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140) Procesión en una ciudad amurallada (fragmento)
Kuh-i Khwadjah (Seistán, Irán sudoriental)
Período parto, s. I-III d.C.
Pintura mural; alt. 50 cm, anch. 86 cm, gr. 3 cm
Teherán, Museo Nacional, núm. inv. GM 8669
Bibliografía: VI. Annual Symposium 2536, núm. 202; Faccenna 1981,83-97
Planta y alzado del edificio de Kuh-i-Khwadjah, santuario del período parto.
 Plano: Gullini, 1964

De la gran pintura mural sólo se conserva un fragmento que muestra una hilera de cabezas masculinas y un tramo de las murallas de una ciudad. Las proporciones de la representación no son naturalistas, ya que las cabezas son más grandes que la muralla y el pintor estaba interesado en dibujar detalladamente los rasgos faciales de los personajes. Debido al pésimo estado de conservación de la pintura (el lado izquierdo del fragmento casi ha perdido totalmente el color) el tema del dibujo no está completamente claro: posiblemente se trate de una procesión de hombres que discurre dentro y fuera de las murallas de una ciudad.

La muralla está dividida por sucesivas torres que también la superan en altura. Tanto la muralla como las torres están pintadas en color blanco y coronadas por un antepecho de formas extrañas. Las almenas, situadas sobre la muralla en línea horizontal, más o menos en el centro del fragmento, a la derecha y a la izquierda de la torre central, se distinguen con especial claridad. Los diferentes elementos no presentan el aspecto almenado característico de Oriente, sino que casi tienen forma de torre: su superficie plana se eleva del borde superior de la muralla y termina arriba en una losa horizontal que sobresale por ambas partes de la almena y está cubierta por una albardilla redondeada. Los contornos de la muralla y de las torres, así como los detalles de las almenas, están pintados de color rojo intenso. El tramo de muralla al otro lado de la torre central es más largo que el tramo situado entre las dos torres. Esto puede deberse a que las torres no estaban colocadas a distancias regulares o bien a otro motivo. Pero también es posible que esta irregularidad no tenga un significado especial y que sólo sea el resultado del afán de representar el tema principal del dibujo, es decir, las cabezas que se elevan sobre las murallas o por delante de ellas, sin interferencias con el segundo plano. Todavía se conservan dos de las torres originales: una está situada más o menos en el centro del fragmento y se puede apreciar en toda su altura, mientras que la otra se halla a la derecha y ha perdido la zona superior a causa de los daños sufridos. Las dos torres están coronadas por almenas de igual forma a las que hay sobre la muralla. Son blancas como el muro, pero sus bordes están resaltados mediante largas líneas coloreadas que, a falta de toda profundidad en la perspectiva, tienen la función de dotar a la torre de relieve y de sugerir que sobresale de la línea de la muralla. Las torres no son totalmente verticales y parece que se vayan estrechando un poco de abajo hacia arriba. El pigmento se conserva mejor en el lado derecho de la torre central, donde el borde está marcado con una pincelada de color rojo oscuro, casi púrpura. A esta pincelada le siguen otras dos: una de color rojo claro y luego otra aún más pálida, aguada, de contorno difuminado. En la torre derecha sólo se aprecian claramente las dos primeras pinceladas, que parecen un poco más estrechas. A lo largo de los bordes de la torre central la muralla también está pintada con una gruesa línea de pigmento diluido, de color rojo claro y contorno sombreado.

Al parecer, en este caso el color cumple una importante función descriptiva. Concretamente, reproduce la estructura de la muralla por medio del contraste de las diferentes superficies: la dosificación y gradación de las diferentes tonalidades de rojo se corresponden con una progresiva profundidad de los planos. Incluso podría interpretarse que este artificio sugiere que las torres son redondas, aunque la línea totalmente recta que destaca contra el cielo concuerda mejor con una torre rectangular.

En el espacio intermedio entre ambas torres se perfilan contra el cielo y sobre la muralla dos cabezas masculinas superpuestas. Están retratadas de perfil, orientadas hacia la izquierda y pintadas de rojo al igual que todas las demás cabezas. Ambas cabezas tienen la mirada levemente alzada. El rostro de la primera figura contrasta fuertemente con el pálido fondo azul blanquecino del cielo. Parece tratarse de un guerrero que porta un yelmo con una especie de pico sobresaliente. Las mejillas y el mentón están completamente ocultos por una babera de material blanco. Tanto el perfil como todos los demás rasgos faciales están pintados en rojo intenso. Las líneas rojas se hacen cada vez más gruesas y se ensanchan en la punta de la nariz, alrededor de los pómulos y en el mentón, hasta convertirse en manchas rojas. La nariz es puntiaguda, un poco prominente y de perfil básicamente recto. Los labios están cerrados, con el labio inferior un poco sobresaliente. El mentón es redondo y elevado; el ojo es grande y almendrado y, por desgracia, está ligeramente dañado; las cejas son espesas. Una de las almenas de la muralla destaca frente al grueso cuello. La cabeza del segundo hombre se halla peor conservada. Su perfil también se caracteriza por una nariz prominente, que resalta frente a la babera blanca que cubre la cara del primer hombre. Los rasgos faciales de las dos figuras se asemejan bastante. La segunda no lleva casco ni babera y, aparentemente, tiene un cabello grueso y compacto, pintado de color rojo intenso, casi púrpura, que se parece al yelmo del primer hombre.

Debajo de este fragmento, la muralla está casi totalmente tapada por una segunda hilera de cabezas, todas representadas de perfil, pero orientadas en dirección contraria. Aún se conservan cinco figuras, de las cuales cuatro se superponen un poco entre sí. Su estado de conservación es algo peor que el de las dos cabezas situadas sobre los bastiones. Sin embargo, parece que los perfiles y los rasgos faciales de ambos grupos se asemejan. Los colores usados son los mismos, dos tonalidades de rojo, una más clara y otra más oscura, casi púrpura, y prácticamente coinciden con los matices de las dos líneas exteriores a lo largo de los bordes de las torres. Las primeras cuatro cabezas, desde la izquierda, se superponen parcialmente, de manera que cada uno de los perfiles empieza a partir de la mejilla de la figura anterior. La quinta cabeza, cuyo perfil no se conserva, se halla un poco separada de las cuatro restantes, por lo que se puede apreciar el espeso cabello en la parte posterior de la cabeza. Los ojos de la segunda y de la tercera figura, desde la izquierda, aún muestran restos de pintura blanca; la segunda figura parece llevar barba y la primera cabeza lleva un pendiente.

El lado izquierdo de la escena se encuentra muy dañado y la pintura está casi totalmente desteñida. No parece que las murallas blancas estuvieran tapadas por más figuras, pero, como mínimo, una cabeza estaba dibujada sobre los bastiones, mientras que los restos de pintura roja entre la torre central y la primera almena y entre las dos primeras almenas podrían haber pertenecido a dos cuellos. No obstante, resulta difícil distinguir contornos precisos.

Este fragmento fue descubierto durante los trabajos de conservación que se realizaron en el edificio monumental a orillas del lago Hamun, concretamente, en la antesala que lleva al gran patio interior, y resulta un ejemplo muy importante del arte pictórico de Irán oriental durante el período parto. Estaba oculto debajo de muros más recientes y se halló in situ, en la parte superior de una pared. Probablemente, la escena representada se prolongaba por toda la estancia. En consonancia con el lugar de hallazgo, la pintura se puede datar en el período parto, entre los siglos I y III d.C.

En lo concerniente a técnica, colores y composición, esta pintura mural se diferencia de otros fragmentos hallados con anterioridad en Kuh-i Khwadjah (cf., p. ej., Ghirshman 1962 a2, il. 55-58). Aquí la bicromía se contrapone a la vivaz policromía de la mayoría de estos fragmentos. Sin embargo, la pintura que nos ocupa destaca por poseer unos principios de composición muy particulares: en este caso, cualquier relación con la tradición helenística parece haber sido vencida por una perspectiva de estilo antiguo tardío. La desproporción entre el fondo y las diferentes figuras que destacan sobre el mismo produce una aglomeración justificada por el tema de la pintura y que seguramente responde a una intención muy concreta. Esta pintura es precursora de las composiciones características de los relieves rupestres del período parto tardío y del sasánida, llenos de ricos detalles, cuyo ejemplo más sobresaliente es el relieve de Shapur I (241-272 d.C.) en Bishapur [FIG. 56]. Algunas desconchaduras de mayor o menor tamaño permiten entrever la preparación del fondo de la pintura. (A. I.)

   
 
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