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Introducción (II) |
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...viene de la página anterior A pesar de tratarse de un largo reinado macedonio de casi doscientos años en Irán, este período fue bautizado, no sin razón, como los «siglos oscuros» o como «interludio»(7). En muchos libros sobre arte iranio la descripción del período parto sigue directamente a la del período aqueménida. Esto se debe a la escasa herencia arqueológica que nos dejaron los macedonios, a pesar de que éstos gozaran de unas condiciones idóneas para que se produjera una explosión de arte y cultura. Alejandro logró el poder a través de sus conquistas, pero no ejerció sobre el pueblo un dominio opresor, sino que optó por una actitud más parecida a la del rey aqueménida, respetó las estructuras encontradas, confió a los aristócratas iranios tareas de responsabilidad civil y militar y organizó enlaces matrimoniales entre macedonios e iranias de clase social alta. Esta política de cohesión provocó en múltiples ocasiones la oposición de los propios macedonios de los alrededores. Los matrimonios mixtos celebrados por orden del alto poder solían durar poco, sólo se mantuvo la unión entre Seleuco I y la princesa Apame. Apame se convertiría entonces en la madre del sucesor al trono, Antíoco I, y, por lo tanto, en la progenitura de toda la dinastía seléucida hasta su final en el año 64 a.C. Las investigaciones más recientes han modificado en gran medida la concepción del imperio seléucida en Irán. Durante mucho tiempo, la tradición eurocentrista y colonialista quiso ver un intento de «macedonización» impuesto desde arriba. El enfoque de una nueva generación de investigadores resalta muy justamente los elementos orientales de dicho período, aunque ocasionalmente cayera en algunas exageraciones. Una posición intermedia —que considerara a partes iguales las estructuras y componentes orientales y occidentales, y que diferenciara entre cada una de las regiones y cada uno de los pueblos— sería el punto de vista que se acercaría más a la realidad(8). Hoy en día queda claro que los seléucidas continuaron(9) la misma política de igualdad que impulsó Alejandro y que trataron a la población local más como aliados que como súbditos. Un ejemplo de esto puede observarse con los frataraka, quienes gobernaron en Persia por encargo de los seléucidas desde finales del siglo III o principios del siglo II a.C. y que, sin embargo, continuaron las tradiciones aqueménidas(10). En un Irán más bien rural, los seléucidas fundaron
ciudades nuevas o «refundaron» otras ya existentes, quizás no en la misma
medida que lo hicieron en Asia Menor, Siria y Fenicia, pero sí en un número
digno de mención. Citaremos Epifanía (Ecbatana/Hamadán), Seléucida del Ulai
(Susa), Antioquía en Persia y Europos (Raga) en Teherán. Lamentablemente, no
se tiene suficiente información de ningún plano urbano del período
seléucida. Por esta razón no ha podido documentarse la ejecución de
estructuras urbanas habituales del helenismo, que consistían en peristilos
de tamaño uniforme, agrupados en bloques residenciales que conformaban una
estructura de calles entrecruzadas en ángulo recto, y que sí pudieron
comprobarse en otros lugares del imperio seléucida, como Antioquía del
Orontes, Laodicea y Apamea en el asentamiento primitivo del imperio al norte
de Siria(11) o
Seléucida del Tigris, Alepo (Halab) y la pequeña Duro Europos a orillas del
Éufrates. |
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