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| LA DIOSA NUT |
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| LLUÍS BORRASSÁ: Resurrección |
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| PIERO DELLA FRANCESCA: Sueño de Constantino |
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| SALVADOR DALÍ: Cristo de San Juan de la Cruz |
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Hemos insistido, a lo largo de estas páginas, en considerar la obra pictórica como un todo unitario, en el que técnica,
forma y contenido se necesitan mutuamente y, unidos, forman lo que denominamos obra de arte.
A través de la técnica y la composición el pintor expresa contenidos ideológicos -religiosos y civiles-, culturales o meramente plásticos.
Estos contenidos tienen su correlato visual en los llamados temas, tratados por los artistas. Sin embargo, el término «tema» lleva implícito un carácter eminentemente
figurativo por lo que emplearemos la palabra tipología para designar los contenidos de las obras.
La descripción de las tipologías la realizaremos siguiendo en lo posible un orden cronológico que evidentemente no pretende ser exhaustivo, sino orientativo,
incidiendo en las razones económicas, sociales, culturales e ideológicas que cada apartado conlleva.
La Historia del Arte se inicia con una tipología mágica representada por las pinturas del mundo prehistórico. El artista -eminentemente cazador-
fija las imágenes de las piezas que pretende cobrar, de manera que su representación gráfica tiene un significado de posesión. Así, su sueño/deseo se convierte en realidad.
Este estadio mágico surge a lo largo de la Historia del Arte. Pensemos en las formas del Bosco, o del mismísimo Goya y hasta el mundo de algunos pintores actuales que
plasman figuras esotéricas de un gran cripticismo conceptual. A menudo pueden relacionarse con lo onírico.
El arte se convierte en ocasiones en objeto decorativo y como tal tiene significado. Ya no se pretende la copia de la realidad, sino que los elementos
tangibles se organizan en composiciones que no explican nada, sino que tan sólo sirven de ornamento. Cenefas, grutescos renacentistas, esgrafiados e incluso geometrismos
árabes son elementos complementarios de una espacialidad arquitectónica. Podemos hablar así de arte aplicado, carente de significación propia. Sin embargo, la gran
división tipológica, que incluye a otras muchas, se centra en lo religioso y lo civil.TIPOLOGIA RELIGIOSA
La temática religiosa se remonta a culturas lejanas en el tiempo y evidentemente anteriores a la Era Cristiana. El Antiguo Egipto con las representaciones
de sus dioses, Mesopotamia, Asiria, Persia... son ejemplos representativos. Sin embargo, es la escultura la que en mayor grado asume su representación. Son los casos de
Grecia y Roma, cuya plástica pictórica incluye mayormente la temática civil.
La tipología religiosa tiene en el Antiguo y Nuevo Testamento dos de sus representaciones más divulgadas. Obviamente, toda plasmación de
un hecho histórico conlleva una interpretación que rompe el marco cronológico. Así, no es igual la visión de una misma historia por parte de artistas de diferentes épocas.
A esto hay que añadir el momento que cada pintor elige de acuerdo con su concepción artística, y el tratamiento real, simbólico o alegórico que le quiere conferir. Los
pasajes del Antiguo y Nuevo Testamento tienen desde la pintura románica excelentes ejemplos, solucionados de acuerdo con la praxis compositiva ya comentada. Hemos de insistir,
no obstante, en la ideología de cada momento artístico. Así, el mundo medieval significa los personajes dándoles un carácter totémico y simbólico, que el Renacimiento
humaniza y el Barroco sentimentaliza. El siglo XVIII, época de crisis de valores religiosos, sensualiza esta temática, mientras desde el siglo
XIX a nuestros días se convierte en algo amorfo y sin fuerza expresiva. Los evangelios apócrifos tienen en el Medieveo y el Renacimiento una gran utilización que
el Barroco, derivado de la Contrareforma, sustituirá por la plasmación de Vidas de santos, como personajes modélicos a seguir. Es el didactismo de la imagen
que convierte a la pintura en el máximo emisor de una nueva ideología religiosa. Las apoteosis de los santos son la manera visual de explicar la unión de las almas
escogidas con Dios: nos enseñan unos modelos a seguir y un fin a conseguir.
La relación de las distintas temáticas religiosas se haría exhaustiva. A veces incluyen imágenes del Nuevo Testamento unidas a diversos santos. La
Sacra Conversación, en la que la Virgen es flanqueada por santos, es un ejemplo común del Renacimiento, mientras que el Barroco introduce la Inmaculada Concepción,
plasmación gráfica de una idea abstracta o pura. Otras veces lo religioso se une a la crónica de una realidad transmitida: milagros, apariciones, martirios
de santos ... También los misterios de la Iglesia son tratados: Santísima Trinidad, Resurrección, Eucaristía... En definitiva, las modalidades
son múltiples y, a menudo, se interrelacionan en un mismo cuadro.
La comprensión de una pintura religiosa no depende exclusivamente de su captación formal, sino que tiene en el reconocimiento del tema uno de los aspectos
fundamentales. La iconografía religiosa cristiana es esencial para la visión completa de la obra. Abogamos desde aquí para que a los futuros espectadores de una
obra se les dé a conocer la Biblia y el Nuevo Testamento, no para su educación religiosa, sino para poder captar el significado de la obra y relacionarla con el mundo
cultural, social e ideológico que la ha hecho posible.
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