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| III. PATRONOS, CLIENTES Y PUBLICO |
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| CORNELIS DE BAELLIEUR, EL VIEJO: Galería de Arte |
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Así como el cliente compra la obra en base a considerarla un objeto de disfrute y/o decoración, el coleccionista
tiene voluntad de coleccionar, pasión por hacerlo. Muchos clientes, con el tiempo, han pasado a ser coleccionistas.
El coleccionismo puede ser de varios tipos y responder a determinados gustos, pudiéndose clasificar en ecléctico y de tendencia.
El primero responde a una voluntad de valorar la obra por su calidad al margen de tendencias, siendo representativo el caso del marqués Vecenzo Giustiniani, que tenía
en su casa trece Caravaggios, obras de Carracci, maestros del altorrenacimiento veneciano y de Luca Cambiaso, es decir cuatro opciones ideológicamente contrapuestas. Asimismo,
los monarcas españoles de los siglos XVI y XVII tenían un espíritu acumulativo, que dio como consecuencia la importante colección del actual Museo de Prado. Los ejemplos
serían variados hasta llegar a la edad contemporánea, momento en el que aparece el coleccionismo que nosotros llamamos ideológico, es decir, aquel que opta por una opción
porque renazca de manera visceral la otra. El Neoclasicismo o las colecciones de arte abstracto son una buena muestra. Por último, y cercano a éste, encontramos el coleccionismo
de tendencia que opta por agrupaciones de escuelas, estilos o ismos, autores, temáticas, tipologías... Aquí podríamos citar la colección Buchheim de expresionistas alemanes,
la Ludwigh de vanguardia rusa, a la que añade una importante de pop-art americano; mientras que en el primer grupo destaca la colección del barón von Thyssen que,
por su diversidad, puede ofrecer una completa panorámica desde la Edad Media a la actualidad. |
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