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Figura 59
Evolución de las coronas sasánidas
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  III. Catálogo: el arte en el Imperio Sasánida  

Coronas (y II)

   
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También se debe a Ardashir una de las costumbres más típicas de los sasánidas, que consistía en añadir símbolos de las coronas divinas a los emblemas de las nuevas coronas reales, según hemos visto en las escenas de investidura de los relieves rupestres. Gracias a ello conocemos a Ahura Mazda, Anahita, Verthragna y Mitra, cuyos emblemas constituyen la base de las coronas imperiales sasánidas: las almenas hacen referencia a Ahura Mazda y a Anahita, las arcadas con distintos sectores o su forma abreviada en forma de láminas están relacionadas con Anahita, al igual que la cabeza del águila, mientras que las alas se refieren únicamente a Verethragna y la corona de rayos, a Mitra. De todos modos, estas relaciones no siempre pueden identificarse claramente. También hallamos controversia en la identificación de una u otra divinidad de investidura, pues las numerosas tesis avanzadas por los investigadores han de esperar a ser corroboradas por nuevos hallazgos. La dificultad radica en identificar los múltiples significados de los emblemas, aparte de que un gobernante podía tener varias divinidades de investidura. Pero el número de emblemas disponibles era limitado y a partir de Barharam IV (388-399 d.C.), como muy tarde, hubieron de combinar elementos de coronas de diversas divinidades. Posteriormente, Yezdigerdes I (399-420) introduce la media luna como nuevo emblema para las coronas y Cosroes II (590-628), la estrella [FIG. 59].

Aunque las coronas presentaran la misma composición formal, diferían unas de otras por los diferentes colores de los materiales, diferencias que, sin embargo, no encontramos en las monedas ni en la orfebrería ni en las esculturas. Los anales del historiador Hamza al-Isfahani, compilados en el año 961, nos proporcionan información sobre los colores de las coronas tomada de un «libro de imágenes de los reyes sasánidas», que también se menciona en otras fuentes y que podría tratarse del Tādjnāmeh «Libro de las coronas», en el que tras la muerte de cada rey se incluía un retrato del mismo con el fin de conservar la imagen del fallecido para la posteridad.

Las complicadas combinaciones de los emblemas han hecho que nuestras investigaciones se detuvieran en los últimos sasánidas. Cada vez más pesada, el rey ya no podía llevar la corona, por lo que ésta se colgaba con sumo esmero en la sala del trono para celebrar las audiencias. La corona de Cosroes II fue tomada como botín por parte de los árabes durante la conquista de Ctesifonte, en el año 637 d.C., y colgada en la Ka'aba de La Meca. Así sabemos que pesaba 94 kg. y en at-Tabari (fallecido en el 923) podemos leer: «La bóveda de su trono era la más espectacular jamás vista. En ella estaba colgada su corona, y él se sentaba allí cuando concedía audiencia a la gente» (35). Ta'alibi (fallecido hacia el 1033) añade lo siguiente: «Ésta (la corona de Cosroes II) era de 60 mann de oro puro, estaba cubierta de perlas grandes como huevos de gorrión y con rubíes de color granate, que no sólo ahuyentaban a las sombras sino que en la oscura noche brillaban como luces, y con esmeraldas, que bastaba mirarlas para que los ojos se derritieran. La corona estaba suspendida de una cadena de 70 cuvits de longitud a lo largo de la bóveda del palacio, de manera que ésta tocaba la cabeza del soberano pero no le molestaba ni cargaba con ella» (36).

La influencia del modelo de corona sasánida fue enorme y ha dejado sus huellas especialmente en Asia central y la India. Respecto a este punto cabe mencionar a los hunos del siglo V al VII, quienes incluyeron complicadas paráfrasis de las coronas sasánidas en sus monedas (37). Sin embargo, ni en los hunos iranios ni en sus sucesores, los turcos occidentales, apreciamos canon alguno, los elementos de las coronas no obedecen a ninguna norma concreta, sino que se trata más bien de modas. El número y variedad de coronas de influencia sasánida en Asia central es, sin duda, mucho mayor que el que conocemos a través de las monedas. Todavía no se ha investigado en profundidad la influencia de las coronas sasánidas en la pintura y escultura de Asia central —sobre todo en los coloridos motivos budistas en el arte Gandhara del período kushan— pero su difusión se produjo a través de los hunos especialmente. Más difíciles de valorar son las influencias del período sasánida tardío en el arte de la ruta de la seda y de China, país al que emigraron los supervivientes de la dinastía sasánida y con el que ya habían mantenido relaciones diplomáticas y mercantiles anteriormente. Para finalizar, también cabe destacar que las adaptaciones de coronas sasánidas han servido de inspiración para los dibujos textiles de la época postsasánida, por ejemplo, los tejidos hallados en Egipto y en templos budistas de Japón (38).

   
 
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