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Los sasánidas desde Ardashir I hasta Yezdigerdes III (224-651 a.C.) |
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Al igual que sucede con los partos, la información que poseemos sobre los objetivos y las empresas en política exterior de los sasánidas es muy limitada. Más conocida es la situación en la frontera occidental. Durante el reinado del fundador del imperio, Ardashir (224-239/40?), todos los territorios del antiguo reino de los partos, incluida Armenia, cayeron en manos sasánidas y a partir de este momento es posible determinar la ofensiva política contra Roma. En este sentido, Shapur I (240-271/272) tuvo más éxito que su padre ya que sus expediciones de guerra no sólo comprendieron Armenia sino que llegaron incluso a hacer temblar los cimientos del imperio romano: por lo menos sus ejércitos se abrieron paso hasta Antioquía y Capadocia y por primera vez un emperador romano, Valeriano, cayo en manos del enemigo [FIG. 56]. A pesar de los posteriores reveses —por ejemplo, contra Odenato de Palmira-y si hacemos caso de su relato de los hechos, Shapur consiguió dominar la zona, al menos desde Mesopotamia en Occidente hasta Peshawar en Oriente. A finales de siglo, las luchas por el trono y la política agresiva llevada a cabo por Diocleciano en el Este hicieron que los sasánidas perdieran durante varias décadas los territorios situados al este del Tigris y de Armenia. No se logró olvidar la «Paz vergonzosa de Nisibis» (297-298) hasta Shapur II, quien tras largas luchas consiguió rechazar a Juliano el Apóstata [FIG. 21] ante Ctesifonte, y también arrebatar a su sucesor, Joviano, amplias zonas de los territorios perdidos. Como consecuencia de estas guerras, en el imperio sasánida se iniciaron duras persecuciones contra los cristianos, los cuales, al no hallarse separados cristológicamente de sus compañeros de fe occidentales y hallarse protegidos por el emperador romano Constantino, convertido al cristianismo, eran considerados por las autoridades sasánidas como partidarios de los romanos. En el año 387 la región oriental de Armenia volvió a formar parte del imperio sasánida. En el 408/409, romanos y sasánidas acordaron un reglamento satisfactorio para ambas partes. Durante los cien años siguientes los sasánidas sufrieron el acoso de los heftalitas o «hunos blancos», que habían avanzado desde Dzhungaria hacia Asia central y controlaban la Sogdiana, Bactriana, la parte occidental de la cuenca del Tarim y el noroeste de la India. Firuz (459-484 d.C.) fue duramente golpeado por este pueblo dos veces (465 y 484, [FIG. 21]) y forzado a una dependencia tributaria que hizo que el imperio, también a consecuencia de las hambrunas, se viera al borde del derrumbamiento. Se sucedieron revueltas populares influidas por las reivindicaciones ético-religiosas de un hombre llamado Mazdak que exigía la repartición equilibrada de las posesiones, reivindicaciones que iban dirigidas básicamente contra la nobleza, la cual obligaba a prestar servicios y pagar tributos a gran parte de la población. Tras obtener el apoyo inicial del rey Kavad I [FIG. 21], que fue derrocado temporalmente por la aristocracia debido a dicho apoyo (496), los levantamientos revolucionarios fueron sofocados sangrientamente por el propio rey y su hijo Cosroes I. Ambos utilizaron la debilidad de la aristocracia para realizar reformas fundamentales de tipo social, económico y militar: se definió la propiedad y se introdujo un impuesto territorial fijo en lugar de un impuesto variable sobre los beneficios. Tras realizar un censo nacional clasificado según el tipo de bienes, se fijó de nuevo la tributación. Se dividió el reino en cuatro zonas militares y unas unidades especiales se encargaron de las tareas de control y seguridad de las fronteras. El monarca también estaba interesado en conseguir una nueva elite en la corte y en la administración, que debiera sus privilegios únicamente al favor del rey y no a su nombre o a su origen, y en favorecer a la baja nobleza terrateniente. Con el fin de obtener paz y estabilidad en la política interior, Cosroes también se mantuvo activo en política exterior. En el año 540 rompió la «paz eterna» que había sellado con el emperador bizantino Justiniano y, mediante un nuevo acuerdo con Bizancio en el 562, volvió a aumentar el pago de tributos acordado en el 532. Asimismo, con la conquista del sur de Arabia y la expulsión de los aksumitas (etíopes), aliados con Bizancio, debilitó indirectamente la posición del enemigo en Occidente. En Oriente, hacia el 560, consiguió destruir el imperio de los heftalitas con ayuda de los turcos occidentales. Durante el reinado de Cosroes I [FIG. 21] se alcanzó también el apogeo cultural de la historia imperial sasánida. Entre los innumerables intereses del soberano, Irán se convirtió en el eje de intercambio de conocimientos entre Oriente y Occidente. No obstante, con el hijo de Cosroes, Hormizd IV (a partir del 579), se produjeron nuevos conflictos entre el rey y la aristocracia, agravados por las intensas luchas con los turcos. Esta situación pareció cambiar de nuevo, tanto en política interior como exterior, cuando el hijo de Hormizd, Cosroes II [FIG. 21], consiguió sofocar con ayuda bizantina la revuelta del pretendiente al trono, Bahram Chobin, y después, luchando contra Bizancio, pudo llegar hasta Egipto (619) y ante las puertas de Constantinopla (626). En el año 614, la cruz de Jesucristo fue trasladada de Jerusalén a Ctesifonte. No obstante, el contraataque del emperador bizantino Heraclio [FIG. 21] obligó a los sasánidas a retirarse del territorio conquistado. El propio Cosroes II fue derrocado y asesinado (628) por una revuelta de la aristocracia. Tras una fase de anarquía con regencias que no cesaban de cambiar, Yezdigerdes III [FIG. 21] subió al trono gracias al partido aristócrata de Rostam. Sin embargo, el último rey de los sasánidas no estaba en posición de defender el reino, debilitado por las guerras y los intereses particulares, frente a los ejércitos musulmanes procedentes de Arabia. Tras las derrotas de Kadesiya (636), en Irak, y de Nehaven, en Media (642), Yezdigerdes se retiró a Irán oriental, pero fue asesinado en Merv. El imperio sasánida pasó a formar parte del reino de los califas. |
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