TAUROMAQUIA

 
La tercera de las grandes series grabadas por Goya se distingue de las anteriores principalmente por su temática: la corrida de toros. Es difícil dar las razones precisas por las que el pintor acometió este tipo de obra, pero es fácil argumentar que lo fuera por motivos económicos: en aquella época, Goya pasa un mal momento y estas estampas son el único tema, junto con el religioso, para el que hay demanda. Algunas de las láminas de cobre están firmadas y fechadas en 1815, de modo que en esos momentos compaginaba el grabado de los Desastres con un tema que a primera vista pueda parecer de recreo, por lo que ha llevado a muchos estudiosos a concebirlos como un paréntesis y un refugio donde, el ya anciano pintor, podía rememorar y evocar tiempos de su juventud, pero una mirada atenta nos conduce al igual que en los Desastres al tema de la violencia, la crueldad y la muerte.
     Sea como fuere, la realidad es que cuando Goya graba y pretende vender la colección apenas si existía actividad en el mercado de estampas madrileño, máxime cuando desde el 5 de mayo de 1814 se había vuelto a la censura previa de estampas y restablecido el Tribunal de la Inquisición. Desde esta perspectiva, el tema de los toros era el más adecuado para crear una colección de estampas que pudiera reportar algún ingreso puesto que la fiesta de los toros vivió un resurgir durante el reinado de Fernando VII.
     Para esta colección, Goya empleó un período de tiempo no superior a dos años y medio. La mayor parte de los dibujos preparatorios se conservan en la actualidad en el Museo del Prado y están, como muchos de las anteriores colecciones, dibujados con sanguina roja. Las planchas de cobre, de procedencia inglesa, eran de buena calidad y tamaño uniforme. Todas las composiciones tienen un estilo muy similar y, excepto una, se presentan con una gruesa línea de enmarque; la técnica de grabado, sin ser tan innovadora como en las colecciones anteriores, demuestra la armonía, destreza y capacidad pictórica que puede existir en la combinación de todas ellas.
     Singulariza a esta serie, el carácter dramático que Goya dio a las composiciones. En la mayoría de las estampas presenta el momento brutal del encuentro entre el hombre y la fiera, aquél tratando de dominar al animal que embiste con bravura. Al comparar los grabados con los dibujos se ve como progresivamente reduce a lo esencial el tema. En la mayoría de las ocasiones la plaza está insinuada por la barrera en la que a veces se ve apoyarse directamente al público. Pero la cabeza que idea e inventa la Tauromaquia es la misma que ha meditado sobre la guerra y está trabajando en los Desastres y que seguidamente va a empezar los Disparates, por ello es lógico que existan coincidencias entre estas tres colecciones de estampas de Goya: los moros de esta serie se parecen a los mamelucos y los muertos del Desjarrete de la canalla recuerdan a esos muertos que pueblan los Desastres; por otro lado la masa de espectadores que en algunas ocasiones se esboza detrás de la barrera parecen figuras precursoras de los Disparates. Pero en todas las estampas se puede apreciar bajo el dinamismo y la violencia de la escena -esa violencia que en ocasiones desfigura los rostros o contorsiona los cuerpos-, la nobleza, valentía e, incluso, heroicidad de los protagonistas: el hombre y el toro que con libertad y elegancia se mueven, se acometen y se defienden en una lucha a muerte digna, ya que lidiar un toro es un arte.
     Se cree que Goya comenzó a grabar las láminas por aquellas escenas que le eran virtualmente más contemporáneas. A este momento corresponden además de las tres que están fechadas aquellas que fueron desechadas por el grabador aunque éste aprovechó la plancha de cobre por la otra cara. Estos siete grabados son los que actualmente son designados con 16 letras, no llevan título conocido y no fueron incorporados a la primera edición. Las estampas que presentaban el aspecto histórico de la lidia las grabó con posterioridad seleccionando aquellas figuras que estaban vinculadas con una determinada suerte.
     Fue Von Loga quien por primera vez señaló que los títulos dados a las estampas de la Tauromaquia estaban en relación con algunos pasajes de la Carta histórica sobre el origen y progresos de las fiestas de toros en España, publicada en Madrid en 1777 por Nicolás Fernández de Moratín. Se ha sugerido que Goya pretendía ilustrar este trabajo, mientras que para otros no es muy plausible esta idea ya que en algunas de las composiciones se aleja de este texto y parece estar más en relación con el de la Tauromaquia o arte de torear a caballo y a pie de Pepe Hitlo, obra que, publicada originariamente en Cádiz, tuvo una segunda edición en Madrid en 1804.
     El 31 de diciembre de 1816 en la Gaceta de Madrid se daba el siguiente anuncio: «Colección de estampas inventadas y grabadas al aguafuerte por D. Francisco Goya, pintor de cámara de S.M., en que se representan diversas suertes de toros, y lances ocurridos con motivo de esas funciones en nuestras plazas, dándose en la serie de las estampas una idea de los principios, progresos y estado actual de dichas fiestas en España, que sin explicación se manifiesta por la sola vista de ellas. Véndese en el almacén de estampas, Calle Mayor; frente a la casa del conde de Oñate, a 10 rs. vn. cada una sueltas, y a 300 id. cada juego completo, que se compone de 33».
     No parece que la serie tuviera mucho éxito de venta. En este sentido se debe tener presente que Goya no hizo estampas de técnica sencilla y lineal destinadas a ser iluminadas y, además, tampoco desarrolló una narración gráfica, incluso didáctica, de la manera de transcurrir la fiesta. Es decir, no grabó la estampa de costumbres a la que fácilmente se adaptaba el tema taurino y cuyo mejor ejemplo sería las Principales suertes de una corrida de toros de Antonio Carnicero que tenía un público seguro. Es más, ni siquiera lleva el título grabado al pie de cada escena. Parece que Goya consideró innecesario grabar las inscripciones aunque el mismo, como ocurriera en las colecciones anteriores, tenía un ejemplar donde aparecían los títulos manuscritos.