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Galería de imágenes |
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Esta figura masculina apoya su peso sobre la pierna izquierda. El brazo derecho está extendido hacia adelante; el izquierdo, levemente acodado, discurre a lo largo del tronco. El sash que lleva retorcido sobre el hombro izquierdo es una gran capa o mantón típico de Elimais, que normalmente se llevaba de la forma que muestra esta figura. La mano izquierda reposa sobre la capa. El hombre viste una túnica de manga larga ceñida alrededor de la cintura, pantalones holgados y zapatos. La postura —en la que se diferencia la pierna izquierda de la derecha, ligeramente flexionada, creando una leve asimetría en las caderas— tiene su origen en la iconografía helenística, pero también se encuentra en obras artísticas mesopotámicas e iranias del período parto, por lo que podemos concluir que se trata de un elemento iconográfico y no de un intento de dotar a la figura de movimiento o de reproducir la constitución del cuerpo humano. El efecto que se consigue mediante esta composición es una cierta inestabilidad en el porte. Aunque el brazo derecho extendido produce el adelantamiento del hombro y encuadra la figura en el espacio circundante, esto no contribuye a acentuar visiblemente los perfiles del cuerpo. Aun así, la posición de los brazos es flexible y natural, al igual que la manera en que la mano descansa sobre el sash, dando la impresión de sostener los pliegues de la tela cuidadosamente para evitar que se desenrolle —así lo sugiere el hecho de que el sash se encuentre totalmente enroscado en la parte superior, mientras que en la parte inferior cae libremente—. La parte posterior de la estatuilla está muy simplificada, aunque resalta la anatomía. La conformación del drapeado es una mezcla afortunada de la sensibilidad ornamental típicamente parta —los pliegues caen profundamente curvados sobre el pecho, adoptando una forma que se reproduce a menor escala en la parte delantera del pantalón, coincidiendo con la densa alineación de pliegues circulares en el antebrazo izquierdo, los cuales casi parecen separados de los amplios frunces oblicuos situados más arriba en la misma manga— y reminiscencias naturalistas de origen helenístico —a las que pertenecen los pliegues laterales que caen en consonancia con las distintas posiciones de las piernas: en el costado derecho los pliegues están un poco arqueados, en el izquierdo, ligeramente abiertos en forma de abanico, más rígidos y rectos, mientras que entre las piernas se reúnen en forma de V—, El borde inferior de la túnica, cortado bruscamente, contrasta con el material del pantalón y acentúa la diferencia de ambas telas. La función del cinturón se justifica teniendo en cuenta que éste mantiene la tela sujeta en el lado derecho, con lo que interrumpe la caída de los pliegues y confiere a los frunces situados por encima el característico aspecto en forma de gancho. El cinturón está formado por una correa flexible que se cierra en el centro con una hebilla muy simplificada. En el dedo meñique de la mano izquierda se aprecia un anillo y en la muñeca, una pulsera, aunque también puede tratarse del grueso ribete de la manga. El pantalón cae holgado sobre los zapatos, que se hallan envueltos por anchas correas sujetas en el centro mediante botones, y que presentan una punta levemente curvada hacia arriba (la punta derecha está rota). Las correas sugieren zapatos flexibles, aunque por la forma rígida de la punta cabe deducir que se trata de botas de cuero. El drapeado en la parte posterior de la estatuilla se halla muy simplificado para resaltar la vista frontal, una práctica muy extendida tanto en el mundo parto como en el helenístico. En la parte posterior, la tela está tensa y recogida sobre el cinturón en unos pocos pliegues profundos, mientras que debajo caen largos frunces verticales. En el sash, las incisiones que reproducen el material retorcido se hacen más largas y amplias, mientras que el extremo inferior de la tela es liso. También las mangas son casi lisas: mientras que los pliegues circulares en la parte delantera del antebrazo presentan profundos relieves, en la parte posterior están aplanados y terminan en una superficie lisa. El pantalón también es liso. La estatuilla estaba situada sobre un plinto que no se ha conservado. Las suelas de los zapatos son irregulares. Tampoco se conservan la cabeza, fundida por separado, ni el antebrazo derecho. La estatuilla presenta daños en algunas zonas, sobre todo en el sash enrollado sobre la espalda y el hombro y en la rodilla derecha. La colada de bronce está parcialmente hueca en el brazo derecho y el cuello, cuya cavidad facilitaba la colocación de la cabeza. Esta pequeña estatuilla de bronce fue descubierta en Shami, Khuzistán, una región de Irán sudoccidental que coincide aproximadamente con la antigua provincia de Elimais. En la misma zona también salieron a la luz la gran estatua de bronce de un príncipe elamita [FIG. 43], varios fragmentos de otras estatuas de bronce, y la estatua de mármol núm. cat. 135. Debemos agradecer este hallazgo a los habitantes del pueblo. A raíz de su descubrimiento, en el año 1936 Sir Aurel Stein llevó a cabo unos estudios arqueológicos que contribuyeron a rescatar los restos de un templo que había sido construido sobre una terraza, como era costumbre en la región. En el santuario se conservaba un altar de adobe y una cierta cantidad de pedestales de piedra que probablemente servían de base a numerosas estatuas. Stein también descubrió otros fragmentos de estatuas de bronce, entre los que destaca una cabeza masculina que tradicionalmente se identifica con el monarca seléucida Antíoco IV (?) (175-164 a.C.; núm. cat. 133), y la cabeza de una dama. La identificación del monarca seléucida fue propuesta por primera vez por M. Rostovtzeff (1941, vol. I, 66, tab. X,1) y motivó que R. Ghirshman (1976,237) fechara la brutal destrucción del santuario después del período de reinado de este rey, atribuyéndola al monarca parto Mitridates I (171-139 a.C.), quien según las fuentes clásicas habría saqueado dos importantes templos de Elimais. Sin embargo, no existen pruebas concluyentes que avalen esta hipótesis. Salvo algunas excepciones (Mathiesen 1992: segunda mitad del siglo II hasta primer cuarto del siglo III d.C.), la mayor parte de los expertos se inclinan por una datación en los siglos previos al comienzo de la era cristiana (Lukonin 1967: siglos III-II a.C.; von Gall 1969-1970: segunda mitad del siglo II a.C.; Vanden Berghe 1959: siglos II-I a.C.; Kawamy 1987: 50 a.C. - 50 d.C.). No obstante, las fechas propuestas por los diferentes expertos para las esculturas halladas en Shami difieren considerablemente entre sí, especialmente en el caso de la gran estatua de bronce, ya que abarcan desde el siglo II a.C. hasta el período parto tardío. La persona representada en esta estatuilla es probablemente un noble devoto elamita o un sacerdote que consagró su efigie al templo de Shami. Sin embargo, faltan los elementos decisivos que permitirían una interpretación más específica, es decir, la cabeza y el brazo derecho. La ausencia de la mano derecha, y posiblemente de un atributo contenido en ella, no permite reconstruir con seguridad la acción que llevaba a cabo la estatua. En general, el gesto del brazo derecho, extendido hacia adelante, se puede interpretar como signo de respeto o de veneración, siempre y cuando la mano no estuviera realizando otra acción específica. En todo caso, la indumentaria, la túnica sobre los pantalones y especialmente el sash enrollado, es típica de Elimais, como demuestran claramente las esculturas halladas en los santuarios de Masjid-i Sulaiman y Bard-e Neshandeh. La cronología de las obras artísticas partas, sobre todo las de Irán, presenta un problema de difícil solución, dado que no se dispone de datos fundamentales sobre los que construir un armazón cronológico. Además, parece que las diferentes regiones del reino gozaban de una cierta autonomía cultural. En el caso especial del pequeño bronce de Shami, hay que suponer una fabricación de carácter local. Probablemente fue creada en Elimais, en el entorno de un taller artesanal con artistas instruidos que estaban familiarizados con el repertorio iconográfico de la tradición helenística y eran capaces de apreciar sus particularidades estilísticas y técnicas, aún cuando persiguieran otras metas artísticas. Estos artistas mantenían una cierta distancia con esta tradición, que seguramente se encontraba en su máximo apogeo en la cercana ciudad de Susa (Seleucida a orillas del Ulai), y crearon una reproducción que no cumple las reglas del naturalismo helenístico, sino que presenta rasgos locales propios. Fechar esta estatuilla en el siglo I a.C. o, como muy tarde, en la primera mitad del siglo I d.C. puede aceptarse como verosímil. (A. I.) |
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