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Prehistoria
El arte aqueménida
El arte griego antes de la época parta
El arte en la época parta
Introducción
Galería de imágenes
El arte en el Imperio Sasánida
El arte al inicio de la época musulmana
Bibliografía


Figura 38
Monedas arsácidas
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  III. Catálogo: el arte en la época parta  

Introducción (II)

             
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Pronto se hizo patente la privilegiada relación entre la corte de los arsácidas, fieles a las costumbres griegas, y las culturas de Grecia y Macedonia que se asentaron en Asia siguiendo a Alejandro y a los seléucidas. La sucesión legítima de los seléucidas en el trono iranio facilitó a los arsácidas adoptar antiguos conceptos ideológicos para su reino. Pero la influencia de la cultura griega tuvo también una considerable incidencia en ámbitos más amplios y de distinta índole, entre los que cabe destacar las grandes ciudades del imperio. Los súbditos griegos preferían concentrarse en ciudades, lo que provocó que algunas de estas ciudades llegaran a convertirse en grandes polis e incluso metrópolis, que se erigieron como centros de expansión de la cultura helenística como, por ejemplo, Seleucida del Tigris y la antigua Susa, ahora conocida como Seleucida del Ulai. Al mismo tiempo, continuaron las viejas tradiciones de los pueblos semitas, aunque se adaptaron a las formas modernas. Esto puede observarse fácilmente en las regiones del oeste del imperio, de Elimais (antigua Elam) hasta Babilonia y Asiría, regiones que en parte disfrutaron de gran libertad, a menudo bajo la dirección de las dinastías locales. Con el paso del tiempo, la cultura que vieron florecer estas provincias concibió unas obras de arte que, a pesar de permanecer dentro de los límites de una cultura común, reflejaban los conceptos locales específicos de cada provincia.

Los primeros arsácidas adoptaron la cultura helenística como el medio de comunicación universal que, ante todo, les permitiría una continuidad ideológica con sus predecesores y también mantener un delicado equilibro en política interna, ya que las comunidades griegas eran consideradas como las más prósperas y emprendedoras de todo el imperio. En vista del peso económico y comercial de estas comunidades, el griego empezó a extenderse como medio de comunicación oral, y no sorprende encontrar en las monedas representaciones e inscripciones que reflejan la relevancia política y cultural griega. No hay duda de que la cultura del mundo iranio adoptó durante aquellos tiempos varios modelos en consonancia con la cultura griega y las representaciones figurativas son un testimonio directo de las relaciones de poder del momento. Ninguna otra escena podría representar mejor la nueva situación cultural y política del imperio arsácida que la reflejada en los tetradracmas de plata acuñados por la casa de la moneda de la ciudad griega de Seleucida del Tigris: Tyche de Seleucida, aparece arrodillada ante el rey entronizado y vestido con ropajes iranios, a quien rinde un gesto de homenaje [FIG. 38]. Si bien es cierto que esta escena nos introduce en una fase avanzada del período parto, cabe destacar que los orígenes de la misma se remontan al nacimiento del imperio de Mitridates I a mediados del siglo II a.C.

Las imágenes representadas en las monedas ilustran claramente la evolución de la ideología monárquica arsácida y las diversas formas de expresar los conceptos más relevantes. La falta de obras de arte relacionadas directamente con esta dinastía convierte las monedas en el testigo principal de las tendencias que se dieron en el arte arsácida y del desarrollo de la ideología monárquica, como podemos ver a través de la sucesiva serie de retratos monárquicos que reproducen. En el momento de la creación del Estado de Partía se tomó como patrón un estilo subaqueménida que con el tiempo se transformó en helenístico, aunque, naturalmente, éste mantenía contenidos e iconografías características iranias, entre las que cabe destacar el peinado y la vestimenta. Poco a poco fueron introduciéndose elementos de un estilo propio que con el tiempo cambiaron el naturalismo griego por un estilo lineal típicamente arsácida.

Los primeros retratos monárquicos muestran todavía reminiscencias de la cultura de los sátrapas aqueménidas. El símbolo de la tiara no tenía por aquel entonces connotaciones monárquicas, sin embargo, pronto empezaron a representarse imágenes del rey con la cabeza afeitada y adornada únicamente por una diadema, que consistía en una cinta que se ataba con un nudo detrás de la cabeza y cuyos extremos aparecían reposando en la espalda u ondeando en el fondo. Este símbolo, que nosotros relacionamos directamente con la época clásica y la solemnidad de la realeza helenística, es en realidad un símbolo del poder iranio y representa uno de los atributos del rey aqueménida: es la iconografía helenística quien selecciona este símbolo entre todas las insignias del imperio aqueménida y se apropia de él. Mitridates I (171-139/138 a.C.) se retrata a partir de entonces llevando una diadema y, de hecho, así aparece en las monedas acuñadas de la recién conquistada Seleucida, donde se presenta como fundador del poder del imperio arsácida y heredero de los seléucidas. Con la llegada de Mitridates II (124/123-88/87 a. C), la tiara cambia de diseño y adopta una forma distinta a la de los primeros reyes, ahora más acorde con el nuevo imperio.
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