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Bibliografía


Figura 43
Estatua de Shami
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  III. Catálogo: el arte en la época parta  

Introducción (V)

             
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Esta nueva concepción ilustrativa, que desbarata las antiguas normas de composición, surge por primera vez en el arte del imperio parto, especialmente en las regiones occidentales. Es probable que su nacimiento se deba a los antecedentes culturales de estas regiones, decididamente «antinaturalistas» y con tendencia a priorizar la claridad casi didáctica del mensaje por encima del encanto natural de su presentación. Por otro lado, a juzgar por la escasa información de que disponemos, la situación artística de las provincias del este del imperio parece apuntar hacia una mayor persistencia de los elementos estilísticos naturalistas tan apreciados en la tradición helénica.

Los principios de frontalidad que rigen las representaciones del período parto tardío pueden observarse en el arte de las provincias y de los Estados vasallos o medio independientes, desde Elimais hasta Hatra y Dura Europos en Mesopotamia, lo que sugiere, al menos parcialmente, un arte oficial que es prácticamente desconocido para nosotros. Podemos, sin embargo, constatar que estos principios de frontalidad se extendieron más allá de los límites del imperio, especialmente hacia el Oeste, en Palmira y Palmirena, como si se tratara del vaivén de una ola, ahora en dirección opuesta al movimiento que caracterizó la época helenística.

Independientemente de sus relaciones con el arte oficial, el papel que las regiones y las ciudades desempeñaron en el panorama artístico del imperio parto no fue menos importante que el representado por la corte. En un imperio de escasa estructura centralista resulta comprensible que cada uno de los centros de gran envergadura contara con una vida cultural más o menos autónoma, rica por su diversidad de concepciones, ideas y soluciones creativas, consecuencia directa de unas condiciones locales específicas en las que el peso de la tradición resultaba determinante. Obviamente, el centro o centros de poder no dejaron de ofrecer modelos, especialmente cuando el tema estaba relacionado de algún modo con la corte. Un ejemplo de este caso sería la estela de Khwasak en Susa, mencionada anteriormente. Sin embargo, las pruebas nos demuestran la gran vitalidad de los centros regionales, a los que llegaba una estimulante diversidad de influencias.

En el marco de estos centros artísticos debemos mencionar de nuevo las ciudades griegas. Algunas, como Seleucida del Tigris, alcanzaron con los arsácidas muchos más privilegios que con los seléucidas, por ejemplo, el derecho de acuñar monedas. En su época dorada, entre el siglo I a.C. y los inicios del siglo I d.C., Seleucida era una de las mayores poblaciones civiles del mundo de la Antigüedad, y durante mucho tiempo fue el principal centro económico y comercial del imperio. Al igual que Seleucida del Ulai (Susa), Seleucida del Tigris contaba con una rica producción de figuras de terracota cuyas formas, estilos e iconografía denotaban una fuerte influencia griega. Al mismo tiempo, los artistas de ambas ciudades expresaban sus sentimientos e ideas conforme a los gustos de las poblaciones locales de Babilonia y Elimais. Las antiguas tradiciones orientales —como la representación de figuras femeninas desnudas y de pie, con los brazos sobre el pecho o caídos a cada lado— no sufrieron durante el período seléucida ningún tipo de interrupción y así pudieron ser legadas al período parto. Más adelante siguieron cultivándose, adquiriendo en ocasiones significados nuevos en relación con procesos «sincréticos». Las ciudades griegas jugaron un papel fundamental en la creación no sólo de obras maestras de estilo helenístico, sino también de otro tipo de obras caracterizadas por la mezcla de rasgos culturales diferentes tanto a nivel formal como conceptual. Estos rasgos culturales establecieron una continuidad con las tradiciones locales antiguas y pronto definieron una nueva espiritualidad de un marcado carácter heterogéneo.

Como ya hemos comentado anteriormente, la meseta iraní es la zona donde se han efectuado menos investigaciones y se han realizado menos hallazgos. Sin embargo, centros religiosos como los de Masjid-i Sulaiman y Bard-e Neshandeh permiten observar una continuidad con las tradiciones locales. Nos encontramos con santuarios construidos sobre terrazas al estilo tradicional iranio, aunque ahora muestran claramente la incorporación de modelos de la cultura oriental antigua, como es la forma de la celia —forma estrechamente ligada a las representaciones y ritos religiosos—. En la meseta se encontraron algunas estatuas. La imponente estatua de Shami [FIG. 43], seguramente una representación de un príncipe de Elimais, es una de las obras maestras entre las esculturas de bronce pertenecientes a la Antigüedad. El origen de la estatua data probablemente del siglo I d.C. y representa a un noble vestido con ropa irania —túnica corta cruzada sobre el pecho, pantalones, polainas de montar y calzado—, una torques en el cuello, pelo largo y bigote. Los característicos rasgos faciales y el suave moldeado de los pliegues de la ropa son una mezcla de la excelente destreza técnica de los artesanos iranios del metal y de la influencia helenística, consiguiendo una representación de gran armonía, característica del período parto.
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