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Galería de imágenes |
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Botella con cuatro lados rectangulares planos, cuello cilíndrico y asa en forma de cinta con tres costillas. La boca muestra un reborde doblado tanto hacia afuera como hacia adentro. Presenta hombros en declive con esquinas redondeadas. El recipiente es de vidrio transparente de color verde claro, soplado en el molde y cubierto con incrustaciones de vidrio redondeadas. En cada lado de la botella hay 7 filas con 11 incrustaciones cada una, y 3 filas en los hombros, de color azul verdoso claro. El suelo se compone de 6 filas con 6 incrustaciones cada una. Las botellas de paredes rectangulares estaban muy extendidas en el imperio romano entre el siglo I y finales del siglo II o principios del siglo III d.C. Eran especialmente abundantes en las provincias occidentales (Isings 1957, forma 50 a; Goethert-Polaschek 1977, forma 114; Scatozza Horicht 1986, forma 24). En los siglos I y II d.C., la mayoría de las botellas con paredes rectangulares tenían bocas con labio plano y horizontal. Por el contrario, el cuello en forma de embudo, acompañado de uno o dos aros horizontales añadidos, se popularizó durante los siglos III y IV d.C. y por regla general está unido con uno o dos alambres colocados en horizontal. El cuello alto cilíndrico, con una ranura en la boca, presenta analogías con botellas de paredes cuadradas de finales del siglo I hasta principios del siglo II d.C., halladas en tumbas de Panticapea (Kertch, península de Crimea), actualmente en la colección del Ermitage. (Cf., sobre todo, Kunina 1997, il. 96 y 97, núm. 164. La botella fue hallada en 1872 en la tumba 5 y yacía junto a un ánfora de mediados o del último cuarto del siglo I d.C. que posiblemente procedía del Norte de Italia. Asimismo, cf. núm. 163 de la tumba 3, datado en 40-70 d.C., y núm. 168 de la necrópolis de Nymphaios, cripta 24, tumba 2; posiblemente había sido importada desde Renania [¿Colonia?] y data de finales del siglo I o principios del siglo II d.C.) Por lo que se conoce hasta ahora, el recubrimiento esta botella no tiene equivalentes entre los objetos pertenecientes a colecciones de museos ni entre las piezas documentadas en la bibliografía científica. Encontramos otras decoraciones de diversos tipos y calidades como, por ejemplo, un recubrimiento con hojas enroscadas alrededor de una botella, con una sola asa y boca perfilada, que data del siglo III d.C; probablemente proceda de Egipto y en su día perteneció a la colección Sangiorgi, aunque actualmente se encuentra en el Corning Museum of Glass (Whitehouse 1997, 323-324, núm. 323). Las incrustaciones en pasta de vidrio de esta botella pueden ser una imitación de piedras semipreciosas, quizás turquesas engastadas en metal. Los análisis científicos más recientes realizados en vidrios chinos —principalmente en vasos altos de fabricación china, con incrustaciones de discos de vidrio de color turquesa y rodeados de aros blancos y marrones, así como de motivos en forma de «ojos» (Mclntire 1966,134, núm. 67)— dieron como resultado un alto contenido de óxido plúmbico y óxido bárico. Es posible que estas substancias fueran añadidas intencionadamente para provocar la opacidad del vidrio y conferirle el aspecto del jade. Esta botella de Teherán podría ser un intento del período parto tardío o sasánida inicial de imitar objetos suntuosos del Asia oriental, después de que los partos tuvieran contacto con las lujosas mercancías chinas de exportación. (M. N. P.) |
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