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Otra técnica es el cartel. Su gran auge está asociado a las técnicas de estampación litográfica y primordialmente
a la fotomecánica. A la vez cabe destacar su asociación a las corrientes artísticas desde su nacimiento el año 1866 de la mano de Jules Cheret hasta los cartelistas
Art Déco. Su momento culminante se centra en el movimiento modernista en el que se incluyen los llamados postimpresionistas -Henri de Toulouse-Lautrec a la cabeza-
y los propiamente modernistas Alphonse Mucha, Aubrey Beardsley, Will Bradley. La tendencia curvilínea de los modernistas dará paso a las tendencias artísticas abstarct-geométricas
-De Stijl, constructivismo y corrientes neoplásticas- y lineales -Art Déco-. Después de la Segunda Guerra Mundial la fotografía sustituirá al dibujo en la base de los
carteles. Los fotomontajes de Reanu o los carteles de propaganda electoral son una buena muestra. Las funciones del cartel son principalmente dos: propaganda y publicidad, a la que se unirá una cierta función artístico expresiva como lo demuestran los carteles de Toulouse-Lautrec. Esta función comportará uno de los aspectos lingüísticos más importantes del cartel: la asociación de la imagen con la palabra escrita. Su reproducción masiva por medios fotomecánicos y su tamaño potencian su difusión y su captación. |
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Cabe citar, asimismo, el cómic, conocido más en España por el de tebeo. Producto típico de los mass media, aparece por primera
vez en el New York World de Joseph Pulitzer el año 1896 con la primera historieta coloreada, Yellow Kid, de Richard Felton Outcault. La rivalidad de Pulitzer
y William Randolph Hearst y su New York Herald propició el auge de este género artístico que ha llegado hasta nuestros días con una vitalidad y un lenguaje en constante
renovación a través de los años. Atendiendo a sus modelos, el cómic está relacionado con otros lenguajes artísticos como el teatro, la novela, la pintura, la ilustración publicitaria, la fotografía, el cine, la televisión y, como comenta Román Gubern, con los rasgos estilísticos del mundo objetual en que viven inmersos sus propios creadores (por ejemplo: el modern style en Winsor Mac Cay). Con el teatro -continúa Gubern- tienen en común los cómics la «acción dialogada», y esta relación es tan obvia que los primeros dibujantes de cómic permanecieron en gran medida sujetos a una estética teatralizante, que les llevaba a mostrar a los personajes de cuerpo entero (plano general), ignorando las ventajas expresivas derivadas de la «planificación» y recurriendo únicamente a muy tímidos desplazamientos de los personajes en el espacio. Los modelos literarios no son tanto compositivos como narrativos -desde Tarzán a El Coyote- o la narración gráfica de novelas en los libros de Editorial Bruguera que añadían una síntesis en cómic del contenido de la novela. La influencia del cine ha experimentado en los últimos años una inversión, convirtiéndose los comics en modelos de las películas, como en el caso de Superman o Batman. La fotografía ha servido de base a los creadores de historietas e incluso como lenguaje se ha adecuado a la narración del cómic -fotonovelas-, aunque curiosamente su fracaso ha coartado su posterior evolución. La pintura ha inspirado a algunos creadores que, como veremos, se introducen en esta líneas estética como, por ejemplo, las magníficas historias del Príncipe Valiente de Harold Foster para la King Features Syndicate. Si analizamos los comics por su estructura narrativa los tenemos que clasificar en daily strip, o tira diaria, en blanco y negro, que se complementaban con los weekly strips, o páginas dominicales en color, y en comic books o libros en los que la narración empieza y acaba en un solo volumen. Mientras el daily strip no consiente variaciones en el tamaño de sus viñetas, al menos en altura, el weekly strips y el comic book permiten una mayor libertad narrativa, como lo demuestran los actuales comics en los que los personajes saltan las barreras de las viñetas en una composición unitaria no fragmentadas (como por ejemplo Guido Crepax en su Valentina, o la mayoría de los autores actuales), lo que dificulta la comprensión al lector habituado a la linealidad tipo escritura. A su vez, en el daily strip las tiras pueden tener valor en sí mismas -Charlie Brown, Mafalda, las tiras de Peridis en el País...- o en relación a una historia -narración seriada. Atendiendo a su función, el cómic lo podemos dividir en estético, rupturista, humorístico, crítico y alienador. El primero de estos campos, evidentemente, se relaciona con los otros cuatro, sin embargo en este caso incluimos aquellos comics preocupados primordialmente por cuestiones de lenguaje y/o afines a la obra pictórica. Es el caso de los primeros comics como Flash Gordon de Alex Raymond, o el ya citado Príncipe Valiente, junto a la mayoría de las nuevas propuestas del cómic actual. Con carácter rupturista tenemos que incluir el fenómeno del cómix incluido en la cultura underground. El cómic humorístico está en la esencia misma del lenguaje y es sin duda uno de los más prodigados a lo largo de la historia. El crítico participa de las otras funciones y, como bien señala Terenci Moix, a veces esta crítica pasa desapercibida para un lector que no profundiza en su significado. El cómic de posguerra es un magnífico documento de las miserias de la España franquista que logró burlar la misma censura. Sin embargo, cabe apuntar que en ocasiones los mismos creadores eran ajenos a su propio mensaje. Por último, el cómic alienador tiene una fuerte dosis subliminal ya que los mensajes se enmascaran en las historias ofreciendo dos tipos de lectura. Los valores del superhombre al servicio del status social y de poder es evidente en Superman, Batman, Capitán América; la adecuación a la ideología burguesa se patentiza en los comics femeninos Florita -la colección Claro de Luna...- o el valor de la guerra -Hazañas Bélicas de Boixcar-, o el racismo -El hombre enmascarado...- son unos cuantos ejemplos cogidos al azar. Por último, cabe señalar la adecuación del cómic a los movimientos artísticos del siglo XX, destacando el expresionismo de Flash Gordon y el magnífico The Spirit de Will Eisner, las formas vanguardistas pop o neoexpresionistas de los comics actuales o la cultura underground de los citados cómix. Paralelamente, el cómic influye en la pintura como en el caso de Roy Lichtenstein. |
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