parte de la aristocracia persa descontenta con Cambises y/o Bardiya/Gautama. El proceso de formación del imperio y la expansión territorial, así como los esfuerzos militares, políticos y fiscales, habían provocado un evidente disentimiento entre el Gran rey, la nobleza y la población persa en cuanto al rumbo del desarrollo político y al papel de gobernantes, nobleza y súbditos. El hecho de que Darío consiguiera mantener la unidad del imperio, obtener el respaldo de la aristocracia y asegurar para su dinastía el derecho al trono constituye una prueba de su destreza política y diplomática, de su talento militar y de su falta de escrúpulos. El monumento de Behistún es una clara muestra de estas «habilidades».

Desde distintos puntos de vista, el reinado de Darío I representa una etapa especialmente importante en la historia del reino aqueménida: es la fase de mayor extensión del imperio, de reformas fiscales y administrativas decisivas y del desarrollo de una ideología específica en materia de soberanía y poder. Por ello resulta tanto más lamentable que poco después de la subida de Darío al trono se inicie la fase peor documentada de la historia aqueménida en lo que a acontecimientos históricos respecta o, mejor dicho, la que se ha documentado con mayor parcialidad. Parcialidad que también encontramos en la historiografía griega y en los libros del Antiguo Testamento, que sólo se concentran en las relaciones greco-persas o en las provincias occidentales del reino. Las inscripciones de Behistún dan cuenta de las empresas de Darío contra Elam y los escitas de Asia Central durante su segundo y tercer año de mandato, pero no hay ninguna mención posterior en fuentes persas. De Babilonia nos llegan dos crónicas de la época de la caída del imperio persa (345-343 a.C.) y del período de Alejandro y también hay cierta información histórica en los Diarios astronómicos, que no siempre son fáciles de interpretar. Casi todos los indicios restantes de acontecimientos históricos no proceden de la tradición autóctona, sino de la extranjera, a menudo con un propósito claramente antipersa.
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