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Figura 134
   
133) Cabeza de monarca
Santuario de Shami (Khuzistán, Irán sudoccidental)
Segunda mitad del s. II a.C.
Bronce; fragmentos 1 y 2, actualmente unidos: alt. 28,3 cm, alt. de la cabeza 21,3 cm. No se conoce la altura del posible tercer fragmento, hoy desaparecido
Teherán, Museo Nacional, núm. inv. 2477
Bibliografía: Stein 1940, 150-151, tab. 4; 5,1; Ghirshman 1962 a1, 20-21, il. 26-27; Colledge 1979, 82, il. 8 b; Sherwin-White 1984, 160-161; Kawamy 1987, 27-28; Smith 1988, 30, 81, 101-102, 119, 173, núm. cat. 95, tab. 57,1; Fleischer 1991, 105-106, 117 n. 787, 143; Mathiesen 1992, 88-89 n. 11
     En 1935, habitantes de la zona descubrieron un santuario en Shami, no muy lejos de Izeh, anteriormente Mal-e Amir, al este de la antigua Elimais. El conjunto fue excavado de forma superficial en tan sólo una semana por Sir Aurel Stein (Stein 1940, 130 y p. sig., 141 y p. sig.). Dentro de un recinto amurallado de 23 x 14 m aproximadamente y en sus alrededores, aparte de un altar y doce pedestales, se encontraron numerosos restos de estatuas y estatuillas de piedra y de bronce. La mayor parte de los hallazgos, especialmente la famosa estatua de bronce [FIG. 43] (Ghirshman 1962 a1, 87-89, il. 99; Colledge 1977, 86, tab. 12; Mathiesen 1992, 166-167, núm. 80), muestran características partas y algunas piezas, como la que nos ocupa, presentan claras influencias griegas. Por el momento no se conoce quiénes fueron los adoradores del santuario (Schippmann 1971, 227-233).
     Esta cabeza, fabricada en fundición hueca de bronce, formaba parte de una estatua de tamaño ligeramente superior al natural. Los dos fragmentos grandes, cada uno de los cuales incluye aproximadamente la mitad de la cara con una oreja y parte del cuello, así como algunos mechones del flequillo, fueron unidos entre sí en época moderna. Las deformaciones, especialmente en la zona de las mejillas, confieren al rostro una apariencia muy distinta al aspecto que presentaba en la Antigüedad. Un tercer fragmento que fue hallado simultáneamente (Stein 1940, 151, tab. 5,1), que hoy en día está desaparecido y del cual se desconocen las medidas, podría pertenecer a este conjunto. Dicho fragmento reproduciría la parte superior y posterior de la cabeza, provista de mechones de cabello ligeramente ondulado.
     El tratamiento del cabello es más o menos uniforme: escuetos mechones ligeramente modelados separados mediante líneas esbozadas con prisa, pero profundamente grabadas. Una estrecha cinta de tela, anudada en la nuca y con los extremos colgantes —una diadema— indica que la figura representa a un rey. Incluso el flequillo del fragmento más grande sugiere que, más arriba, el cabello se encontraba aplastado por una diadema. Sin estudiar el original no se puede determinar si otros fragmentos de bronce hallados simultáneamente pertenecen o no a esta estatua derruida. Una mano izquierda (Stein 1940, 151, tab. 5,4), atribuida por el excavador a Zeus o a otro dios, al parecer se apoyaba sobre un cetro o una lanza: un motivo muy popular en las estatuas helenísticas de reyes.
     Los rasgos faciales del rey son poderosos y están esculpidos en altorrelieve. Muestran un mentón prominente con una hendidura situada inmediatamente por encima del mismo; labios carnosos y protuberantes; una nariz larga y enérgica, con la punta ligeramente curvada hacia abajo; mejillas lisas situadas debajo de pómulos elevados; ojos grandes, un poco hundidos; cejas marcadas, con un fuerte pliegue en la base de la nariz y arqueadas hacia abajo en los extremos, así como una frente escasa, o casi totalmente tapada por el flequillo, muy abombada en su parte inferior. Los ojos, hoy vacíos, estaban formados por incrustaciones de otros materiales: los globos oculares eran de marfil, mármol o piedra caliza; el iris, de marfil coloreado, pasta de vidrio o ámbar; las pupilas, de piedra negra o, simplemente, consistían en un agujero vacío (Bol 1985, 150-153).
     Esta cabeza fue brutalmente destruida: se le propinaron golpes con un objeto contundente, posiblemente una azada, que separó las dos mitades del rostro, desde la frente hasta la barbilla. La mejilla derecha fue aplastada y la izquierda también está deformada. La parte superior y posterior de la cabeza fueron desprendidas y la cabeza, con parte del cuello, separada del cuerpo. El excavador aventuró la hipótesis (Stein 1940, 145 plano II, 150) de que saqueadores o chatarreros rompieron las estatuas de bronce del santuario en trozos más manejables, pero no llegaron a llevarse todas las piezas. Sin embargo, los golpes propinados por todo el rostro y en las mejillas recuerdan la «ejecución» de estatuas de soberanos odiados al final de su dominio. Este tipo de acciones se pueden apreciar en otras figuras de monarcas helenísticos, como la del usurpador seléucida Diodoto "Tritón" (Fleischer 1991, 69-70, tab. 37e-41) o en la de Antíoco VI (Meischner 2001), pero también durante la damnatio memoriae, la extinción de la memoria, en el caso de los emperadores romanos, como Nerón o Domitiano (Pekáry 1985,134-142). Casi se puede percibir todavía el odio que suscitaban. Es muy posible que nuestra estatua fuera destruida en circunstancias similares. La tarea de identificar a qué monarca corresponde esta estatua también presenta dificultades. Entre los reyes propuestos figuran: Alejandro Magno, los seléucidas Antíoco I, II, III, IV y Vil, Seleuco II y el monarca local Kamnaskires I de Elimais, así como diferentes soberanos de finales del siglo IV a finales del siglo II a.C. El monarca que más veces ha sido mencionado es Antíoco IV (175-164 a.C.) que pereció durante el saqueo de un santuario en Elimais. Sin embargo, ni con Alejandro ni con Antíoco IV ni con la mayoría de los reyes nombrados existe un parecido suficiente. Además, en el estado de destrucción en que se encuentra actualmente resulta muy osado aventurar cualquier hipótesis. Una remodelación de los fragmentos y una reconstrucción del aspecto original mejorarían considerablemente las condiciones para proponer una identificación. No es muy probable que la estatua de la que procede esta cabeza fuera objeto de culto a un soberano (Sherwin-White 1984, 161 frente a Stein 1940, 155). El material de la estatua, bronce, indica que ésta estaba expuesta al aire libre y no bajo techo. Al igual que otras muchas estatuas helenísticas de reyes de las que se conservan los pedestales de piedra, sobre todo en Delfos y en la isla de Délos, nuestra estatua también debió de constituir una consagración de personas adeptas al monarca en un santuario. Apenas se conserva ninguna estatua de bronce de la época, ya que casi todas fueron fundidas para aprovechar su valioso material. Nuestra cabeza pudo eludir este destino, si bien mancillada, por lo que merece una atención especial como una de las pocas cabezas helenísticas en bronce que se conservan.
     El santuario de Shami continuó existiendo mucho tiempo durante el período parto y no fue destruido hasta el siglo I o II de nuestra era (Sherwin-White 1984, 160). (Texto redactado sin conocer la pieza original. R.F.)
   
 
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