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  X. EL SIGNIFICADO  
Tipología religiosa
Tipología civil
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«IL TIZIANO»:
Carlos V en Mühlberg

 

 

 

VAN GOGH: Los girasoles

 

 

 

ANDRÉ DÉRAIN
El puente de Westminster

 

 

 

JOAN MIRÓ: El policía

 

 

 

GOYA: Saturno devorando a su hijo

 

 

     La tipología civil tiene múltiples formulaciones temáticas. Destacamos en primer lugar el retrato. El mundo romano introdujo esta temática en la pintura y la potenció en la escultura. Tendremos que esperar hasta el mundo gótico, salvo raras excepciones anteriores, para volver a encontrar este tipo de temática. Podríamos hablar de retrato integrado -orantes del mundo gótico-, autorretrato y retrato. El autorretrato tiene su razón de ser en la autoestima que desde el Renacimiento el artista tiene de sí mismo. Su finalidad es, esencialmente, potenciar el personaje y sus formulaciones diversas. Así, del retrato significante del siglo XV, llegaremos al retrato simbólico del mundo barroco, con múltiples variaciones como el retrato alegórico, el retrato psicológico y el retrato fotográfico. Esta individualización del personaje tiene, en el mundo burgués, una ampliación de carácter institucional: el retrato de grupo y el retrato familiar. El retrato a lo divino, en el que el personaje se representa con iconografías del santoral, es propio del mundo barroco.
     La pintura de género ha sido explicada a partir de planteamientos burgueses. Es evidente que la sociedad del seiscientos holandés potenció sus propios temas, populares y urbanos: sin embargo, la aristocracia quiso también representarse en sus interiores. La finalidad fue la misma. Ambas instituciones quisieron convertirse en tema del cuadro y, autoafirmándose, perpetuarse en la historia. El realismo del siglo XIX potenció la visión sociológica de la realidad, mientras el siglo XX volvió a conferir un carácter burgués a este tipo de representaciones.
     El bodegón es otra de las temáticas, que junto al florero, surgen en la transición del siglo XVI al XVII. Su carácter es triple: plasmación de una sociedad, finalidad decorativa y valor simbólico. Su carácter burgués es evidente, siendo una de las temáticas más cultivadas desde el siglo XIX. El Impresionismo fijó su carácter decorativo, siendo el Cubismo el que les confirió una dimensión puramente especulativa.
     La temática del paisaje es evidentemente, junto con los bodegones y floreros, una de las más cultivadas, incluso en la actualidad. Podemos clasificarlos en paisaje dependiente y paisaje autónomo. El primero sirve de fondo a composiciones de otro tipo de temática. Así, el renacimiento utiliza en paisaje como elemento complementario y/o perspectivo. Nos referimos al paisaje propiamente dicho y al arquitectónico. Fue en Centroeuropa donde primero se planteó el paisaje autónomo. Sus inicios los podemos situar en Patinir, aún no desligado de la temática religiosa, sin olvidar las magníficas acuarelas de Durero, mucho más acordes con la realidad. El siglo XVII hizo suyo este carácter individual del paisaje, formulándolo de maneras diversas. Así, los holandeses -Hobbema, Ruysdael, Vermeer...- definen el paisaje de manera realista. Es la ya citada autocomplacencia por su mundo circundante. El Italia, Claude Lorrain se sirve del paisaje para intentar captar la atmósfera, aunque el tema secundario está todavía presente. El XVIII inglés recoge la tradición neerlandesa y abrirá camino al paisaje como tema, que tendrá en la escuela de Barbizón y en los impresionistas y fauvistas sus máximos valedores. El hiperrrealismo, con su realidad fotográfica, es el último gran intento de captación de la esencia del paisaje. Variaciones del denominado paisaje son las marinas, los interiores y las llamadas visiones arquitectónicas.
     Opuesto a la visión de la realidad existe el llamado paisaje de creación, que tiene en el primer Renacimiento y en el Romanticismo sus momentos más definidores, a los que hemos de añadir el paisaje surreal y metafísico.
     No queremos, y menos en esta tipología, dejar de insistir en que la trascripción plástica de la realidad no la podemos confundir con la copia exacta de esta realidad. Una cosa es la naturaleza y otra su plasmación sobre el cuadro, aunque la intención del pintor, como hemos dicho, sea el buscar el máximo de identificación o el inspirarse en ella para componer un mundo romántico, surreal o metafísico.
     La tipología histórica es junto a la mitológica la que utiliza de manera más clara la alegoría y, en ocasiones, el símbolo.
     La representación conmemorativa de los hechos bélicos o históricos se relaciona claramente con un deseo de autoafirmación. Así, el rey, el príncipe e incluso el burgués, quieren perpetuar aquellos hechos en los cuales han salido victoriosos. En ocasiones, esta autocomplacencia personal los hace protagonistas de esta clase de temas. Todos los momentos históricos tienen ejemplos reseñables, pero es desde el Renacimiento desde donde este sentido conmemorativo se potencia. El personaje principal queda enfatizado en la composición, tanto formalmente -horizonte bajo- como a través de atributos y símbolos. Históricamente es el siglo XIX el que utiliza en mayor grado esta temática, que en la actualidad ha sido sustituida por la fotografía, aunque la pintura realista -realismo socialista- ha insistido en ella cambiando los términos: el héroe ya no es el poder establecido y autoritario, sino el pueblo, poder comunitario de la nueva sociedad.
     Sin embargo, es la mitología uno de los temas que a través de los tiempos a tenido mayor incidencia plástica. Su sentido es doble: religioso y simbólico. En el mundo antiguo y en las culturas orientales, el dios mítico viene a representar lo que los personajes cristianos son para nosotros. Sin embargo, dentro de nuestra cultura occidental el mito se convierte en modelo de virtudes y en ocasiones se sacraliza. Dioses y héroes pasan a representar vicios y virtudes en clara alusión a la moral. Así, no es de extrañar que Hércules sea la personificación del rey, que al igual que aquél prefiere los trabajos al ocio. Apolo simboliza la cultura; Venus, la belleza; Baco, el placer sensual; Marte, la guerra; Mercurio, el trabajo; ... Se utilizan los dioses dentro de un mensaje cristiano. Pero el uso de la mitología es vario. Así, los círculos culturales del renacimiento y el Barroco los utilizan de manera dilettante, y el Neoclasicismo como modelo plástico, al convenir la identidad mito-clasicismo.
     La historia y la mitología presuponen a menudo la existencia de programas iconográficos de lectura, a veces, compleja. A título de ejemplo, citaremos el del Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro de Madrid, verdadera obra paradigmática que demuestra que, en ocasiones, la pintura puede adquirir una nueva dimensión cuando se la relaciona con otras composiciones ya de antemano preestablecidas. Son los denominados ciclos pictóricos que, a menudo, explican una historia o un proceso artístico y que sólo tienen sentido en su complementariedad.
     La alegoría cierra el capítulo de las tipologías figurativas. En la plástica artística esta representación de ideas abstractas -Inmaculada, virtud, vicio, fe, esperanza, caridad, prudencia, justicia, fortaleza, templaza, valor, cobardía, ...- es constante a lo largo de todos los tiempos. Se asocia a la pintura religiosa pero, sobre todo, a personajes históricos a los que se quiere ensalzar. El Renacimiento y el Barroco fomentaron la alegoría como algo consustancial a su ideología. Las virtudes del héroe cristiano tuvieron en las formas alegóricas su mejor plasmación.
     No querríamos acabar esta llamada aproximación tipológica sin hablar de las formulaciones modernas o de otras culturas. La pintura sígnica tiene en emundo oriental -la caligrafía- y en el occidental -Miró, Tobey,...- ejemplos de una gran fuerza plástica. La llamada especulación formal cierra esta breve relación. La pintura actual ha especulado con las formas ofreciéndonos soluciones no figurativas y nos ha ofrecido la pureza del arte: formas válidas por sí mismas; formas significantes y significadas; en definitiva, nos ha formulado el arte en su estado puro, permitiéndonos su comprensión por sí mismo.
     Querríamos terminar con una afirmación que consideramos básica. La pintura no es un ente abstracto y cerrado en sí mismo, sino que relaciona una serie de aspectos que van de lo formal y técnico a lo conceptual, y sólo puede ser completamente comprendida en el marco general de la cultura y el pensamiento. Ésta es su gran virtud y su gran dependencia.

 

 

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