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El estudio de las formas que intervienen en la obra de arte ha llegado a clasificaciones y tipologías que permiten definir los estilos, sobre
todo en el tratamiento de la figura humana. La primera noción formal es la del perfil. En la cabeza radican muchos elementos: la masa de cabellos, en cuya disposición
hay ecos de la moda; los ojos, con toda su variedad (desde redondos a ovalados, prominentes o deprimidos, con sacro lacrimal e iris o sin ellos, etc.); la nariz, y muy
señaladamente los labios y la boca, sede fundamental de la expresión.
Tórax y abdomen tienen regiones características los pectorales y el pubis. La manera de separarse unas zonas de otras, las arrugas, los pliegues de grasa
de la cintura, constituyen un variado elenco en la estatuaria helénica. La rodilla es otro de los puntos esenciales donde los estilos dejan su personalidad, sin duda porque
es un punto de flexión muy importante para las actitudes del cuerpo. Y por supuesto el pie, con todas sus posiciones. En cuanto al vestido ya hemos señalado su importancia,
tanto por la configuración general de la prendas, como por la forma y disposición de los pliegues.
Todo esto atañe principalmente al arte del pasado, pero puede extenderse al actual. A pesar de la desbordada imaginación del arte abstracto, no es difícil
una clasificación de determinadas facetas. Las líneas de fuerza constituyen elemento básico para codificar las formas.
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